Pintura rusa del siglo XX

Por José María Arévalo

( El armonista. 1998. Óleo de Oleg Leonov. 85×100) (*)

Una exposición de pintura contemporánea sin cuadros abstractos, matéricos o conceptuales, es todo un éxito. Un descanso para la vista. Y si la mayor parte de las obras reflejan la influencia impresionista, un regalo mayor aún. Es el caso de la exposición, en la sala municipal de La Pasión, “La vida en la pintura rusa del siglo XX”, pinturas reunidas por Dolores Tomás, de la Fundación Surikov, que abarcan piezas de arte creado a partir de 1917 hasta la década de los años noventa. El paisaje ruso, sus costumbres, sus gentes y la realidad surgida tras la revolución comunista son los temas de esta treintena de pintores rusos entre los que destacan Lydia Nefedova, Kerop Sogomonyan, Oleg Leonov, Varvara Glazunova, Vladimir Zhuk y Petr Litvinsky.

«El espíritu de la colección –dice Dolores Tomás- refleja la impronta de artistas rusos que captaron la auténtica vida de su país. Antes de la revolución muchos pintores fueron abanderados de las vanguardias de la época, y después de la revolución llegó a prohibirse cualquier manifestación artística, solo salía a la luz lo que el Estado encargaba a sus maestros adictos al régimen más que a los buenos artistas». Ella se ha dedicado, desde los años ochenta, a recorrer localidades de la extinta URSS en busca de pintores y escuelas artísticas de los que atesora en la actualidad más de 3.900 obras. La exposición estará abierta hasta el 28 de febrero.

La mayor parte de la exposición recoge la reacción contra la monolítica Unión de Artistas creada en 1932 para responder a las exigencias ideológicas comunistas, ejerciendo el control sobre todo el contexto de la vida artística. Frente a este movimiento del arte socialista, nació otro clandestino en el que la pintura comienza a ser un auténtico relato del diario de las vidas, de los paisajes de su extenso territorio, las costumbres, laboriosidad y cultura de sus gentes, así como sus escenas de familia. “Después de varias décadas de obligado paréntesis –dice Dolores Tomás-, podemos contemplar estas pinturas, que han sabido dormir durante muchos años en los estudios de sus creadores, para descubrirnos ahora la historia y el auténtico sentir de sus vidas.

( Mediodía en verano. 1998. Igor Sushenok. 163×110) (*)

Y así nos damos de frente con el bello paisaje ruso, sus costumbres y sus gentes, la realidad social surgida de las transformaciones sociopolíticas, que marcan la paleta de unos artistas de gran delicadeza, con voz propia en sus trabajos, cercanos a los lenguajes universales del arte occidental pero con rasgos y vinculaciones orientalizantes tan característicos a ese gran país a caballo entre oriente y occidente. Vamos a seguir su explicación de esta evolución con sus propias palabras.

( Arboleda.1965. Aleksey Butov. 120×150) (*)

“Para comprender la pintura rusa y su historia –escribe Dolores Tomás en un artículo que se incluye en el folleto de la muestra- es importante tener en cuenta la evolución de occidente y la de Rusia. Antes de la primera guerra mundial los artistas rusos viajaban constantemente mostrando un apetito voraz por las innovaciones del cubismo parisino, el futurismo italiano y el expresionismo practicado en Munich y en Berlin. Pero también iban a la busca de sus propias raíces culturales; y la idea de un arte independiente con respecto a occidente comenzaba a despuntar. El deseo de regresar a su punto de partida de formas primitivas (al icono), pues en ellas se encuentran una percepción de la vida que les resulta más penetrante y directa, les lleva a crear la escuela nacional «El Renacimiento de la pintura rusa».

( Un día verde. 1990. Petr Zverhovsky. 65×74) (*)

“Los pintores más renombrados de la vanguardia rusa fueron: Kandinski, Chagall, Goncharova, larionov, Malevich, Popova, Rodchenko, Stepanova, etc. Todos ellos se encuentran frente al problema de la búsqueda de un equilibrio entre las innovaciones occidentales y sus propias raíces; pero fueron Larionov y Goncharova los que hicieron frente a este dilema con una eficacia y creatividad notables por su profundo conocimiento de ambos campos.”

Precisamente estos días se ha presentado en Museo Estatal Ruso de Málaga, el movimiento artístico ruso de principios del XX denominado “Sota de Diamantes”, con medio centenar de pinturas, entre ellas dos de Malévich, de Mijaíl Lariónov, Natalia Goncharova, Iliá Mashkov, Piotr Konchalovski, Aristarj Lentúlov y Róbert Falk, que fueron los artistas que conformaron en 1910 la primera exposición de los jóvenes artistas agrupados bajo aquella denominación. Se mantendrá hasta el 1 de julio.

Con la Exposición Neoprimitivista «La cola del asno», en la primavera de 1912, la pintura rusa queda perfectamente delimitada y su importancia reconocida. En 1915 Malévich da un paso dramático cuando expone 39 obras, completamente abstractas, con planos de color parejos, anunciando: “Me he transformado en el cero de la forma, y emerjo de la nada a la creación, al Suprematismo, al nuevo realismo de la pintura, a la creación No Objetiva.”

