Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Miki y Duarte en Diario de Sevilla el pasado día 15 de julio)(*)
Con las malas noticias como “ritornello” nos llega la de la reciente matanza de Niza, sucedida en plena fiesta nacional francesa y en un entorno de jolgorio y fuegos artificiales a los que más que los mayores acuden los pequeños aunque sea acompañados para entusiasmarse con el espectáculo de unos cielos endomingados y colaboradores de la euforia. Y, casi simultáneamente, se nos comunica otra igualmente de primera página: la de un golpe de estado nada menos que en Turquía. ¡Menudo lío se está armando no sólo en España sino en el mundo entero! piensa uno desde la inmutabilidad de su rincón de jubilado. “Éramos pocos y parió la abuela” que diría un castizo. Y uno siente como que, casi sin saber por qué ha ocurrido, los grises nubarrones que presagió no ha mucho son ahora un temporal que apenas podemos controlar.
¡Qué mala pata! Con las buenas perspectivas que nos auguraba el desenlace de la guerra fría… La democracia había triunfado y cualquier ataque contra ella sería considerado impropio de una sociedad correcta, esto es, deseosa de aquella libertad, igualdad y fraternidad cuya consecución se celebraba precisamente en Niza. La democracia a la europea, o si quieren ustedes a la norteamericana, era, en efecto, la pura corrección política – lo más cercano a un desideratum – así que sólo se concebía ya que la Humanidad avanzara todos los días en esa dirección con el apoyo de unos impresionantes y globalizadores avances tecnológicos puestos a la disposición de todos , de forma que los bienes generados por una sociedad en marcha hacia la perfección facilitarían una extensión acelerada de la paz. Y la cosa no fue del todo mal, pues se produjo un progreso generalizado que sacó de la pobreza a grandes sectores de la Humanidad.
Y sin embargo, fíjese usted en dónde estamos hoy: con una amenaza universal que parece hacernos regresar a tiempos bíblicos de una inimaginable crueldad. Algo que puede alcanzarnos ya en cualquier momento y en cualquier lugar que estemos; una amenaza cuyo ejecutor podría ser hasta un vecino nuestro. Incluso un presidente de gobierno ha pronunciado ya el sálvese quien pueda (“ya pueden irse acostumbrando”) ante la indefensión cuando quién podría imaginar hace sólo unos años la omnipresencia de un enemigo como venido del desierto pero que utiliza en su ventaja redes sociales que nosotros generosamente le brindamos, ya que él, en su incapacidad, nunca podría haber creado algo que se las pareciera. No me diga usted que su estrategia no reúne toda la astucia que atribuimos al Maligno…
Así que la famosa “primavera árabe” – aquellas supuestas ansias de modernización y democratización de entonces – terminó así, de esta manera: con un refinada a la par que tosca maquinaria de muerte utilizada por personajes situados entre lo más surrealista del mercado y teledirigida por mentes enfermizas. Esta es la forma de conseguir en el XXI lo que sus antecesores conquistaban al galope siglos ha.
Y si tan sólo fuera eso… Porque vemos también gran parte del Oriente – no sé si Medio o Próximo – ocupado por un ejército nacido de un día para otro y que combina sus blindados con el cuchillo carnicero, destruyendo a su paso sus auténticas raíces, que eso sí que es una “regeneración” y no la que pretenden algunos imaginativos españoles. El problema es que nada de lo dicho parecía estar ni por asomo en el guión. Y por si fuera poco, nuestra esperanza reside sólo en que llegara a producirse una autodestrucción de los malvados, que no se ponen de acuerdo no siquiera para eliminarnos; pues, según parece, su prioridad consiste en matarse cordialmente.
Bueno, pues por si eso fuera poco, ahora Turquía, el único país musulmán medianamente razonable de la zona, además de enemistarse con uno de los aliados “pacificadores” – lo cual es un decir – muestra una peligrosa debilidad interna derivada del desvío de la línea marcada por su famoso fundador histórico. Y esto en un importante miembro de la OTAN tiene una trascendencia incluso geopolítica, pues la cosa va bastante mas allá más allá del mundo musulmán cuando una de las piezas clave de la nueva Europa se desmarca de la Unión para volver a su aislamiento: acontecimiento de tal envergadura que de por sí no necesitaría de acompañamiento alguno para poner patas arriba lo que comúnmente tenemos por “estabilidad”; esto es, la que desearíamos tener nosotros mismos para sentirnos medianamente cómodos.
Así no es de extrañar el imperante desconcierto en todos los niveles de responsabilidad, sobre todo porque ya no podemos volvernos, como solíamos hacer en el pasado siglo, hacia ese Gran Hermano que ha renunciado a ser la gran potencia que solía, y que ahora se limita a cruzar bien los dedos en espera de que las peleas pongan en su sitio a cada uno; que entonces ya veremos lo que hacemos.
El resultado de esta situación confusa y alterada va más allá de un parón en el camino del progreso y se convierte en un retorno a situaciones que creímos felizmente superadas, gracias al devenir histórico, como antiguallas naturales propias de aquellos ignorantes predecesores nuestros tan poco inteligentes y, desde luego, mucho menos “civilizados” que nosotros.
Pero no se me desesperen, que aquí hay unos mequetrefes que, tras de fumarse unos cuantos porros ante las pizarras de una universidad de cuyos resultados ustedes saben como yo, descubrieron la solución en las papeleras que en su día no vació el bedel. Así que para qué consultar a los más sabios y prudentes si podemos aprovechar esa basura. Sólo se tratará de hacer una vez más un “corta y pega” clásico y aparentar que lo que se presenta es algo nuevo; pues, tal como demuestran los informes Pisa – felizmente vivos gracias a quienes diseñaron nuestros insistentes planes de enseñanza – la memoria es corta si la abundancia de información es demasiada; que eso lo saben bien precisamente quienes quieren colarnos el matute.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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