La edad de oro de la escultura alemana, en el Palacio de Villena

Por José María Arévalo

( Evangelistas. Predela del retablo de Münnerstadt. 1490-1492. Madera de tilo. Bode-Museum) (*)

Avanzábamos semanas atrás, junto con otros éxitos del vallisoletano Museo Nacional de Escultura, la exposición sobre la edad de oro de la escultura alemana que ha mantenido este verano el Palacio de Villena, en la que se ha reunido medio centenar de esculturas y grabados que se realizaron en ciudades del sur de Alemania en torno a 1500, antes de la Reforma protestante. Vamos a ver ahora en detalle esta muestra que aporta el Bode Museum de Berlín, al tiempo que nuestro museo aporta varias piezas importantes a la Gemäldegalerie de Berlín, para la exposición simultánea “El Siglo de Oro. La era Velázquez”.

‘Últimos fuegos góticos. Escultura alemana del Bode Museum de Berlín’, que así se titula esta exposición que puede visitarse hasta el 6 de noviembre, ofrece una selección de obras de Durero, Veit Stoss, Tilman Riemenschneider, Hans Thoman y Hans Leinberger que llenaron de escenas devotas iglesias de ciudades como Baviera, Suabia, Renania o Franconia.

En torno a 1500, los escultores alemanes llenaron los altares y los retablos de las iglesias de las ciudades del sur de Baviera, Suabia o Renania con figuras sagradas y escenas devotas llenas de vehemencia y encanto visual. La muestra está articulada en seis secciones temáticas: ‘El arte de la devoción’, ‘La escultura a través de un vasto país’, ‘Del bosque a la estatua’, ‘Personalidades artísticas’, ‘Arte para un nuevo tiempo’ y ‘Un mundo sin estatuas’.

Se trata de un recorrido por tres generaciones de talladores de imágenes de la edad de oro de la escultura germana, que se vio frenada hacia 1520, cuando el luteranismo destruyó muchas obras de arte y las iglesias quedaron desnudas. La mayor parte de las tallas que se exponen son de madera de tilo y sin policromía.

( Busto femenino de autor desconocido. Augsburgo, sillería de la capilla de los Fugger. Anterior a 1518. Madera de peral) (*)

En los paneles de la exposición se explica cómo, hacia el siglo XV, los tallistas estaban ligados a la anónima construcción de catedrales para las que producían esculturas arquitectónicas. Pero desde 1450 se extiende un nuevo modelo de profesión: el escultor se emancipa, se establece en una ciudad y funda su propio taller, donde realiza encargos para particulares o corporaciones que, aunque destinados a una iglesia, se conciben como obras independientes. Es un oficio vulnerable, que oscila entre la solidaridad y las rivalidades, Su trabajo está bajo el control del gremio, que controla el funcionamiento del taller o la compra de madera, establece barreras contra los escultores de otras ciudades y legisla el uso de las herramientas. Los grandes encargos se estipulan en un contrato con el cliente, pero los escultores también venden en sus tiendas versiones más pequeñas y baratas, destinadas a la devoción privada. Es esta una forma de creación más moderna, que libera al escultor de las exigencias del cliente y le concede la plena paternidad de su obra de arte.

( Escena del Antiguo Testamento, hacia 1525. Madera de tilo. Hans Thoman (acivo en Memmingen, Suabia, de 1514 a 1525) (*)

Estrasburgo, Ulm, Nùremberg, Wurzburgo, Augsburgo, Múnich… Hacia 1450 las ciudades del sur de Alemania, de tamaño medio, pero ricas y poderosas, forman una malla territorial densa y un área cultural con personalidad propia. En este ambiente urbano, bullente y productivo, favorable al individualismo y a las empresas privadas, la creación artística cobra un protagonismo desconocido. En las actividades artesanales destaca el empuje innovador de la escultura, que, en la segunda mitad del siglo, se impone por su fuerte carácter. Los escultores dirigen talleres y acometen importantes encargos. Se sienten estrechamente vinculados a su ciudad, que es su patria. Y sus obras se convierten en emblema de identidad local. Los clientes son mercaderes, obispos y burgueses ricos, regidores del concejo o corporaciones laicas que embellecen las iglesias con retablos, tabernáculos y sillerías. Solo en Núremberg, entre 1488 y 1491 se construyeron 23 retablos. Devoción religiosa y orgullo cívico están estrechamente unidos.

