Los lunes, revista de prensa y red

“2017 puede hacer bueno a 2016”, de Federico Jiménez Losantos, y “El plan de Paul Ryan para reducir la pobreza”, de Juan Meseguer

( Viñeta de Nieto en ABC el pasado día 5 ) (*)

2017 PUEDE HACER BUENO A 2016

Artículo de Federico Jiménez Losantos publicado en Libertad Digital el pasado día 1

Como dice La Varsoviana, aquella antigua Marcha de los Zuavos que en español, como himno de la CNT-FAI, se llamó ¡A las barricadas!, «negras tormentas agitan los aires, nubes oscuras nos impiden ver». Pero aunque el difunto 2016 se haya ido al cementerio de los años con malísima fama, fruto de los muchos famosos cuyos funerales ofició, este 2017 recién nacido ni se abstendrá de pasaportar estrellas hace tiempo apagadas ni de asustar a una opinión pública acostumbrada a hacer himalayas de granos de arena. Este año se cumple el centenario de la Revolución Soviética. Eso sí que es un motivo de luto universal, no el Brexit, Trump o Carrie Fisher.

Y si populismo es la palabra del 2016 según el Fundación del Español Urgente del BBVA, más vale que vayamos preparando sinónimos para el 2017, porque sobrarán ocasiones de uso: Francia, Holanda, Alemania y probablemente Italia, que son casi la mitad del PIB de la Unión Europea, tienen elecciones, con serias posibilidades de triunfo de los partidarios de la ruptura de la Unión. Y por una razón que nunca se tiene en cuenta los supuestos partidarios de la UE se niegan a reconocer los que buena parte de los europeos perciben como peligros intolerables: los inmigrantes ilegales y el Islam.

El peor populismo es el buenismo

Si grave es el populismo como solución inmediatista y demagógica a problemas complejos, peor es el desprecio despótico de la casta mediática y política a la inquietud popular sobre estos dos fenómenos, que no son fruto de la globalización, como se dice, sino de la inseguridad física y real para mucha gente que no vive en buenos barrios o en urbanizaciones protegidas, y de la indudable amenaza social y cultural que supone eso que la dictadura de lo políticamente correcto llama «religión de paz y amor», o sea, el Islam.

Algunos se quejan de que pese a la abrumadora mayoría mediática que a diario niega la evidencia, una parte creciente, tal vez mayoritaria, de la opinión pública norteamericana y europea vea íntimamente conectados el auge del terrorismo islámico y la llegada al centro de Europa de millones de refugiados musulmanes acarreados sin control alguno por Merkel y los peores populistas, los buenistas, asistidos en la justificación de la violencia islamista por la mayoritaria prensa progre y el coro vaticano del Papacisco.

Lo trágico de la situación europea en 2017 no es que los máximos responsables políticos y sus agentes mediáticos –o viceversa- hagan algo equivocado con respecto a la amenaza islamista, distinta pero inseparable de la de la inmigración ilegal, sino que quieran convencernos de que no hay nada que hacer. Peor: que criticar al Islam o a la inmigración incontrolada en Europa es algo moralmente repugnante, antidemocrático y liberticida.

Lo malo, nos dicen, no es que Merkel, sin avisar siquiera a Hungría, metiera de golpe a dos millones de refugiados en la UE para disputarle el Nobel de la Paz a la Narcolombia de Santos y las FARC. Lo malo, de creer a la aplastante mayoría de los medios apesebrados en el poder político y a los políticos recíprocamente apoyados en esos medios a los que apesebran, es que un político alemán de extrema derecha diga que los muertos del último atentado islamista «son de Merkel». O que el Presidente de Hungría se niegue a aceptar la cuota de refugimerkels que le adjudiquen y recurra a un plebiscito para respaldar su posición ante los países de la UE.

Malo es siempre, en mi opinión, el plebiscito, que en el fondo es la negación de la democracia parlamentaria, pero no será peor el criticadísimo de Hungría que el apoyadísimo de Santos y las FARC, hasta que perdieron. Luego han hecho un sucio apaño para que el derrotado Santos no dimitiera y el mayor cártel de cocaína del mundo –las FARC- pueda seguir trincando millones y triscando por las verdes praderas de la comunidad internacional.

Ningún medio -en España, sobre todo, PRISA- de los que aplaudían que se celebrase en Colombia un referéndum para demostrar que el Pueblo, con mayúsculas -no reaccionarios como Uribe o Pastrana que, por suerte, ya no representan a nadie- para respaldar el acuerdo de Santos y las FARC critica ahora que Santos se niegue a consultar de nuevo al pueblo, aunque sea con minúsculas, sobre el nuevo arreglo con la narcoguerrilla comunista, responsable de 40.000 muertos. La hipocresía progre no tiene límites. Y menos, narcolímites.

