“La estrategia de Francisco para cambiar la cultura”, de Aceprensa, y “El último villancico de Mariano Rajoy”, de Federico Jiménez Losantos

( Viñeta de Sansón en El Norte de Castilla el pasado día 2) (*)
LA ESTRATEGIA DE FRANCISCO PARA CAMBIAR LA CULTURA
Artículo de Aceprensa publicado en su Boletín el pasado día 29 de septiembre bajo el epígrafe Viaje del Papa a EE.UU.
La visita del Papa Francisco a EE.UU. ha sido objeto de numerosos comentarios en la prensa. Muchos subrayan que evitó el tono polémico para ofrecer un enfoque positivo y alentador. “Francisco ha conseguido una respuesta entusiasta en todos los sitios en los que ha estado y una cobertura de los medios muy positiva”. John Allen compara las previsiones sobre el viaje y los resultados. “Antes del viaje, se habló sobre si los Estados Unidos resultarían una ‘plaza difícil’ para el mensaje del Papa. Algunos temían que su retórica anticapitalista, su rechazo del consumismo, y su falta de familiaridad con el país y con el inglés podría provocar rechazo. En realidad no ha sido así Por el contrario, Francisco ha conseguido una respuesta entusiasta en todos los sitios en los que ha estado (…) y una cobertura de los medios muy positiva”.
La “luna de miel” aún dura
“Una segunda predicción sobre el viaje fue que los temas en los que Francisco insiste beneficiarían a la izquierda política en lugar de a la derecha, pero eso no es realmente lo que hemos visto, pese a las quejas de algunos conservadores”. Si en la Casa Blanca alabó al gobierno de Obama por sus medidas sobre el cambio climático, también defendió la concepción tradicional de la familia y la libertad religiosa, lo que supone un voto de confianza a los obispos de Estados Unidos, en disputa con el gobierno por el “mandato anticonceptivo”.
Allen destaca además que el Papa es bueno en todas las circunstancias, pero sobre todo en entornos pequeños. “Cualquier persona que haya visto todo el viaje probablemente diría que donde el Papa pareció pasarlo mejor fue en la escuela de Nuestra Señora Reina de los Ángeles, de Harlem, que atiende a alumnos de familias modestas e hijos de inmigrantes. (…) Francisco se desenvolvió bien prácticamente en todas partes en este viaje, pero en ninguna otra ocasión era más él mismo”.
Allen concluye de este viaje que la “luna de miel” de Francisco no ha terminado. “Hubo expresiones o gestos en el viaje que podrían haber causado problemas a otros pontífices: la referencia algo despectiva a las ‘monjas lloronas’ en Cuba, por ejemplo, o su lenguaje bastante duro sobre libertad religiosa, o que, pese a haberse reunido en privado con víctimas de abusos sexuales, ha dicho muy poco en público sobre estos escándalos. Nada de eso, sin embargo, ha hecho mella en su fama de ‘Papa del pueblo’ (…) desmintiendo la creencia convencional de que todas las lunas de miel acaban algún día”.
“Empleó suavidad para transmitir un mensaje conciliador sobre temas polémicos como inmigración, cambio climático o desigualdad”
Por encima de disputas políticas
En sus crónicas al término del viaje, tanto el New York Times como el Wall Street Journal destacan que Francisco supo mantenerse por encima de las disputas políticas norteamericanas. “Empleó suavidad para transmitir un mensaje conciliador sobre temas polémicos como inmigración, cambio climático o desigualdad”, dice Francis Rocca en el Wall Street Journal. Al predicar el diálogo a un país profundamente dividido, “privó tanto a liberales como a conservadores de citas que pudieran utilizar después en provecho de sus respectivos intereses”. Antes del viaje a EE.UU., añade, las contundentes palabras del Papa sobre capitalismo, justicia social y cambio climático, especialmente en su visita a Bolivia en julio pasado, provocaron división de opiniones. “Pero al llegar a EE.UU., dejó atrás ese lenguaje, y es notable que apenas hiciera referencia al capitalismo, menos para alabar el ‘espíritu de empresa’”. También “pasó de puntillas sobre cuestiones éticas muy delicadas, como el matrimonio homosexual, el aborto y el divorcio”. Pero aprovechó su “principal ocasión de hablar a la gente corriente” para hacer “una apasionada defensa de la familia tradicional como unión monógama de un hombre y una mujer”.
