Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Nieto en El Norte de Castilla el pasado día 17) (*)
Despierto y la radio me trae la noticia de que un animal ha propinado un poderoso gancho al rostro del presidente del Gobierno. Pudo dejarlo KO pero afortunadamente no lo hizo, Sólo le dejo momentáneamente conmocionado y le partió las gafas, que no es poco. Un plano corto revelaría una fuerte contusión que teñiría de rojo un lado de la cara.
En cualquier lugar civilizado todos los contertulios estarían de acuerdo no sólo en condenar lo ocurrido sino también en el enfoque de sus comentarios. Pero, señores, aquí no puede faltar en ningún caso la polémica, así que ésta surgiría de inmediato. Uno de los tertulianos, ejemplo sublime de los demócratas de toda la vida, se asociaría a la preocupación que sin duda hoy inundará a los desgraciados papás del agresor, dada la importancia circunstancia de que éste es aún menor de edad. Aunque sea por lo pelos. Naturalmente pronto surgiría otra voz que recomendaría centrar el pésame, más que en la familia del agresor en la del agredido. Y ahí surgiría una discusión interminable. Mas para mí la argumentación no podía ser más clara y contundente: si quien propinó el puñetazo no tiene aún responsabilidad según la ley, ésta recaerá, lógicamente, sobre los progenitores. Así que podremos imaginar a unos padres destrozados y llorando como jeremías por la mala suerte de tener un retoño desviado del camino de la sensatez, mas esto no será óbice para dictaminar una influencia responsable de ellos en cuanto al resultado de una más que mala educación. Esto parece meridianamente claro, aunque no llegara a decirse en el barullo de la discusión, que prosiguió un buen rato hasta la oportuna y decisiva intervención del moderador.
Un respiro, e inmediatamente resurgiría la polémica: ahora se trataría de responder a la pregunta de si en los últimos tiempos no se había ido creando un ambiente propicio a la desfachatez materializada por el joven agresor. Y ahí, como era de esperar, nuestro demócrata a la violeta, al que se supondría haber bebido las esencias de la democracia desde el seno materno, rechazaría de plano que tan situación exista realmente. Se trataría, según él de una exageración improcedente.
Así que ahí entro de nuevo para hacerme la pregunta que me suelo hacer cuando veo que se plantean cosas parecidas: ¿por qué estas cosas suceden ahora y no ocurrían antes?
De verdad, me parece ingenuo y de poca consistencia intelectual el hacer caso omiso de lo que estamos viendo continuamente con nuestros propios ojos. Por ejemplo, la progresiva pérdida de respeto, no ya a la autoridad, que también, sino sencillamente a los demás. ¿No creen ustedes que tenga influencia en los comportamientos jóvenes, o sea muestra de ellos, esa falta de respeto a los enseñantes denunciada por los docentes un día sí y otro también? ¿No han visto ustedes lo que éstos han de soportar diariamente teniendo que lidiar con la insolencia de unos mal educados mozalbetes?¿Son ustedes ajenos al sufrimiento generado por ese acoso a los compañeros estudiantes que ha llevado a algunos de éstos al suicidio? ¿Es que debemos aislar del panorama la falta de sentido del pecado, es decir, de que hay cosas que no deben moralmente hacerse y que éstas pesan sobre la conciencia? ¿No pesa incluso, también, en el ambiente, el que cualquier “mocoso” – como antes se decía – tutee ya directamente a los ancianos?
¿Es que debemos descartar entre las contribuciones a la osadía que mueve a un imberbe a arrear un mamporro al presidente el hecho de que, un par de días antes éste fuera insultado gravemente nada menos que por el jefe de la oposición ante una audiencia de muchos centenares de miles de españoles? ¿Es que alguien en su sano juicio puede eliminar del panorama esta indudable muestra de encono y de desprecio? Y digo yo que si estas cosas no debieran ser citadas como motivos de influencia más allá, supongo, de la influencia familiar, peor aún para justificar la priorización de un lamento por los padres de la criatura.
He aquí un nuevo y significativo ejemplo de lo que es un verdadero tonto útil. Efectivamente, si la democracia se distingue por su fortaleza a largo plazo, no debiera ser invocada para llevarnos al extremo de cerrar los ojos a la realidad envolviéndonos en su bandera. Teorizar queda de lujo, pero lo prioritario es la verdad.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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