No hay año malo con un Castro menos

También me parece injusto que 2016 sea sepultado entre improperios cuando ha enterrado nada menos que al infame Tiranosaurio de La Habana. Cincuenta y seis años han fracasado en eliminar de la faz de la Tierra al más abyecto –por popular- de los dictadores comunistas. La despedida, eso sí, fue tan repugnante como esclarecedora de la situación moral del mundo, que oscila entre lo penoso y lo putrefacto. Su embalsamador y legitimador, el arrogante y siniestro Obama, también se está yendo de donde más daño hacía, la Casa Blanca, dejando un rastro de pequeñas fechorías –Israel, el numerito contra Putin- en línea con sus grandes infamias: las primaveras árabes, Irak, el Irán nuclear, Cuba y la Narcolombia de Santos y las FARC. Su única diferencia con Carter es que éste era un inútil pero sólo duró una legislatura. Y Carter trajo, de rebote, a Reagan. Obama nos deja a Trump.

Naturalmente, yo no sé lo que pasará con Trump en la Casa Blanca. Probablemente, él tampoco. Pero barrunto que alguien capaz de nombrar Secretario de Estado a un señor condecorado por Putin tiene la intención de subastar la OTAN y subarrendar la seguridad de Oriente Medio a Rusia, que a diferencia de la UE y el Congreso de los USA parece que sabe tratar a los islamistas. Eso supondrá un realineamiento de las alianzas en la zona del Gran Juego de entreguerras, con Turquía pasando de frontera a huerto de Moscú y Siria como modelo a la chechena de combatir al islamismo. Berlín y París han jugado a Moscú. Van a tener a Moscú hasta en la sopa. Y uno de estos años, me sorprendería que fuera 2017, tal vez Europa vea que si no se defiende del Islam y la ruina demográfica, nadie la defenderá.

España, más de la misma nada

El panorama internacional para España es peor en 2017 que en 2016, porque para un país débil lo peor es la incertidumbre, y salvo Bélgica y un par de repúblicas ex-soviéticas, no hay en la UE un país más débil que el nuestro. Pero lo que se anuncia en el horizonte nacional es una continuidad en la lenta demolición de las instituciones básicas del Estado, tarea en la que molicie y diligencia se unen milagrosamente bajo un nombre: Rajoy. Nadie más dispuesto a hacer menos. Nadie menos dispuesto a hacer más. Pero ese escombro ideológico va seguir siendo, salvo que algún cometa lo lleve a sestear a Marte, el rascacielos político de una España huérfana de ideas políticas y ayuna de valores, la cabeza hueca de un Gobierno que se sostiene en la incompetencia de sus adversarios y en el pánico que suscitan sus enemigos. Habrá referéndum catalán. O no. Habrá masacre fiscal. O sí.

En cuanto a los deseos para el año que viene en Libertad Digital y esRadio, los dejo para la semana que viene, o sea, en manos de los Reyes Magos.

Artículo en; http://www.libertaddigital.com/opinion/federico-jimenez-losantos/2017-puede-hacer-bueno-a-2016-81020/

EL PLAN DE PAUL RYAN PARA REDUCIR LA POBREZA

Artículo de Juan Meseguer publicado en Aceprensa el pasado día 30 de diciembre

Frente a la heterodoxia del programa económico de Donald Tump, el también republicano Paul Ryan ha presentado un plan para luchar contra la pobreza que se mantiene fiel al ideario clásico del partido. Las propuestas del presidente de la Cámara de Representantes, el tercer cargo político más alto de la nación, pueden unir a un partido fragmentado en distintas corrientes y que necesita renovarse. Representante por Wisconsin y candidato a la vicepresidencia en 2012, Ryan es un buen exponente del nuevo conservadurismo que reivindican intelectuales como Arthur Brooks, presidente del American Enterprise Institute, o Yuval Levin, director de la revista National Affairs.

Ryan aporta fidelidad al ideario republicano clásico, voluntad de tender puentes y una mayor sensibilidad social

El trabajo de Ryan al frente del Comité del Presupuesto de la Cámara de Representantes le acredita como un exponente del “realismo económico”. A la vez, es una voz autorizada en la lucha contra la pobreza. En 2013, sus frecuentes visitas a barrios pobres reforzaron su convicción de que los programas sociales han de diseñarse sobre el terreno para adaptarlos a las necesidades locales, en sintonía con el enfoque “de arriba abajo” que propone Levin.

Un “speaker” interesado en escuchar ideas

De 46 años, Ryan es un líder capaz de unir a los republicanos en torno a una visión. Él mismo se quejaba el año pasado de que su partido había sido “audaz en materia de tácticas, pero tímido en cuestión de ideas y de políticas”. Esto es lo que quiere cambiar el speaker. Parece que se ha tomado en serio el consejo que daba Brooks en su libro The Conservative Heart: “Tenemos que presentar una agenda de gobierno positiva y esperanzadora, que se preocupe por mejorar la vida de todo el mundo, especialmente la de los más vulnerables, a través de políticas genuinamente conservadoras”.

