Por José María Arévalo

( David Herbert. Beatiful Superman. Saatchi Gallery) (*)
Concluimos el artículo que don Javier López de Uribe y Laya publicó al inicio del curso académico en la revista de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, titulado “Arte, pero ¿qué es eso?”, del que publicábamos en estas páginas dos primeros capítulos las semanas pasadas. En el último señalaba, finalmente, el arquitecto e ilustre académico que “Los siglos XX y XXI están siendo siglos de rupturas en muchos aspectos; artísticamente la rapidez con la que avanza el mundo requiere cambios de pensamiento constantes. Los artistas son conscientes de ello y por eso no dejan de evolucionar. Experimentan con distintos soportes. El arte deja de ser estático y rompe los límites de la quietud, del lugar y del tiempo.”
“En la actualidad –continúa López de Uribe- estamos en momentos de confusión y no existen géneros, movimientos ni escuelas o estilos. Existen individualismos más o menos exacerbados y una tendencia a favorecer lo banal. Los formatos se han ido diversificando más y más: las instalaciones, el video, el sonido y la fotografía han ido reclamando sus espacios y haciendo que las manifestaciones artísticas sean cada vez más polifacéticas. Los distintos avances tecnológicos han hecho cambiar la forma de expresarse en todos los ámbitos artísticos. Ahora es el turno de la tecnología. Así van apareciendo diferentes manifestaciones artísticas, muchas de ellas acertadas y valiosas –otras no tanto– como por ejemplo:
– El arte abstracto en movimiento, el cinema expandido, el videoarte dirigido a una nueva tipología de espectadores, que valoran su soporte inmaterial, el net-art, la sinestesia audiovisual, el stopmotion, el arte electrográfico y digital.
– El arte emergente: la instalación, el mapping, el new media, la pintura habitable, la música no intencional, la poesía visual, la fotografía creativa, el neopop.
– El arte como proceso, en el que lo relevante son las distintas fases de investigación y producción, frente a la tradicional concepción de obra terminada. Ofrecen visualizaciones de procesos, aptos para la reflexión.

( Bliumis. Language Barrier. Saatchi Gallery ) (*)
– El arte conceptual, tan extendido hoy en día, en el que se busca ser radical, provocando ideas, haciendo que predomine la idea sobre el objeto. Se intenta controlar la idea, al artista conceptual no le interesa la técnica. Al espectador sólo se le pide atención.
Pero, ¿puede ser considerado algo como arte, si prescinde de ese dominio de la técnica? Luis Feito, pintor y académico de reconocido prestigio, dice que «antes no se hacía pintura sin saber pintar. Había un oficio. Lo mínimo que un pintor debe hacer es dominar el oficio. Hoy se ha abandonado y, por eso, se ve lo que se ve. Se ha producido una degeneración de la libertad que se consiguió con la revuelta del arte contemporáneo. Hoy no hace falta esa revolución, porque el artista tiene plena libertad, aunque se haya degenerado en ese «todo vale». Lo que se impone hoy en el mercado son emborronamientos pedantes con pretensiones de arte. Se ha puesto de moda que un cuadro parezca que no está bien pintado, que tenga goterones, manchas… Eso queda muy bien, muy de vanguardia, una palabra absurda y aberrante en el arte, fruto de una especulación intelectual. El arte nunca es original. Siempre viene de una evolución anterior. Es como coger la antorcha. Sin esa continuidad de la tradición, el arte no existe. La originalidad (otra palabra absurda en arte) es aberrante. El artista debe ser personal no original. Cuando hay elaboración intelectual, lo que haces no es crear, sino fabricar.
No me interesa fabricar un cuadro con la cabeza. Para mí, lo interesante de la pintura es sacar lo que hay dentro. La pasión de la creación es como un veneno, una necesidad. Sin esa pasión es muy difícil realizar el trabajo. La mano lo materializa en la tela» ( Entrevista de N. Pulido a Luis Feito con motivo de su ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. ABC, 22-III-98, p. 61).
En el terreno de la arquitectura, es evidente que la arquitectura actual tiende a desmaterializarse, a buscar la luz, el color, el espacio, valorando mucho las transparencias, los brillos, los reflejos y opacidades, los efectos translúcidos, los leds y neones. Se utiliza la materia tratando de que parezca como si no existiera. El material en que esto se hace más evidente es el vidrio, con dimensiones cada vez mayores y con mayores posibilidades técnicas. La materia virtual de nuestro tiempo es la razón de ser del trabajo del arquitecto, que se relaciona así con la actual cultura, con una mayor comprensión de nuestra sociedad, buscando siempre una calidad de vida, una calidad estética.
