Todo un ejemplo de valor

Por Javier Pardo de Santayana

( El Papa en la misa en Bangui, República Centroafricana. Foto AP en El País)

Escribo por pura exigencia moral; porque echo de menos que, para general conocimiento y valorar definitivamente el gesto, no se haya resaltado tal como merece el coraje del Papa en su viaje al África Central.

Ya era suficiente razón para el asombro que hubiera decidido hacerlo cuando lo puso en su programa. El África Central es territorio hostil para cualquier persona acostumbrada al confort y la tranquilidad del los países avanzados de Occidente y, aun diría yo, de la mayor parte del planeta salvando algunas excepciones. Incluso en África se puede estar a salvo de la violencia con ciertas precauciones y en determinados sitios. El peligro diario está más bien en los efectos de la corrupción y, sobre todo, en los mosquitos, como tan acertada y socarronamente apuntó Su Santidad. Lee usted las guías turísticas, y lo que verdaderamente pone los pelos de punta es la asombrosa variedad de faenas diferentes, todas ellas espantosas, que podrían hacerle a usted los pequeños insectos voladores.

Pero todas resultan superadas por las atrocidades que perpetran los seres humanos en la zona, y singularmente en la República Centroafricana, hoy sumergida en el caos más absoluto. Supongo – no lo he visto personalmente, mas lo doy por seguro – que las caritativas advertencias respecto a los efectos de las insidiosas faenas del anofeles y de sus amigos quedarán eclipsadas ampliamente por las que se harán a quienes ignoren el peligro que ronda a los turistas, diplomáticos, misioneros y trabajadores de cualquier nivel que tengan la obligación o la ocurrencia de acercarse a aquel país para relacionarse con sus autoridades o con la población, o que simplemente acudan a la llamada del tirón exótico. Porque en la República Centroafricana, cuya capital ya se está haciendo tristemente célebre, la gente se mata mutuamente con la mayor naturalidad. Campan los islamistas con ansias de sangre de cristianos y llega un punto en que éstos reaccionan y se les enfrentan. Pero, además, las tribus no se entienden, así que tiran de kalashnikov para marcar distancias. Fíjese usted que, según dicen, el único lugar del país donde se puede estar medianamente tranquilo con reservas es el aeropuerto de la capital, y eso porque en él despliega una nutrida masa de fuerzas internacionales.

Y sin embargo, y a pesar de todo, el Papa decidió visitar precisamente ese país. Seguramente pensó que su visita sería ejemplar como expresión de la superioridad del amor sobre el odio y de la razón sobre la violencia. Y en eso estábamos cuando en vísperas de este viaje inusitado ocurrió lo que ocurrió en París. Los hechos criminales a cuenta de feroces islamistas de lo que ahora llaman “el Daesh” conmocionó de tal manera a Europa que ya se habla de guerra contra el mal. Vimos banderas al viento y parlamentos en pie cantando el himno nacional, partidos de fútbol suprimidos y la flamante capital del continente paralizada y con las familias encerradas tras las puertas de su domicilios.

¿Piensan ustedes que el Papa hizo anular el previsto viaje al África profunda? Pues nada de eso pasó por su cabeza. Así que algunos como yo vivimos unos días pendientes de las noticias que llegaban de aquellos territorios, rogando a Dios porque no pasara nada grave y dándole gracias al final porque Su Santidad saliera indemne de aquel trance. El resultado ha sido, como era de esperar, una inyección de fortaleza para esos sufridos cristianos perseguidos de los que raramente hablamos incluso en las iglesias. Y no sólo eso: también fue un poderoso rayo de esperanza para todos los africanos cualquiera que fuera la religión que profesaran. Una lección profética para quienes se dejan arrastrar por los prejuicios y odios ancestrales, para esos gobernantes que se benefician a sí mismos en vez de aupar al pueblo, y para los desaprensivos comerciantes que aprovechan abusivamente las riquezas de aquellos fecundos territorios.

Yo no dudo, desde luego, de que la siembra de su Santidad el Papa fructificará más pronto o más tarde, y no sólo en los países visitados, que de eso estoy seguro. Mas desconfío de mis compatriotas y, en general, de las generaciones nuevas, que, creyéndose poseedoras de la verdad, se muestran indignadas por tantas y tantas cosas. Desconfío, sí, de ellas, porque veo que no contemplan la realidad tal como es sino a través de unas pantallas que les dictan las modas: lo que está bien y lo que no está bien y lo que deben y no deben hacer desde la corrección política. Es decir, que la manipulación está acabando por infantilizarlas sin que ni siquiera se den cuenta de lo que les sucede. Y así, acostumbradas a esgrimir aquellos sentimientos que tan ingenuamente hacen patentes en sus pancartas y sus expresiones más vehementes como un “postureo” que queda bien para los titulares, dudo mucho de que ante las palabras y los gestos del Papa – con las que que les supongo identificados en principio – lleguen a pensar en hacer algo al respecto. En efecto, las contradicciones que continuamente vemos y experimentamos respecto a su sentido de la libertad y de la no violencia, y de tantas otras cosas como ellos suele predicar, prueban paladinamente la carencia de una base espiritual y de una visión clara de la vida que las haga creíbles.

De ahí que no me extrañe que el valor del Pontífice al arrostrar libre y conscientemente el peligro de su viaje al África Central no haya sido reconocido en la medida que debiera. Y es que el gesto del Papa Francisco pertenece a una dimensión moral muy diferente a aquella a la que nos han acostumbrado.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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