Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Lago en ABC el pasado día 2 de enero) (*)

Como no se les ocurren otras cosas más prácticas, estos ayuntamientos híbridos de fuerzas de izquierdas se dedican a suprimir cosas que ya había de antes. Por ejemplo, el de Madrid se ha dado prisa en enmendar el callejero, y para hacerlo se ha gastado un dinerito. Y más que gastarán para ponerlo en práctica, porque tendrán que sustituir los antiguos letreros de las calles por otros nuevos y con otros nombres. Lo que no harán seguramente será compensar a los taxistas por los líos que les van a armar en su trabajo.

Decía yo que los ediles han gastado unos dineritos majos porque han pagado justo la cantidad tope que les permitiría la designación a dedo de quienes se encargarían del estudio, o sea a los responsables de buscar nombres malditos para incluirlos en la lista de los eliminables. Fíjense ustedes en si no es casualidad que la valoración del trabajo coincidiera exactamente con esa cantidad, que hasta parece cosa de milagro. Claro que los beneficiarios eran gente de una universidad desprestigiada pero en la que por lo que a primera vista se deduce, existen personas muy motivadas para repartir carnets de buenos y de malos.

De ahí la decepción sufrida por la alcaldesa y por sus transgresoras huestes cuando un concejal de cierta edad, afecto de joven al republicanismo pero a quien la experiencia – y sobre todo el estudio de la historia – le movieron a revisar su pensamiento, se subió al estradillo y sacó los colores a los menestrales hasta ponérselos al rojo vivo. Y es que la investigación resultó ser una chapuza de las de categoría, en la que los errores crasos eran más la regla que la excepción. Ahí está el caso, por ejemplo, del piloto al que adjudicaron el bombardeo de Guernica cuando éste fue realizado por la Legión Cóndor, él era entonces soldado de infantería, y, para mayor inri, la adjudicación del nombre de la calle se debía nada menos que a haber sido el primer español que rompió la barrera del sonido. O el caso de un famoso dramaturgo que nunca se metió en política pero lo asesinaron por las buenas. Y ahí tienen la confusión de un señor por otro con quien sólo coincidía en apellido, perjudicando así al que en su día había espiado en beneficio del bando aliado, que para la comisión sería precisamente “el bueno”…. O la confusión entre los nombres de un as histórico de la aviación mundial – el del vuelo del “Jesús del Gran Poder” – con el de un empresario vallecano. O la eliminación de la placa de un tal Ramón de Madariaga, cuyo delito consistió en haber sido asesinado por sus ideas pero sobre todo por sus creencias religiosas, como ocurrió con tantos otros españoles. O la supresión en la lista del nombre de Belchite – pueblo donde cayeron combatientes de ambos lados – relegando así también a “los suyos” al olvido. O la utilización de ilustraciones que provienen de un campo de exterminio nazi en Noruega o de las matanzas de polacos ordenadas por Stalin en Katyn, que ya hay que echarle cara para atreverse a hacer la trampa. En fin, toda una serie de meteduras de pata que demuestran el ínfimo nivel de la investigación: un ejemplo evidente de ignorancia y negligencia, pero sobre todo, de odio y sectarismo. Pero a usted no le extrañaría este desastre si conociera el paño de quienes organizaron la chapuza y el estilo de la desacreditada universidad que usted imagina. O si tuviera noticia de que la elegida para este trabajo por la alcaldesa y sus adláteres – por poco se me escapa “cómplices” – fue la hijastra del cubano Fidel Castro, cuyas ideas y manera de actuar son más que conocidas.

O sea que el ayuntamiento se gastó un pastón para que, los que llamara “sabios” con la intención de justificar el resultado por si resultaba evidente el sectarismo, acabaran por endilgarle una sarta de errores garrafales merecedores de un suspenso e incluso de un “necesita mejorar” de los de los de primera enseñanza de la escuela. Y digo yo: pues menudo fracaso éste de la elección de un grupo de “sabios” de pacotilla compañeros de las profanadoras de capillas y de sus palmeros, y menudo bochorno para el cuadro directivo, tan “progresista” él. Ahora supongo que la alcaldesa, ilusionada como estaba con lo de quitar y poner letreros a las calles – algo para lo que bastan una escalera y un destornillador – se dará cuenta de a quiénes suele confiar sus ocurrencias, y de lo impresentables que resultan sus colaboradores, retorcidos por la pasión del odio e hijos al fin y al cabo de un deficiente sistema educativo repetidamente puesto en la picota.

De ahí que, para terminar, el concejal que puso los puntos sobre las íes a la famosa iniciativa de cambiar los nombres de las calles propusiera que a los investigadores se les agradezcan los pésimos servicios, no se les pague un solo céntimo, y se les despida cuanto antes. A lo que un servidor añadiría la posibilidad de que el trabajo sea aprovechado para al reciclaje u otros menesteres parecidos, o de que la preocupación de la alcaldesa se oriente más bien a investigar de qué van estos inútiles universitarios que cobran pero no dan una. O incluso que se les encargue analizar el currículo de aquel modelo de demócrata de toda la vida que fue el tristemente célebre Largo Caballero, socialista del sector revolucionario que admitía que la democracia le gustaba pero con la condición de que gracias a ella ganaran los suyos; que mire usted a dónde nos llevaron y a dónde quieren llevarnos sus imitadores formando un frente popular contra natura, A pesar de lo cual ahí le tienen ustedes luciendo escultura en los Nuevos Ministerios.

Claro que ahora que lo pienso también podrían seguir nuestros ediles el ejemplo de los mozambiqueños, que cambiaron el comunismo de los primeros días por una democracia homologable pero sin causar perjuicio al callejero revolucionario. Ellos sí que conservan algunos nombres que valen la pena, como los de Lenin, Ho Chi Min y Mao Tse Tung. A lo mejor esto gustaría al nuevo ayuntamiento madrileño, al menos a juzgar por sus propósitos, que son más o menos los mismos que tuvieron estos siniestros personajes.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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