“Nazarenus” en la Sala del Teatro Calderón

Por José María Arévalo

( Piedad de Alejo de Vahía, siglo XV, de la iglesia de la Mgadalena) (*)

Todos los años por estas fechas, desde el año 2000, la Junta de Cofradías de Semana Santa nos sorprende con una exposición que ilustra los desfiles procesionales vallisoletanos, que es decir lo mejor de la imaginería castellana, un tesoro artístico único en el mundo. El año pasado “Signa Christi”, centrada en los símbolos y emblemas de la pasión de Cristo; el anterior “Reproducciones de la Pasión”, y el 2013 “Conservación y Restauración. Paso a Paso”, ambas sobre las técnicas de la reproducción de obras, conservación investigación o documentación; y las muy conseguidas “Retrospectiva de la Pasión”, el 2012, “Imaginería ligera en Valladolid”, el 2011, “Resurrexit” el año anterior, y sobre todo “Gregorio Fernández: La gubia del barroco” tres años antes, en la Sala de la Pasión, la mejor de todas, en mi opinión.

( Ecce homo, de Pedro de Ávila, 1710) (*)

Este año vuelve a exponer en Semana Santa y en la la Sala Municipal del Teatro Calderón, con el título «Nazarenus: símbolo, iconografía y arte del Víacrucis», que permanecerá hasta el día 3 de abril, y puede verse de martes a domingos de 12 a 14 horas, y de 18.30 a 21.30 horas. Un total de 40 piezas procedentes de cofradías, parroquias, monasterios y museos de la ciudad, del Renacimiento al Barroco y también contemporáneas, conforma esta muestra fruto de la colaboración entre la Junta de Cofradías de Semana Santa, el Ayuntamiento de Valladolid y la Junta de Castilla y León. Recoge obras de Alejo de Vahía, Gregorio Fernández, Francisco del Rincón, Morales, o Pedro de Ávila, junto con piezas de contemporáneos como Bellido, Toledano, Teresa de Peña y Manuel Alcorlo.

A la entrada el visitante se encuentra con un magnífico Ecce homo, talla que Pedro de Ávila realizara en 1710. Del mismo autor verá más adelante un impresionante Yacente, y me ha llamado la atención que procede de la iglesia de San Felipe Neri, donde nunca lo había visto o no me había fijado. Como tampoco en el que denomina Cristo del Escobar, del siglo XVI, que por lo visto está habitualmente en mi parroquia, la iglesia de Santiago. Tampoco conocía los cuadros de Filippo Tarchiani, del monasterio de Santa María la Real de las Huelgas, de uno de los cuales, el Cristo de los improperios, de 1611, incluimos una foto.

( Cristo de los improperios. Filippo Tarchiani, 1611. Del monasterio de Santa María la Real de las Huelgas) (*)

Asimismo del monasterio de Santa María la Real de las Huelgas procede uno de los yacentes de Gregorio Fernández menos conocido, y muy llamativo por la posición ladeada de la pierna derecha, poco frecuente en estas obras, pero muy natural.

Una de las tallas que más aparece en estas exposiciones, y que también se mostró en las Edades del Hombre, por su belleza, su singularidad y pienso que también por su tamaño recogido, es la Piedad de Alejo de Vahía, del siglo XV, que siempre que puedo me acerco a contemplar en la iglesia de la Magdalena, y que para mi gusto es el paradigma de las piedades más antiguas, que frecuentemente muestran en el regazo de Nuestra Madre un Cristo en posición arqueada con los miembros caídos, como vemos en varios bajorrelieves y grupos –uno por lo menos del mismo autor- del museo de la Catedral vallisoletana, o incluso posteriores como la Piedad atribuida al manierista Pedro de la Cuadra, de la iglesia de Tudela de Duero, que hemos comentado en artículo anterior.

