Lo mejor de lo último

Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Esteban en El Norte de Castilla el pasado día 8) (*)

Dicen los clásicos – y si no lo dicen lo digo ahora yo – que la estupidez humana no reconoce límites. Y si ustedes dudan de ello observen a su alrededor, pues no sólo alguien nos lo confirma cada día, sino que se atreven de tal forma a demostrárnoslo que nos tienen al borde del asombro, y miren ustedes que ya hemos vimos casi todo. No voy a dar nombres porque ustedes los conocen bien y además suelen ser gente incluso en nómina.

Lo último de la estupidez hispánica se ubica en la culta ciudad de Valencia, donde a falta de ideas más brillantes los nuevos gobernantes han adoptado el tic del “postureo”. Decía yo “a falta de ideas” porque, convencidos de que éste resulta más fácil que hacer algo útil o nuevo, están ya batiendo récords. Por ejemplo, llegado el “Día de la mujer trabajadora”, o sea uno de esos inventos, se han dicho: “tate, pues vamos a hacer exhibición de corrección política, que a esto no nos gana nadie”. “Y lo haremos con nuestro propio estilo, o sea cargándonos algo que pillemos por ahí o haciendo un cambio cualquiera, no importa cual sea éste”.

Y, naturalmente, acudieron al listillo de turno para, bien asesorados por alguno de esos inútiles de los que se rodean habitualmente, acabar realizando el gesto supuestamente feminista de sustituir el icono de los típicos semáforos: ya saben ustedes, ese muñequito andante que representa a cualquier peatón sea cual sea su sexo. O sea que se inventaron otro icono que representaría a una mujer andando. Y bautizarían a los nuevos semáforos como “paritarios”, lo que resulta muy mediático.

Pero al buscar el perfil se les plantearía un grave problema: cómo debe ser hoy el perfil de una mujer. Y la pintaron con falditas para diferenciarlo del actualmente reglamentario como símbolo, con lo cual el tiro les salió por la culata, ya que la mayoría de las féminas usan hoy el pantalón con tanta asiduidad como los hombres. La realidad resultaba así ser más igualitaria que el propio ideario feminista. Además se planteaba el tema de la moda: ¿ponemos falda larga o falda corta? Porque los nuevos gobernantes podían ser tachados de machistas, tanto si la ponían corta – por obsesos sexuales – como de anticuados y desconocedores del gusto femenino si optaban por la opción larga como ha sido el caso. Y si abandonaban el icono clásico de la figura masculina recibirían idénticas críticas por parte de las “femes” alegando que situaban el lugar de las mujeres en los pasos de cebra como únicas “peatonas” en vez de como avezadas conductoras.

La conclusión era, naturalmente, que había que apostar por una mezcla que asumiera la pluralidad. Pero naturalmente no con una simple mezcla representativa de ambos sexos, sino mediante una mezcla que respondiera a la debida proporción según datos de Tráfico que reflejaran la relación entre el número de hombres y mujeres que circulan a pie por cada barrio. Y aun esto no sería suficiente, ya que aún habría que tener en cuenta a los niños y a las niñas, que aun sin tener aún ni voz ni voto, no tardarán en reclamar su presencia habida cuenta del mayor peligro que representan para ellos los semáforos.

Así que, qué quieren que les diga; que a mí me da que por el camino que estamos tomando vamos enrevesadamente mal. Ahí tienen ustedes el ejemplo de quienes ahora proponen que les cambien el letrero de “Congreso de los Diputados” para colocar otra expresión más “neutra”, que consistiría en escribir sencillamente “CONGRESO” y se acabó. Según parece, la verdadera alternativa deseada, que consistiría en cambiar su nombre por el de “Congreso de los Diputados y las Diputadas” – o mejor “de las Diputadas y los Diputados” – resultaría bastante ridícula y desde luego demasiado larga; que en esto no puedo por menos de darles la razón. Claro que aún habría una tercera opción: la de alternar anualmente un letrero con la mención de “los Diputados” y otro que se referiría a “las Diputadas”, evitando así cualquier reproche relativo al orden de aparición de quienes se mencionan.

O sea, que el problema de estos gobernantes nuevos estriba en el desconocimiento de la gramática española por parte de sus “señorías” y en la errónea interpretación hecha por éstas de la palabra “diputados” como excluyente de las “diputadas”. ¡Y yo que pensé que por alguna relación subliminal lo que sonaba mal a sus ignorantes “señorías” era simplemente que las llamasen “di-putadas”!

Ahora ya sé que nuestros impresentables representantes públicos tampoco saben expresar lo que quieren decir cuando se lían con los masculinos y los femeninos, que es algo de lo que se dieron cuenta ya hace tiempo los del informe Pisa. Con decirles que no hace mucho uno de nuestros más relevantes y prometedores próceres alzó la voz para decir en un mitin “nosotros y nosotras” a sus fieles…

Esto en el año de Cervantes.

—
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c2.staticflickr.com/2/1707/25520205782_5fcd40da32_o.jpg

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

Lo más leído