Muestra de las reservas que suscitaba el Papa en EE.UU. es un comentario de Peggy Noonan en el mismo diario. Según ella, hay dos Franciscos. El que ella admira es el que abraza a un enfermo deforme, compara la Iglesia con un hospital de campaña, practica y predica la misericordia… El que menos le gusta es “el que apoya programas políticos seculares, el que reprueba el capitalismo en términos tan contundentes como imprecisos”. “En realidad, no parece saber mucho de capitalismo o mercados”. Por eso Noonan se sintió aliviada, dice, al comprobar que su discurso al Congreso fue espiritual, no político. De todas formas, añade: “Se puede creer que hay dos Franciscos y aun así sentir afecto y admiración por este hombre que defiende tantas cosas buenas y procura alentar al bien. Que es grande en tantos aspectos. Que ha llenado el mundo con una gran dosis de dulzura y se ha ganado el afecto y el respeto de no católicos en todo el mundo”.
Ideales
También Jim Yardley y Laurie Goodstein en el New York Times señalan que Francisco mostró tener mano izquierda para moverse en el contexto político norteamericano. Y ven especialmente su enfoque conciliador en que “aconsejó a los obispos a emplear un lenguaje menos duro, ser menos críticos y mostrarse más acogedores en la Iglesia y en la sociedad”. Así, “no mencionó el matrimonio homosexual –al que se opone–, pero su mensaje, dicen algunos analistas, era que los obispos deberían centrarse menos en esos temas y más en atender a las familias católicas”.
Sin embargo, los propios autores del artículo se centran en esos temas, al describir la finalidad del próximo sínodo de los obispos diciendo que es para “discutir cómo tendría la Iglesia que afrontar asuntos como la homosexualidad y el divorcio”.
“Francisco tiene una estrategia completamente distinta para cambiar la cultura. En vez de polémicas, quiere que los católicos ofrezcan el testimonio de una vida cristiana coherente”
No dividir el mundo en buenos y malos
En cambio, Daniel Henninger, comentarista del Wall Street Journal, no cree que Francisco haya logrado mantenerse al margen de la política. Sus declaraciones sobre el cambio climático y su respaldo a las medidas de Obama contra la contaminación inevitablemente juegan a favor del gobierno norteamericano. Aunque el Papa es independiente, “no puede evitar que otros se apropien de él para sus fines y planes políticos”. “Por una parte, Francisco se presta a ser fotografiado sonriente mientras estrecha la mano de Fidel Castro, opresor durante décadas de los católicos de su país. Pero luego el Vaticano no quiere que fotografíen al Papa con una famosa monja abortista invitada por la Casa Blanca. Barack Obama juega duro. Su Departamento de Justicia ya había demandado a las Hermanitas de los Pobres, opuestas al aborto”.
Henninger advierte: “En estos tiempos, la política –que convierte a cualquier personaje público en una celebridad– es más tensa, polarizada y arriesgada que nunca”. Y concluye: “La popularidad de Francisco sigue siendo grande, pero también lo son los peligros a que se expone con su actual proceder. Lo que quieren muchos de sus nuevos amigos políticos es que el Papa les ‘bendiga’ su política. El mensaje espiritual de Francisco sería totalmente secundario. Ellos no estarán con él en Filadelfia”.