No hay grandes sorpresas en la visión de Ryan. En general, defiende lo que cabe esperar de un republicano clásico: responsabilidad personal, gobierno limitado, impuestos bajos, libre mercado, conservadurismo moral… Pero sí añade dos elementos que le distinguen de muchos otros colegas suyos: la voluntad de tender puentes dentro y fuera del partido, y una mayor sensibilidad social. Dos herramientas con las que, si le deja Trump, puede construir un nuevo consenso republicano.

El plan para erradicar la pobreza, diseñado por Ryan y otros destacados representantes republicanos, forma parte de una agenda más amplia (“A Better Way”), que aspira a fijar la posición del partido en otros cinco puntos: seguridad nacional, economía, Constitución, reforma sanitaria e impuestos.

Ayudar de cerca

Los republicanos quieren romper algunas inercias que arrastran los demócratas desde los tiempos de Lyndon Johnson y su “guerra contra la pobreza”. Una es la de crear un programa para cada problema social: “Washington mide el éxito de sus medidas por la cantidad de dinero que gasta y por el número de programas que crea. Necesitamos abrir el sistema [de protección social] a la rendición de cuentas y a la colaboración. Eso implica más voces en la toma de decisiones y más herramientas para identificar qué es lo que funciona y lo que no”, afirma el resumen ofrecido por la oficina del speaker.

La idea es que el gobierno federal se retire de algunos ámbitos que ha ido colonizando –actualmente, 13 agencias gubernamentales gestionan más de 80 programas en todo el país–, y que deje entrar a las organizaciones benéficas, empresas y autoridades locales que trabajan sobre el terreno. El plan prevé incentivos para ellas, así como acuerdos de colaboración con proveedores del sector privado, remunerados según los resultados.

Subvenciones de doble filo

Otra inercia de la política social defendida por el Partido Demócrata, según los republicanos, es la tendencia a reforzar la dependencia de los ciudadanos, sin estimularles a ganarse la vida o a progresar en la escala social. El documento original, de 35 páginas, lo ilustra con un ejemplo ficticio de Pensilvania, donde se solapan varios programas de ayuda: una madre soltera con dos hijos gana un sueldo de 7,25 dólares por hora. Si acepta un aumento de hasta 10,35 dólares, tendría que pagar más impuestos mientras vería disminuir las prestaciones que recibe por distintos conceptos; por cada dólar adicional que ganase tras la promoción, solo retendría 10 centavos. Y si consigue un salario aún más elevado, podría terminar peor que cuando ganaba los 7,25 dólares.

Los republicanos no niegan que algunos de los programas basados en transferencias monetarias hayan resultado eficaces. Pero denuncian que el sistema actual está alimentando la mentalidad de que el Estado debe proveer de todo: “En vez de dejar que la gente languidezca, les ayudaremos a subir por la escalera de las oportunidades para que saquen el máximo partido a sus vidas”.

El plan pide que el gobierno federal se retire de algunos ámbitos y que deje entrar a las organizaciones benéficas, empresas y autoridades locales

La metáfora tiene implicaciones concretas. Para reforzar la responsabilidad personal, el plan propone implantar nuevas reglas que garanticen que los beneficiarios de las subvenciones no dejan de buscar empleo de forma activa; crear más incentivos para que a la gente le compense trabajar en vez de vivir de la providencia pública; y reducir los impuestos y los costes laborales de los empresarios, para que no se pierdan oportunidades de empleo.

Desventajas de partida

El plan también aboga por limitar las ayudas monetarias del Estado a los que de verdad la necesitan. Y propone volcarse en los programas destinados a ampliar las oportunidades de quienes parten en desventaja. Es en este capítulo donde se nota más la huella de las organizaciones que están en la primera línea de la batalla contra la pobreza: hay medidas para promover los programas de desarrollo infantil temprano; de nutrición; de rehabilitación juvenil; de formación profesional…

El documento identifica la inestabilidad familiar –expresada, sobre todo, en el aumento de familias monoparentales y en la crisis del matrimonio en la clase trabajadora– como uno de los obstáculos a la movilidad social. “El matrimonio es un elemento de lo que se conoce como ‘la secuencia del éxito’, tres hitos que están asociados a una tasa de pobreza baja. Quienes acaban la secundaria, trabajan a tiempo completo y posponen los hijos hasta que se casan son menos propensos a quedarse en riesgo de pobreza”.

Para los republicanos, el sistema actual de protección social podría estar exacerbando el problema: “Cuando un hombre y una mujer con ingresos bajos se casan, la suma de sus ingresos salariales y por protección social casi seguro que será más baja que lo que conseguirían de forma separada”. De ahí que quieran eliminar de los programas federales y del sistema fiscal las penalizaciones al matrimonio.

Habrá que ver qué hace Trump con estas propuestas. De momento, la agenda de Ryan envía un mensaje a sus colegas de partido: igual que hay “una forma mejor” de combatir la pobreza distinta a la demócrata, hay un modo de ser conservador que no tiene por qué discurrir por los carriles de la confrontación.

Ver artículo completo en: http://www.aceprensa.com/newsletter-article/el-plan-de-paul-ryan-para-reducir-la-pobreza/


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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