Historias de mi madre. ¡Madre!

Por Carlos de Bustamante

( Procesión de la Virgen de San Lorenzo, en Valladolid. 1621. Óleo de Matías Blasco) (*)

No podría terminar las Historias de mi Madre, sin estas palabras del maestro en Amor a la Virgen –san Josemaría-, el que, a continuación de mi madre terrena, más me enseñó de palabra y escritos sobre nuestra Madre común. A lo largo de este librito, he procurado conversar con ella; extasiarme al mirarla; cantar para Ella; rezar ante Ella. Es el momento de ir un poco más lejos. Como colofón les dejo con el texto íntegro de san Josemaría. En pocas líneas, y con la contemplación de la bellísima imagen, les dirá mucho más que entre todas mis -¿farragosas?- Historias.

San Josemaría Escrivá escribe: “Di: Madre mía —tuya, porque eres suyo por muchos títulos—, que tu amor me ate a la Cruz de tu Hijo: que no me falte la Fe, ni la valentía, ni la audacia, para cumplir la voluntad de nuestro Jesús.

¡Oh Madre, Madre!: con esa palabra tuya —»fiat»— nos has hecho hermanos de Dios y herederos de su gloria. —¡Bendita seas!»

«¿Que por momentos te faltan las fuerzas? —¿Por qué no se lo dices a tu Madre: consolatrix afflictorum, auxilium christianorum…, Spes nostra, Regina apostolorum»? Consuelo de los afligidos, auxilio de los cristianos…, Esperanza nuestra, Reina de los apóstoles».

«¡Madre! —Llámala fuerte, fuerte. —Te escucha, te ve en peligro quizá, y te brinda, tu Madre Santa María, con la gracia de su Hijo, el consuelo de su regazo, la ternura de sus caricias: y te encontrarás reconfortado para la nueva lucha».

Y ahora transcribo algunas jaculatorias que utilizaba y nos recomendaba. Las jaculatorias son oraciones breves y afectuosas que se dirigen a Dios y a su Madre, madre de Dios y madre nuestra. San Josemaría las tomaba de la Sagrada Escritura o del tesoro de la tradición cristiana; otras veces surgían espontáneas: siempre estaban estrechamente relacionadas con la vida, con sus necesidades y las del mundo entero. Las decía poniendo todo el corazón y toda la intensidad de que era capaz.

«Monstra te esse Matrem! ¡Muestra que eres Madre!

Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum!: Corazón Dulcísimo de María, prepáranos un camino seguro.

Sancta Maria, Refugium nostrum et virtus!Santa María, ¡refugio y fortaleza nuestra!

Sancta Maria, filios tuos adiuva: filias tuas adiuva! Santa María, ¡ayuda a tus hijos, ayuda a tus hijas!

Sancta Maria, Spes nostra, Sedes Sapientiae, ora pro nobis. Santa María, esperanza nuestra, asiento de la Sabiduría, ¡ruega por nosotros!

Sancta Maria, Spes nostra, Ancilla Domini, ora pro nobis! Santa María, Esperanza Nuestra, Esclava del Señor, ¡ruega por nosotros!

Dominus tecum! El Señor está contigo.

Ave María purísima, sin pecado concebida.

Bendita sea la Madre que te trajo al mundo.

Beata Mater et intacta Virgo, intercede pro nobis! Bienaventurada Madre y Virgen sin mancha, ¡intercede por nosotros!

Domina, ut videam! Domina, ut sit! Señora, ¡que vea! Señora, ¡que sea!

Regina Pacis, ora pro nobis! Reina de la Paz, ¡ruega por nosotros!”

Ahora sigue tú. Santa María es una mujer maravillosa, la criatura más espléndida que ha podido el Señor crear, llena de perfecciones. Que le gusten los piropos no es una imperfección. De modo que ya sabes: tú y yo la piropearemos.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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