Por Javier Pardo de Santayana

( Bodegón II. Acuarela de Emilio D. Olivares en Hispacuarela de Facebook) (*)
“Hay más tontos que botelllines”. Desconozco el origen de esta curiosa frase que Carlos Herrera trae a colación de cuando en cuando pero que cualquier persona entiende. Por ejemplo, yo mismo cuando se la oí recientemente con motivo de nuestra Fiesta Nacional. Porque si le democracia permite conocer de qué pie cojeamos al dar opción de gestión pública a determinados personajes a los que de entrada no conocerían ni sus propias madres, la alta densidad de los que en la vida normal serían tachados de ejemplo de estupidez supina parece corroborar, en efecto, la abundancia de españoles que se distinguen en este sentido.
Por ejemplo, ahí tenemos a los muy dignos representantes catalanes y vascos, que se abstienen por sistema de acudir a los actos en los que conmemoramos más de quinientos años de nuestra existencia como nación. Y no es que no tengamos nada que recordar y festejar en una jornada como esa, pues si España es nuestra tierra y también es nuestro patrimonio – que esto es precisamente lo que significa “Patria” – España somos nosotros mismos y la sociedad a la que pertenecemos, nuestros padres y nuestros antepasados, nuestra aventura común y nuestra cultura; aquella que creamos y acumulamos sigo a siglo. Y el primer estado moderno de la Historia: el que recuperaría las fronteras de Europa para proyectarla luego al otro lado del océano, descubrir un nuevo mundo y, por si esto fuera poco, ser la primera en abrazar el arco de la Tierra. Historia única ésta en la que siempre hubo vascos y catalanes en acción, por lo cual el desprecio que sus representantes pretenden demostrar con sus ausencias – a buenas horas, mangas verdes – es algo difícilmente comprensible y que revela una incapacidad mental considerable. Basta con viajar o leer un poco para constatarlo.
Otra que tal baila es una individua amiga de los terroristas y sus cómplices que, cada vez que publicaban una encuesta, curiosamente aparecía como el político más valorado, circunstancia ésta tan misteriosa y difícil de explicar que siempre me hizo recelar de las encuestas. En efecto, hasta que no se ha producido el sinsentido de las últimas elecciones autonómicas, ella sólo brillaba como desconocida para la inmensa mayoría de los españoles. Claro que ahora ya la conocemos porque preside a los navarros e intentó colar a un terrorista poseedor de un arsenal de armas y de explosivos como Jefe de un negociado del ramo de la educación. Pues bien, para no asistir a los actos de nuestra Fiesta Nacional ha presentado una manida excusa que nadie se cree. Y luego están el de la coleta y sus palmeros y otros varios botellines más.
Claro que también podemos hablar de una señora cuyo currículo, carente de otros títulos, tan sólo indica su condición de “activista” y “demagoga”, y que, tras aducir una cuestión de agenda para justificar su ausencia ( vaya simpleza esa de creer que los demás son tan negados como ella ) acabó por confesar, en un alarde de impresentable incoherencia, que no; que sólo se trataba de ser fiel a sus más profundas convicciones, cosa que podría haber dicho desde el primer día para no delatar su tendencia mentirosa. Pero nada nos sorprende conociendo sus carencias y las convicciones que proclama. Y, naturalmente, también su pertenencia a la “Cofradía de la Mala Baba”. En fin, que no da más de sí.
Pero lo que me parece realmente increíble es que alguien vote a una tropa como ésta como no sea para, simplemente, fastidiar, Pues – por poner un par de ejemplos simplemente – la carente de currículo completó su faena arremetiendo contra nuestra inigualable Historia, empezando por tachar de genocidas” a nuestros – sus – predecesores. En lo cual coincidió con otro mequetrefe parecido a ella, de pendientes en oreja y pinta impresentable: un mediocre cantante local hasta ahora desconocido; un tipo de esos que utilizan la canción reivindicativa porque son incapaces de hacer algo mejor. Ellos, tan poquita cosa como son, y opinando así de quienes fueron los creadores del Derecho Internacional y acordaron que los nativos del nuevo mundo fueran tratados como seres con alma, es decir, como seres humanos. O sea, de quienes predicaron desde el primer día el evangelio del amor, del perdón y de la misericordia.
Echen ustedes un vistazo a “los países de nuestro entorno”, punteros en todo y ejemplos de la más depurada democracia: Estados Unidos, Francia, Alemania y el Reino Unido por ejemplo, y vean como celebran su Fiesta Nacional. Les verán orgullosos de sus muchos logros y también de sus hombres y su Historia. Así los norteamericanos aprovecharán la ocasión hasta para iluminar el cielo con fuegos artificiales para recordar cómo construyeron un país de libertades; los franceses evocarán la toma de la Bastilla y el triunfo de las ideas ilustradas, los alemanes se mostrarán como un país trabajador y serio, y los británicos airearán sus tiempos imperiales y el prestigio de su monarquía. Y todos ellos cantarán su himno por las calles y se sentirán orgullosos de su patria, y los franceses no pondrán reparo a aquello de “marchons, marchons, qu’un sang impur abreuve nos sillons”. Pero claro que podrían recordar cosas terribles: los norteamericanos, por ejemplo, las hazañas de Billy el Niño, las Brujas de Salem o las dos bombas atómicas que lanzaron sobre dos grandes ciudades japonesas, como los franceses nos podrían mostrar a las mujeres tricotando y a la plebe entusiasmada con el trabajo de la guillotina; los alemanes, sus campos de exterminio y unos montones de cuerpos esqueléticos; y los ingleses, aquel monarca que creó una nueva iglesia para poder casarse con su amante, o la dureza de sus colonizadores, imbuidos de su supuesta condición de raza superior.
Pero ¡ah! nosotros, los españoles no osaremos cantar nuestras glorias históricas; ni siquiera nos enorgulleceremos de ellas sin añadir aquello de que fueron acompañadas por las correspondientes sombras. O sea tal como exige la leyenda negra.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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