Para el periodista australiano Michael Cook, esas interpretaciones políticas del Papa responden a la actitud contra la que el propio Francisco previno en su discurso al Congreso: “El reduccionismo simplista de ver solo bien o mal, o, si lo prefieren, justos y pecadores”. “Aunque distan de ser los únicos –comenta Cook–, los norteamericanos están especialmente inclinados a dividir el mundo en buenos y malos, en liberales y conservadores, en amigos y enemigos de EE.UU. Tener claramente definidos a los enemigos hace que el mundo sea más fácil de entender y de confrontar”.
El Papa no encaja en la división en bandos de las “guerras culturales”. “Francisco tiene una estrategia completamente distinta para cambiar la cultura. En vez de polémicas, quiere que los católicos ofrezcan el testimonio de una vida cristiana coherente. En vez de denuncias, quiere que se abran a un diálogo personal con los contrarios”.
Ver el artículo completo en: https://www.aceprensa.com/articles/la-estrategia-de-francisco-para-cambiar-la-cultura/
EL ÚLTIMO VILLANCICO DE MARIANO RAJOY
Artículo de Federico Jiménez Losantos publicado en Libertad Digital el pasado día 4
Con los tres días de recuento del voto por correo, a poco que sea reñido el resultado de las elecciones del 20 de Diciembre, no conoceremos el nuevo Gobierno hasta el día de Nochebuena, que para muchos será malísima. Y si los resultados son ajustados y hay que negociar alianzas, que es lo más probable, puede que sean los Reyes Magos los que depositen en los zapatos de los partiditos políticos, que habrán dormido mal la Noche de la Ilusión, el nombre del Presidente y el de los ministros que habrán de afrontar la más difícil coyuntura de la nación española desde la Guerra Civil.
Y digo la situación más difícil desde la Guerra y no desde la muerte de Franco porque entre Noviembre de 1975 y Junio de 1977 cabía dudar -y dudábamos- sobre la naturaleza del Gobierno por venir o del régimen por llegar, pero no había duda sobre la continuidad nacional. No sabíamos si después de enterrar a Franco tendríamos dictadura, dictablanda, democracia orgánica, democracia popular o, simplemente, democracia como las del resto de Europa Occidental. Lo que sí sabíamos es que lo que hubiera, sería en España, porque nadie dudaba de la fortaleza de la nación, aunque era más que posible que cambiase la forma de Estado.
Para ser precisos, esa continuidad del Estado nacional español sólo la ponían en duda los terroristas de la ETA, del FRAP, del GRAPO o del hoy olvidado y entonces importante grupo terrorista canario MPAIAC, que aunque contaban todos ellos con apoyo directo -o vía Argelia- de la URSS o de países comunistas como China y Albania tenían escasísima fuerza. Los separatistas del PNV, que confiaban en la Iglesia y en la CIA, y los de la Esquerra, que, salvo Tarradellas, mantenían con Heribert Barrera las viejas ensoñaciones racistas del doctor Robert, pintaban muy poco. Parecerá raro hoy, pero tenían entonces más presencia y organización los carlistas en sus dos ramas, la ultraderechista y la socialista de Carlos Hugo, que casi todos los separatistas y comunistas a la izquierda del PCE. La Transición hasta la democracia, si se hacía, sólo podría llevarse a cabo desde el Movimiento, con el PCE y los demás partidos esperando que los militares acataran la última orden de Franco: apoyar al Rey y mantener la unidad del Ejército y de la Nación. El régimen del 18 de Julio era el punto de partida. No el final.