En su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, titulado “Buscar denodadamente la belleza”, el arquitecto Alberto Campo Baeza defiende que hay tres características que son propias de toda arquitectura que participe de esa ansiada belleza: el carácter investigador, la precisión poética y la capacidad de trascender. «La belleza –dice– es algo profundo, preciso y concreto que hace remover los cimientos del hombre, que hace que el tiempo se detenga, y que hace que la obra creada permanezca en el tiempo y en la memoria de los hombres. La belleza no es algo superficial, ni vago, ni difuso» ( A. CAMPO BAEZA “Buscar denodadamente la belleza”. Discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Ed. Mairea Libros. Madrid, 2014).
Realmente, toda obra de arte verdadero tiene la capacidad de detener el tiempo: el pasado, el presente y el futuro están ahí, suspendidos, para que emerja la belleza. Frank Lloyd Wright, uno de los grandes maestros de la arquitectura, lo explica diciendo que «sólo cuando el espíritu del hombre toma conciencia de la necesidad de la bendición de la belleza, ésta acude y aparece la arquitectura, la mayor de las artes de la humanidad. Y de la misma forma, la escultura y la pintura y la música. Cuando el hombre se propuso hacer que la belleza entrara en sus edificios, entonces nació la arquitectura» ( F. L. WRIGHT. Preámbulo. El maravilloso mundo de la arquitectura. Diagonal. 29. http://www.revistadiagonal.com/articles/traduccions/ maravilloso-mundo/ )
La belleza es necesaria, es incluso útil, es imprescindible. El hombre tiene hambre de belleza. Einstein escribió: «Soy en verdad un viajero solitario, y los ideales que han iluminado mi camino y han proporcionado una y otra vez nuevo valor para afrontar la vida han sido: la Verdad, la Bondad y la Belleza».
El arte que busca la belleza eleva y fortalece la dimensión humana y espiritual del ser humano. Los artistas deben buscar, con apasionada dedicación, nuevas manifestaciones de la belleza. Deben ser custodios de la belleza. La belleza genera gozo, paz y deseo de interiorización. Suscita admiración, afina los sentidos, dando paso a la cultura. Por eso hace falta una revolución para recuperar la belleza en el discurso artístico. Debe volver a ser una piedra angular de nuestra sociedad.
Dostoievsky dijo que «la humanidad puede vivir sin la ciencia, puede vivir sin pan, pero sin la belleza no podría vivir más, porque no nos quedaría nada más por hacer en el mundo». Un gran intelectual, como Joseph Ratzinger, dirigiéndose a los artistas, dice que «la auténtica belleza abre el corazón humano a la nostalgia, al deseo profundo de conocer, de amar, de ir hacia el otro, más allá de sí. Si aceptamos que la belleza nos toque íntimamente, que nos hiera, nos abra los ojos, entonces redescubrimos el gozo de la visión, de la capacidad de capturar el sentido profundo de nuestro existir, el misterio del cual formamos parte y del cual podemos obtener la plenitud, la felicidad, la pasión del compromiso cotidiano…» (13 Benedicto XVI, «Discurso a los artistas». Roma. Capilla Sixtina, 21-XI-2009).
La belleza, verdaderamente, es y debe ser el alma del arte. La obra de arte, para que realmente lo sea, tiene que ser bella, o no es en absoluto. La obra de arte se impone antes o después por su sola presencia, por la luz que desprende. Si no es bella y, por lo tanto, capaz de conmover, queda desposeída de su rango de obra de arte, aunque se trate de una honrada labor artesanal. Si no tiene una finalidad estética y si no desarrolla de forma óptima una actividad creadora, podrá, y deberá, denominarse de otra manera. O, al menos, será necesario adjetivarla de manera adecuada para que, cuando una persona visite una exposición o acuda a cualquier manifestación artística, sepa realmente a lo que acude.
No resulta fácil buscar una denominación acertada para ese tipo de arte no bello ni técnicamente bien ejecutado que no resulte ofensiva o negativa en su enunciado, como «antiarte», sino que recoja en una o dos palabras los valores que contiene: ¿arte crítico?, ¿sociológico?, ¿incidental?, ¿evolutivo?, ¿sectorial?, ¿vivencial?, ¿activista?, ¿inconformista?, ¿comprometido?… Si, entre todos, logramos encontrar la definición o formulación adecuada, habremos ayudado a clarificar el panorama actual y contribuiremos a un plan de rescate del sector porque, en mi opinión, no todo es arte ni debe ser amparado con ese nombre.”
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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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