Los lunes, revista de prensa y red

“A la derecha de la razón”, de Cayetana Álvarez De Toledo, y “Carta de un deplorable a una cosmopolita”, de Santiago Abascal

( Viñeta de Peridis en El País el pasado día 18 de enero) (*)

A LA DERECHA DE LA RAZÓN

Artículo de Cayetana Álvarez De Toledo publicado en El Mundo el pasado día 16 de enero

La mañana siguiente a la renuncia de Aznar como presidente de honor del Partido Popular, un programa de televisión me pidió una entrevista. Mientras esperaba en una sala glacial del Círculo de Bellas Artes, con un pinganillo en el oído, pude escuchar cómo cuatro periodistas discutían, casi a gritos, sobre el tema planteado por el moderador: «¿Existe espacio a la derecha del PP?» Intenté rebatir la pregunta, pero fue inútil. «Ya, pero contésteme: ¿Aznar radicalizará aún más su discurso?» Me acordé de cuando un director de este periódico tituló: «La derecha del PP ataca a Rajoy por permitir el 9-N». Se refería a Libres e Iguales, una plataforma entre cuyos impulsores están Fernando Savater, Nicolás Redondo, José María Fidalgo y Joaquín Leguina. La lectura de la decisión de Aznar como una reacción de la derecha contra Rajoy se ha consolidado. Unos se han hecho ilusiones, otros se han hecho cruces y los terceros han dictado sentencia: «Aznar quiere ser el Trump español». Pero, ¿y si la premisa fuera falsa? No me refiero a las intenciones de Aznar, esfinge sobre la que es inútil especular. Me refiero al análisis de datos y hechos. ¿Está el PP de Rajoy en el centro? El flanco que ha dejado expuesto, ¿es el de la derecha? ¿Y qué tiene que ver ese hueco con Trump?

La confusión en torno a las categorías ideológicas es una vieja patología española. Aquí los extremistas definen a los centristas y no al revés. Así, negociar con Puigdemont es prueba de moderación y confrontarlo, de intransigencia. A esta inversión moral se añaden otros equívocos. El más común es el que confunde la indefinición con la centralidad.

Los españoles nunca han situado al PP más a la derecha que ahora

Las encuestas son terreno escurridizo y mucho más las que recogen percepciones. Pero a veces desmontan mitos. Entren en la página web del CIS: http://www.analisis.cis.es/cisdb.jsp. Verán una serie histórica con las respuestas de los españoles a una doble pregunta: dónde se ubica usted en una escala ideológica del 1 al 10 y dónde ubica al PP. Ni con el antiguo ministro franquista Fraga, ni con Aznar durante la guerra de Irak, ni cuando Rajoy recogía firmas contra el Estatuto catalán. Los españoles nunca han situado al PP más a la derecha que ahora. En 1989 lo colocaban en el 8,27 de la escala. En 2004, en el 7,66. En 2008, en el 7,81. Hoy lo sitúan en el 8,35.

En otro recoveco del CIS encontrarán un gráfico de autoubicación ideológica: con Aznar los españoles se desplazaron a la derecha, mientras que con Rajoy se han movido más a la izquierda que nunca. Este dato puede imputarse a la irrupción de un populismo de extrema izquierda o incluso a la aparición de Ciudadanos. Pero eso no exonera al PP. ¿Qué ha hecho para defender su espacio electoral? ¿Qué pedagogía? ¿Qué discurso? ¿Qué políticas?

El PP de Rajoy protagoniza una amarga paradoja: nunca ha sido considerado más de derechas y nunca ha tenido menos perfil ideológico. La estrategia iniciada en el congreso de Valencia de 2008 ha desembocado en un achicamiento de su espacio, precisamente por el centro. Y eso que su política ha sido vacilante, contradictoria y en muchos casos definida por la izquierda. El problema del PP es que ha confundido el centro con la nada y el partido con un club privado. Un club que no suma nuevos socios, en el que no corre el aire, en el que sólo figuran los fieles. Una cápsula tecnocrática que no piensa ni padece. Un nuevo búnker.