40 años sin Franco, 40 de libertades… y vuelta a empezar
Hace casi exactamente 40 años, cuando el 20 de Noviembre de 1975 murió Franco, el grueso del franquismo estaba políticamente encuadrado en el Movimiento Nacional o Partido único, que además contaba con el apoyo del Ejército vencedor de la Guerra Civil, –la UMD, pequeña organización izquierdista, nunca tuvo fuerza en los cuarteles-, de la Guardia Civil, de la Policía Armada y de la temida Brigada Político-Social o policía política. Si el franquismo no hubiera querido evolucionar hacia la democracia, España habría entrado en una larga y cruenta era de terrorismo y guerracivilismo. Se impuso en los vencedores de la guerra y en los vencidos la voluntad de reconciliación. Se disolvieron voluntariamente las Cortes franquistas. Se legalizó al Partido Comunista, única fuerza organizada en la Oposición, y a todos los partidos ilegalizados tras la guerra civil o de nueva creación. Se promulgó una amnistía para todos los presos políticos, terroristas incluidos. Se celebraron, en fin, elecciones democráticas en junio de 1977, sólo año y medio después de la muerte del dictador. De la ley a la ley. Sin represalias.
De ese milagro de civismo hace casi cuarenta años. Desde el final de la guerra civil, Franco estuvo en el Poder treinta y siete años. Llevamos ya, por tanto, treinta y ocho de régimen constitucional, tras el referéndum de 1978 en que el Pueblo Español, depositario único de la Soberanía Nacional, votó de forma aplastantemente mayoritaria el texto consensuado por los cinco partidos que obtuvieron mayor representación en las Cortes elegidas democráticamente en 1977, que fueron UCD, PSOE, AP, PCE y CDC. Desde entonces, salvo el intento de golpe del 23F y el golpismo terrorista continuo de la ETA, Terra Lliure y otros grupos separatistas, España ha celebrado elecciones legales libres aproximadamente cada cuatro años.
Los seis presidentes de Gobierno elegidos por el parlamento, todos ellos de los partidos que habían ganado las elecciones–Suárez, Calvo-Sotelo, González, Aznar, Zapatero y Rajoy-, han jurado guardar y hacer guardar la Constitución, que se basa en la unidad de la Nación Española y en la soberanía del Pueblo Español. Pues bien, justamente eso, la unidad nacional y la soberanía del Pueblo Español, es lo que esté en juego o en peligro en las elecciones del 20 de Diciembre. ¿No era, pues, deseable, exigible, moralmente obligatorio buscar la forma de que participase en ellas el mayor número posible de españoles? Más que en ninguna otra ocasión. ¿Y qué ha hecho el hombre que tenía la capacidad de convocarlas? Hacerlo en las fechas que más obstáculos presentan al ejercicio del voto ciudadano.
El último villancico
Las razones de Rajoy para perpetrar esta afrenta a la democracia y a la ciudadanía, esta burla a la legalidad, que no sólo es letra sino espíritu, no hacen al caso. ¿Búsqueda de una menor participación para perjudicar a la Oposición, esperanza en el agradecimiento pancista de la paga de Navidad, confianza en la creación de nuevos puestos de trabajo, afianzamiento de la idea de que, gracias al Gobierno, no pasa nada, ni siquiera en Cataluña, y que podemos esperar el Gordo del 22, el pavo del 24 y las uvas del 31? ¿Quién sabe lo que pasa por la cabeza del Presidente del Gobierno? ¿Y ya, a estas alturas, qué más da?
Seguramente poseído por un egoísmo suicida, aunque con intención de «suicidar» a sus enemigos, Rajoy nos obliga a votar cuando menos nos apetece, a tomar partido cuando cumple perdonar, a dividirnos cuando deberíamos juntarnos, a quedarnos cuando querríamos irnos, a no hacer lo que hacemos en Navidad sino lo que a él le da la gana. Pero el 24, contados ya los votos por correo, dándole a la zambomba, al almirez o al tenedor y a la botella de Anís del Mono, los pastorcillos sin escaño, las lavanderas sin río y hasta el barbado Herodes, desahuciado de su castillo, cantarán el último villancico:
El Gobierno se nos viene,
el Gobierno se nos va,
y nosotros nos iremos
y no volveremos más.
Artículo en: http://www.libertaddigital.com/opinion/federico-jimenez-losantos/el-ultimo-villancico-de-mariano-rajoy-76849/
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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