( Yacente de Pedro de Ávila, s. XVIII. De la iglesia de San Felipe Neri) (*)

De los autores actuales me ha sorprendido por su realismo en formas sintetizadas el Visacrucis sobre tabla que Teresa Peña y Manuel Alcorio realizaron en 1968 para la capilla de los padres Jesuitas en Villagarcía de Campos. Santiago Bellido también está presente, a la vez que expone en estos días en la galería de arte Rafael , en la calle Miguel Iscar, sus dibujos y acuarelas en la muestra «Pasiones. Los Pasos de la Semana Santa de Valladolid», hasta el 10 de abril, a la que dedicamos el artículo del sábado pasado.

( Yacente de Gregorio Fernández, del monasterio de Santa María la Real de las Huelgas) (*)

La contemplación de estas imágenes me ha recordado un texto de Francisco Fernández-Carvajal en su libro de meditaciones “Hablar con Dios” (Editorial Palabra): “La costumbre de meditar la Pasión tiene su origen en los mismos comienzos del Cristianismo. Muchos de los fieles de Jerusalén de la primera hora tendrían un recuerdo imborrable de los padecimientos de Jesús, pues ellos mismos estuvieron presentes en el Calvario. Jamás olvidarían el paso de Cristo por las calles de la ciudad la víspera de aquella Pascua. Los Evangelistas dedicaron una buena parte de sus escritos a narrar con detalle aquellos sucesos. «Leamos constantemente la Pasión del Señor –recomendaba San Juan Crisóstomo–. ¡Qué rica ganancia, cuánto provecho sacaremos! Porque al contemplarle sarcásticamente adorado, con gestos y con acciones, y hecho blanco de burlas, y después de esta farsa abofeteado y sometido a los últimos tormentos, aun cuando fueres más duro que una piedra, te volverás más blando que la cera, y arrojarás toda soberbia de tu alma». ¡A cuántos ha convertido la meditación atenta de la Pasión!”.

El comisario de la muestra, Alejandro Rebollo Matías, ha señalado en la presentación que el sentido de la exposición es el de expresar «el arte del vía crucis» a través de la «tradición centenaria» de los pasos procesionales de la ciudad. Rebollo ha indicado que hay «interacción» entre las obras expuestas, que están «interconexionadas» de manera que son «obras vivas que transmiten enseñanza». Por eso, ha tratado que la sala se convierta en un «espacio embriagador», que ha comparado con una bodega «llena de riqueza».

( Una de las escenas del Viacrucis sobre tabla, de Teresa Peña y Manuel Alcorio, realizado en 1968 para la capilla de los padres Jesuitas de Villagarcía de Campo) (*)

También ha apuntado que esta propuesta es una «ventana al pasado» que está dividida en cinco apartados o espacios, que arranca con el origen del vía crucis, ‘Via Christi’, que surge en Jerusalén a partir de la Vía Dolorosa que «realizaban los peregrinos en los primeros tiempos». En la exposición se puede encontrar un mapa reproducción del siglo XVI en el que se reconstruye Jerusalén «antes y después de la Pasión de Cristo», en la que aparece «por primera vez representada la Vía Dolorosa».

( Resucitado de Francisco del Rincón , siglo VVII. Del monasterio del Corpus Cristi) (*)

La segunda parte de la muestra se centra en el ‘Camino Real de la Cruz’, es decir, la Regia Christi, la iconografía antes y después del Camino del Calvario. El tercer espacio se dedica a Calvario, ‘Rex Nazarenus’, con la representación de «obras señeras de escultura y pintura del Renacimiento al Barroco», que hemos comentado ya.

( Cristo del Escobar, s.XVI, de la iglesia de Santiago) (*)

El cuarto apartado de la muestra se dedica a la «devoción popular» con los Sacromontes urbanos y cofradías penitenciales, en la «traslación de los claustros a la calle». Por último, el comisario calificó la quinta sección como «el contrapunto» de la muestra, en la que los artistas contemporáneos dan una «visión moderna», como la obra «excepcional» de Santiago Bellido, o los grabados de David Toledano.

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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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