Arquitectura religiosa olvidada. 119. Corrales de Duero

Por José María Arévalo

( La Ermita de San Antonio de Padua) (*)

Continúa el capítulo “Salvadas de la ruina”, del libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid”, de los arquitectos vallisoletanos Juan José Fernández Martín, Francisco Pedro Roldán Morales, José Ignacio Sánchez Rivera y Jesús Ignacio San José Alonso, que venimos reseñando, con la Ermita de San Antonio de Padua en Corrales de Duero, que ha sido restaurada tras años en estado de ruina y abandono.

Corrales de Duero

Ermita de San Antonio de Padua

Al norte del pueblo, junto a un camino de tierra que sube por el valle se encuentra la ermita de San Antonio sobre un pequeño bancal creado en un desnivel del terreno, en el que parte del edificio se empotra. Estaba situada en lo más alto del pueblo. Una larga calle, el antiguo Camino Real, ascendía desde el valle y se encaraba con el costado de la Epístola del edificio, donde campeaba la espadaña. Allí salía un camino hacia la derecha que llevaba a Valcabado de Roa mientras el principal giraba a la izquierda y continuaba, valle arriba, hasta San Llorente. La ermita cumplía así funciones de señalización de caminos, como los humilladeros.

Afortunadamente es uno de los edificios rescatados de la ruina, gracias a la restauración recientemente realizada, sacando del olvido una arquitectura que forma parte del patrimonio y de la memoria cultural.

Es un pequeño templo en piedra de planta rectangular. En su interior un arco de medio punto empotrado en el muro este y una pequeña bancada bajo él, recuerdan el lugar donde se situaba el altar. A su derecha un banco corrido de fábrica abarca toda la pared sur.

Al exterior sus muros definen un prisma completamente cerrado con las solas aberturas de una ventana alta rectangular en su fachada sur y una portada con arco semicircular de piedra en la fachada oeste, junto al camino, que arranca en impostas molduradas cuyo dibujo se encuentra muy desgastado.

Todo el conjunto se resuelve con mampostería, salvo las esquinas, que se refuerzan con toscos sillares más o menos regulares y la fachada oeste, en la que se sitúa la portada, que se construye con mampostería concertada de mayor tamaño.

Tan solo aparece piedra de sillería en el campanil que se encuentra en la cabecera del muro sur, junto a la ventana del templo, y aún conserva su campana. Se trata de una pequeña espadaña que arranca del muro desde un pequeño bancal con derrame, resuelta con arco de medio punto de líneas de impostas resaltadas, y rema tado por un frontón sobre comisa de medio baquetón entre cimas rectas. El conjunto se remata con pináculos de bola en los laterales y en la coronación del frontón.

Cuando visitamos las ruinas, aún se apreciaban restos del maderamen de su cubierta, como los estribos y lo que parecía algún cuadral de las armaduras, así como alguno de los canecilIos que debieron decorar el alero de su cubierta.

Por las señas que dan sus hechuras parece edificio del XVIII, como el humilladero del Cristo de Villaco y el de Fombellida que son del mismo tipo. Por lo menos en el XVII no se la cita durante las visitas parroquiales, como se hace con otros templos. A mediados del XIX era la única ermita que existía en el pueblo (P. MADOZ, p.53)

Sobrevivió como edificio religioso hasta la década de los 70 (Catálogo monumental, Peñafiel, p.81. J.I. SANCHEZ RIVERA p. 3, p. 89), en que se arruinó, no quedando en pie sino las cuatro paredes. Afortunadamente la vista del edificio restaurado alivia la desazón que producía su visita cuando estaba condenado a la ruina.

Las fábricas de sus muros se construyen con dos hojas de mampostería, de menor tamaño al interior, aglutinadas por un mortero de barro y cal. Frente al acabado en piedra del exterior, el interior se revoca para regularizar y dar un acabado más adecuado.

Ha sido bueno el comportamiento de los muros pétreos de carga, pese a su estado de ruina en sus años de abandono. Tan sólo aparecieron grietas en la fábrica que soporta el peso del campanario, quizás provocadas por el desplome de éste, por la falta de resistencia de los cimientos para soportar su peso añadido o por las filtraciones producidas por la espadaña al obstruir las vertientes del tejado.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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