“Lejos del torbellino artístico que tiene lugar en Centroeuropa, se desarrolla otro de carácter social en Rusia: la Revolución de 1917, que marcará un antes y un después en su mundo artístico. A partir de 1921, determinados artistas significados se aprestan a denunciar el arte no figurativo como decadente, complaciente e inútil. Incluso Tarabokin y Gan se atreven a pronunciar: «El arte ha muerto». Todos los grupos artísticos quedan desmantelados y reemplazados por la monolítica Unión de Artistas (1932). Los creadores se encontraron enfrentados a una institución poderosa que respondía eficazmente a las exigencias ideológicas, ejerciendo el control sobre todo el contexto de la vida artística. El estado se había convertido en el único mecenas, organizador y árbitro en materia de arte; y nace el Realismo Socialista, que significaba el retorno a técnicas propias del siglo XIX, para dar forma a un instrumento didáctico, persuasivo y altamente inteligible para el pueblo, y a él quieren mostrarle la magnitud de sus puertos, fábricas, la grandiosidad de sus campos y cosechas, así como los logros de la Revolución y sus héroes.

( Lluvia en el bosque. 1996. Igor Sushenok. 145×136) (*)

“Pero el magma de la creatividad y la inquietud no ha muerto en sus artistas y, paralelo a este movimiento del arte socialista, va naciendo otro sumergido en el que la pintura comienza a ser un auténtico relato del diario de sus vidas, de los paisajes de su extenso territorio, las costumbres, laboriosidad y cultura de sus gentes, así como sus escenas de familia”.

La fuente de la exposición es, pues, la magnífica colección de la Fundación Surikov, reunida por Dolores Tomás durante largos años y que es muestra de su interés por el mecenazgo y el coleccionismo. Con gran criterio, y buscando formar una colección completa y homogénea, Dolores ha recorrido miles de kilómetros para conseguir magníficas piezas del arte ruso gestado a partir de 1917, visión que se cierra con obras de la última década del pasado siglo XX. La amplitud del fondo atesorado permite crear grandes bloques temáticos con carácter propio – en la muestra no se identifican los movimientod, como hubiera sido de desear, hay que atender a las fechas de cada obra- que se complementan entre ellos, dando lugar a una completa visión plástica sobre la realidad rusa del momento.

La Fundación Surikov cumple así su finalidad de contribuir a que las generaciones de magníficos pintores que trabajaron en la opacidad de la extinta Unión Soviética tengan el reconocimiento y la posición en la historia del arte que merecen. La Colección Dolores Tomás de pintura rusa del siglo XX comprende cerca de 4.000 obras pictóricas que representan la reciente historia de Rusia y la Unión Soviética, integrando el trabajo de 180 pintores; muchos de los cuales fueron maestros de las más importantes escuelas en Moscú, San Petersburgo, Volgogrado, Nizhni-Novgorod, Yoshkar Ola, Samara, Tula, Astrakan y Asia Central. Muchos de ellos han sido reconocidos con las más altas distinciones por el Estado y por la Academia Rusa de las Artes con títulos tales como Artista Honorífico o Pintor del Pueblo de la URSS, o más recientemente de la Federación Rusa, junto con otros reconocimientos de las distintas repúblicas que constituían la URSS, y sus respectivas Academias. Esta Colección puede considerarse una colección de colecciones dado que en ella se encuentran las mayores y más completas colecciones de obras de muchos de estos pintores.

Artistas que tuvieron que mantener la mayor parte de su trabajo en la sombra debido a circunstancias históricas. En sus obras permanecen leales a las tradiciones de la Escuela de Pintura Figurativa Rusa. En la Colección podemos encontrar géneros tales como naturaleza, retrato, costumbrismo y pintura de género, paisaje y realismo socialista. La Colección cubre un período comprendido entre los años 1911 y 2003. Hay un menor número de obras pintadas entorno a la Revolución Rusa o en el período entre guerras, pero éstas son de gran valor. A partir de 1945 el número de obras se incrementa sustancialmente, formando un magnífico conjunto de pinturas de la segunda mitad del siglo XX. A finales del siglo, los trabajos de madurez de la mayoría de los artistas se funden con la obra de sus herederos naturales. Hoy, estos artistas más jóvenes son representantes esenciales de la actual escena de la pintura realista rusa.

Muestras representativas de la Colección, como la presente, han sido expuestas desde el año 2000 en 17 museos, palacios, y espacios expositivos con el nombre «Rusia Siglo XX/ Rusia SXX». Adicionalmente a las pinturas, las exposiciones presentan interesantes piezas del arte popular ruso, como son los iconos religiosos, los huevos pintados o las cajas lacadas, y se llevan a cabo cursos acerca de la pintura rusa y su historia, lecturas de arte, conciertos, y actividades formativas para niños.

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