El Rezongón. Los plátanos hispánicus están enfermos

Por Carlos de Bustamante

( Plátanos en Zaratan. Acuarela de F. Buendía. 32×43) (*)

Hoy, sin pitorreo. El año pasado, creo recordar que, al igual que éste, los plátanos hispánicus de sombra o paseo que contemplo a diario desde el balcón de mi cuarto de trabajo, estaban también enfermos. Las manos muy abiertas de los que bien quisiera que un día sean gigantes, languidecían como las de un anciano decrépito. Hispánicus que jalonan una gran avenida con circulación continua de vehículos contaminantes. Entonces lo achaqué, creo, a la gran cantidad de gas carbónico que consideraba mortífero.

Este año es distinto y sorprendente. También languidecen las hojas: manos extendidas que piden socorro; pero sí, ahora sí que están enfermos de verdad, y no por lo que digan los ecologistas, según parece, de pacotilla.

Que yo sepa, nadie ha llamado al médico… Según parece, en opinión de mi amigo salvadoreño, Lucho, no es por contaminación del CO2. Su opinión está avalada, además de por su nada despreciable opinión como hombre de ciencia que es, por la de cientos, miles, de científicos de prestigio internacional; los mismos que califican como gran estafa lo del calentamiento global. Mis plátanos –porque con tanta observación los considero como algo mío- tienen una enfermedad bien conocida por los que tuvimos al campo y la naturaleza como “mater et magistra”. Es una enfermedad grave que suele afectar principalmente a las vides de los majuelos. Ese cultivo que se labora con mucho amor por nuestras gentes del campo y que, agradecido, “alegra luego el corazón del hombre” con riquísimos caldos y bebidas espiritosas. Mis plátanos, en fin, tienen oídio.

Porque soy viejo ochentón y tengo más grabada en la memoria el pasado –muy pasado- que lo sucedido ayer, recuerdo…

Lo dice la sabiduría popular cuando sentencia: “la lluvia por San Juan, quita vino y no da pan”. Como hablamos de oídio, me referiré sólo al por qué quita vino. Lo del pan, no toca.

Cuando finaliza la primavera y las lluvias, en esta época siempre oportunas, la calor de los “tres meses de infierno” que siguen por estas latitudes, completa el beneficio del riego que, venido del cielo, siempre es bien venido. O sea, casi siempre; porque si “cuando llueve y hace sol, hace la vieja el requesón”, no es tan agradable lo que este mismo fenómeno (lluvia y sol) hace en los majuelos. Sobre las palmas de las manos abiertas en hojas tan parecidas a las de los hispánicus, se origina una fermentación singular. Lo que allí se cuece, es el oídio. Miles, millones de habitantes tan minúsculos como maléficos. Hongos que parasitan sobre las manos que, a su debido tiempo, imploraron y recibieron la bendición. Ahora caldo de cultivo de estos seres vivos que forman sobre el verde intenso y sano eflorescencias pulverulentas que asfixian hojas y pámpanos. Color blanco –vivo-(porque vivos son los gnomos malignos), mortal de necesidad. No creo equivocar el diagnóstico si les digo que los plátanos hispánicos, de paseo o sombra, tienen oídio. Como el enemigo público número uno (filoxera aparte) de los majuelos. Pero los “míos”-¡ay!- no son excepción. En lo que fuera Granja Avícola El Rosario y la colindante Santa Ana, había, hay, un hermoso plantel de gigantes hispánicos. Los conocí de niños.

Celebrábamos un ochenta cumpleaños en el restaurante de la inmensa -¡y horror!- urbanización hecha en el campo cuando los vi “nevados”. Como los míos. Diagnóstico certero.

Por si es de asfalto y no lo sabe -señor y nuevo edil-, urge espolvorear, como en los majuelos, el follaje con azufre en polvo. Ponga amarillo, Sr., lo que ahora es blanco antes de que sea tarde. Los gnomo-hongos no perdonan. Contribuya, Sr., a la función clorofílica y manténgales vivos. Será la buena obra del verdadero ecologismo. Y de “los verdes”. Ataje Sr. Alcalde el mal, no nos suceda como con la hecatombe de la grafiosis en los olmos.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c1.staticflickr.com/9/8553/30343145361_3ca9ee0099_b.jpg

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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