( Lamentación sobre Cristo muerto. 1480-1490. Madera de roble. Tilman Heysacker, llamado Krayndunck, activo en Colonia de 1487 a 1512) (*)

La madera de tilo definirá la personalidad artística de los paises germánicos entre 1460 y 1530, ni antes ni después fue tan popular ni sus efectos tan extraordinarios. El tilo tiene una composición celular uniforme, sus anillos apenas resultan visibles y su tronco es muy recto. Gracias a estas cualidades, tiene un aspecto refinado y suave, tan fino que puede cortarse en cualquier dirección, y tan flexible que permite tallar pliegues delgados como membranas. Los maestros del tilo van a distinguirse por su destreza, por una especie de “quiromancia” que les permite leer sus líneas y fibras y extraer la máxima expresividad de las corrientes internas de la madera. El proceso de la talla resulta, así, inseparable del resultado estético. Esta sensibilidad carnal del tilo, su morbilidad dulce y cálida transmite a la imagen sagrada una verdad que la hace más convincente y que refuerza el vínculo entrer arte y devoción que vive sus horas más intensas en las décadas de la pre-Reforma.

( Pareja de ángeles, 1480. Madera de tilo. Erasmus Grasser 1445.1518) (*)

En una sala posterior se explica el declive de esta época dorada. Bajo el título “Arte para un nuevo tiempo; placeres profanos” se explica: Desde 1520 las ciudades alemanas entran en una nueva era. El movimiento escultórico que floreció en ciudades terminó, por así decir, derrotado también por las ciudades: por Wittenberg, cuna del protestantismo y del purismo evangélico del Norte, contrario al culto a las imágenes; y por Roma, foco del Renacimiento y de las fascinación clasicista del Sur, El trabajo de los escultores se resiente de estos cambios. En algunas ciudades la demanda de imágenes desciende tan alarmantemente que muchos tallistas se exilian a lugares católicos. En otras, como Augsburgo y Núremberg, donde hay humanistas que habían visitado Italia y deseaban elevar el nivel de las artes en su país, los talleres reorientan su actividad y buscan nuevos clientes entre los intelectuales y las clases adineradas. Y en pocos años, la escultura pasa del retablo a la estatuilla y la medalla, de los encargos públicos a la intimidad del gabinete, de la Virgen a Venus. El arte se despega de la religión y emprende un rumbo nuevo.

( Retrato del patricio y comerciante de Augsburgo Bartholomäus Welser V. c. 1530. Madera de peral) (*)

El gótico flamígero se extinguió hacia 1530 como una pavesa. También sus grandes maestros. Durero fallecen 1528. El rastro de Thoman se pierde en 1525 y el gran Leinberger se esfuma en 1530. Riemenschneider y Stoss, en fin, mueren en 1531 y 1533. Una generación después, en 1568, el poeta luterano y maestro cantor Hans Sachs escribió unos versos en los que un escultor evoca con nostalgia su glorioso pasado como fabricante de imágenes: “Aprendí el oficio de escultor./ Era muy estimado antaño/ cuando fabricaba dioses e ídolos/ a los que todos rendían ofrendas y plegarias./ Los esculpía en madera y piedra, / y hasta en un puro y transparente cristal,/ armoniosa y finamente tallados./ Y me fueron pagados con mucho dinero.

La campaña iconoclasta fue particularmente violenta en las ciudades de Franconia, Alto Rin y Suabia, allí donde precisamente se concentraban los talleres de escultores. Las imágenes eran mutiladas, quemadas o rotas por grupos de clérigos reformados y ciudadanos radicales, a veces exacerbados por las autoridades civiles. En 1531 solo en Ulm se destruyen cincuenta y dos retablos. La magnitud del desastre, para el arte de la escultura, fue inmensa. Aunque orfebres, pintores y grabadores pudieron seguir trabajando en obras profanas, los escultores que dependían plenamente del mercado de las imágenes, se vieron amenazados por la ruina. En las ciudades luteranas, la venta decayó de manera alarmante. Las iglesias se vaciaron y se convirtieron en recintos blancos y desnudos.

( Mi hijo y mi nieta en el taller de dibujo en la exposición, “Libera una línea” ) (*)

En la sala posterior la exposición ofrece un taller de dibujo para niños y mayores, con fotos de las obras expuestas, pinturas y papel vegetal. En un cartel se explica: “Libera una línea. Las líneas también pueden manifestarse con toda su personalidad e invitarnos a soñar. Pueden ser liberadas y construir un mundo inventado, un mundo a mano alzada. 1. Elige una o varias líneas de la imagen que quieras. 2. Cálcala en papel vegetal. 3. A partir de ella crea tu propia obra, una letra, un dibujo, un signo…”

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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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