Arquitectura religiosa olvidada. 121. Molpeceres

Por José María Arévalo

( Molpeceres. Iglesia parroquial. Foto en el libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid”) (*)

Seguimos con el capítulo final “Salvadas de la ruina”, del libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid”, de los arquitectos vallisoletanos Juan José Fernández Martín, Francisco Pedro Roldán Morales, José Ignacio Sánchez Rivera y Jesús Ignacio San José Alonso, que venimos reseñando, con la historia de la Iglesia parroquial de Santa María, en Molpeceres, en la que desde 1997 se han realizado sucesivos trabajos de desescombro y techado.

Molpeceres

Iglesia parroquial de Santa María

“Molpeceres es un pequeño pueblo, casi deshabitado, en el fondo de un valle afluente del Duratón. Su nombre (Molpeceres = volpejeras, en opinión del filólogo Gregorio Hinojo) hace alusión al accidentado relieve que lo rodea, con abruptas cuestas donde se abren muchas covachas o zorreras. El caserío se alineaba en la ladera sur de la cuesta, buscando la solana, en tanto que la iglesia parroquial quedaba aislada en la ladera norte, buscando un pequeño promontorio donde levantar la torre almenada que aún puede contemplarse. Esta circunstancia parece hacer pensar que en el momento de la fundación del núcleo, en la época de la repoblación medieval, hacia el siglo X, el vecindario se agrupase en torno de un edificio religioso y militar, cumpliendo la torre de la iglesia esta doble misión.

Con el paso del tiempo y la pacificación de la comarca el caserío se fue extendiendo hacia los lugares más soleados alineados a lo largo de un camino, de suerte que hoy el caserío y la iglesia distan un trecho.

El templo está rodeado por un pretil de piedra que configura un atrio interrumpido en la esquina suroeste del edificio, donde se localiza un pequeño cementerio. El acceso al atrio se realiza desde una escalinata situada frente a la portada del templo, ante la que se encuentra lo que parece ser la base de una cruz, por la parte norte, donde ahora está la población.

La parroquia de Santa María es un edificio con orientación sacra, cabecera románica de ábside semicircular con columnillas adosadas al exterior y ventanas abocinadas. Originalmente debió tener una nave y robusta torre de mampostería pegada al costado de la Epístola en la cabecera, todo levantado en torno al 1200.

La torre, de planta cuadrada es de factura muy sobria, construida con mampuestos y sillares reforzando las esquinas. No tiene apenas decoración, tan solo una moldura de caveto que recorre la fachada y constituye la línea de imposta de los arcos, en el cuerpo bajo de campanas. Su interior está recorrido por una escalera de madera adosada a sus paredes. Su esbelto fuste remata en dos cuerpos; en el bajo se abren dos arcos dobles ligeramente apuntados en cada cara y en el alto dos machones en las esquinas y otro en el centro, que determinan dos huecos rectangulares por cara. Recorre los cuatro frentes una imposta a la altura de los arranques de los arcos. Aparte del remate y la puerta, abierta al oeste en la base, el único hueco es una aspillera de ventilación al este, a media altura.

Su amplia base, hermetismo y remate almenado le confieren carácter más militar que religioso, presentando características comunes con la inmediata torre de Fompedraza, que también fue almenada, y San Esteban de Peñafiel, que se comenta en este trabajo.

La planta de la iglesia presenta dos naves separadas por dos arcos apuntados. La nave lateral se cierra en la cabecera por una capilla cubierta con bóveda de cañón. El arco próximo a los pies del templo, así como el hastial y el coro alto que se disponían también a los pies del templo, que se aprecia en las fotos del Catálogo ( Catálogo Monumental, Peñafiel, p. 112), no existía cuando nosotros visitamos el templo. Por comparación de esas fotos con el estado que nos encontramos, se apreciaba que también las armaduras que cubrían las naves habían desaparecido.

El lado de la Epístola comunica con una dependencia cerrada, que ocupa todo el lateral de la nave y cuya anchura viene determinada por la de la torre. Este espacio, en cuyo muro aparecen huecos en forma de saeteras, había perdido también su cubierta de madera. En el lado opuesto, el del Evangelio se encuentra la puerta de acceso al templo, constituida por un arco rebajado.

La parte más importante y mejor conservada del templo es la cabecera, constituida por una capilla románica con ábside semicircular y cubierta por bóveda de cañón. El ábside al exterior se divide en tres tramos marcados por columnas que resaltan en la fábrica del muro, cada uno con una ventana abocinada; la única que se aprecia al exterior se decoraba, en otro tiempo, por columnas que sujetaban arcos decorados con figuras geométricas y guardapolvos con puntas de diamantes. Las otras dos se encuentran ocultas por la capilla adosada al lado del Evangelio y la torre del costado contrario. La nave central del templo fue alterada en época gótica para abrir la paralela del lado del Evangelio, separada de la primera por dos arcos apuntados sobre pilar octogonal central (del XIII). A los pies se levantaba un muro apeado con contrafuertes y rosetón, hoy abatido. El último añadido fue la sacristía, junto a la cabecera, lado del Evangelio, y con aspecto de ser del XVI ó XVII.

Se techaban las naves por cubierta de madera a dos vertientes y en el año 2000 aún eran visibles los pares de las naves laterales. En el interior se abría, en la pared de la Epístola y junto al presbiterio, un hueco o lucillo sepulcral gótico bajo arco rebajado y decoración de filigrana con rosetones trilobulados. Sobre este arco se veían retazos de pinturas en rojo de apariencia románica, representando una de ellas claramente un caballo. Bajo el lucillo aparecen otras pinturas con el tema de la Encarnación, que han sido datadas en los años iniciales del XVI. En el presbiterio hubo un retablo del 1800, hoy desaparecido, que fue juzgado de poco valor en el Catálogo.

El edificio presentaba mal estado de conservación a mediados del XX por lo que debido a lo menguado del vecindario se decidió su abandono y la construcción, en 1969, de uno nuevo más pequeño junto al núcleo habitado, en la misma línea de lo sucedido en el inmediato Aldeayuso. En 1975 la iglesia ya estaba en ruina. A pesar de todo, la mayor parte de sus estructuras pétreas se mantuvieron en buen estado, de mejor manera las de época más antigua. Así, la cabecera románica y la torre se han mantenido prácticamente inalterables, sin aparición de grietas y con deterioros tan sólo producidos por el expolio de algunos de sus elementos decorativos.

Como casi siempre la peor parte se la llevan las estructuras de madera de las cubiertas y, en este caso, también el hastial que cerraba los pies del templo, del que no sabemos si cayó arrastrado por la cubierta, por algún fallo en su cimentación o por mala construcción de su fábrica.

En 1997 y años sucesivos se realizaron trabajos de desescombro y techado del ábside bajo el patrocinio de la empresa Santiveri de Peñafiel, en campamentos de verano.

La ruina de este edificio no sólo se debió a la atonía demográfica de Molpeceres y a la mala situación del edificio respecto al vecindario. El espíritu utilitario y renovador de los años 60, junto con un concepto del patrimonio que no ligaba los bienes a su contexto histórico y geográfico, fueron también causantes de esta ruina que tantos valores, aún, atesora”.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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