¿Cómo se reconstruye un proyecto ideológico bajo la sombra de Trump?

En un ensayo titulado Tras el 9-M: perder y perderse, Miguel Ángel Quintanilla concluye que la articulación de una mayoría no depende de la ubicación en la escala ideológica sino de la nitidez y fuerza del proyecto. «El votante centrista no es el que dirige su voto hacia el centro sino desde él». Por eso un partido perfectamente centrado puede desaparecer. Como ocurrió con UCD y el CDS, y como puede ocurrir con Ciudadanos. La capacidad de convocatoria es función directa del coraje y la claridad. E incompatible con la indefinición.

Ante esta apelación a un rearme ideológico, cualquier incauto exclama: ¡Eso es Vox! Otro equívoco. Por oportunismo o por convicción sobrevenida, Vox ha ido deslizándose por una pendiente inquietante. Reunión formal con el Frente Nacional. Acercamiento a la ultraderecha alemana y austríaca. Plagio del lema de Trump. Eso no es el futuro de la derecha española. Eso es nacionalismo, populismo, involución.

En unas semanas, el PP celebrará su primer congreso en cinco años. Ninguno de los asuntos que acaparan la atención mediática -Soraya vs. Cospedal, las primarias, la limitación de mandatos- aporta nada al debate esencial: ¿qué proyecto ideológico debe defender un partido de derechas en España, se llame o no PP? Y, sobre todo, ¿cómo lo construye bajo la sombra de Trump?

La victoria de Trump representa un desafío inédito para las derechas europeas. Nunca nadie había logrado la presidencia de Estados Unidos desde posiciones teóricamente afines a las suyas y, sin embargo, tan ajenas y tan extremas. Trump es a la derecha lo que Podemos a la izquierda: una aberración. Un repliegue visceral que, sin embargo, ha conseguido un triunfo espectacular. El impacto es equiparable al que sobre la izquierda habría ejercido la victoria de un Podemos en Francia o Alemania. Se podrá decir, como ha hecho hábilmente Gallardón, que no ha ganado Trump sino el Partido Republicano. Y que los republicanos y el propio sistema institucional americano limitarán su margen de maniobra. Pero cuando el extremo se convierte en mainstream, el mainstream debe reaccionar.

El congreso del PP, sin embargo, pretende discurrir ajeno a esta nueva realidad. Sus ponencias suman 250 páginas de retórica inútil. Asombrosamente inútil para pensar qué se hace frente al nuevo aislacionismo americano. Y frente al proteccionismo. Y ante la inmigración. Habrá que debatir sobre la conversión mediática de la política en una bochornosa pornografía. Y también sobre un grave problema de la derecha, que es el de eludir las batallas culturales. Valga como ejemplo la llamada post-verdad, que ha adquirido la categoría de problema central sólo cuando la izquierda se ha visto amenazada.

Si el extremo pasa a ser el ‘mainstream’, el ‘mainstream’ tiene que reaccionar

El debate precongresual es también inútil en el gran asunto español. Habrá que salir de la zona de confort. Ir más allá de la afirmación banal de que «cualquier reforma constitucional debería concitar el consenso logrado para su aprobación». Combatir el nacionalismo con algo más que un diálogo vacío. Proponer una estrategia de cierre del modelo de Estado.

No, no hay espacio a la derecha del PP. Lo que hay es un desafío ideológico y político en el gran espacio a la derecha de la izquierda. El más importante desde su reencuentro con la democracia.

Artículo en: http://www.elmundo.es/espana/2017/01/16/587be633e2704e1e088b4670.html

RESPUESTA DE ABASCAL A ÁLVAREZ DE TOLEDO
CARTA DE UN DEPLORABLE A UNA COSMOPOLITA

Artículo de Santiago Abascal publicado en La Gaceta el pasado día 18 de enero

El mejor chiste que leí el año pasado en la prensa fue la tribuna de John Carlin en El País en la que trataba de encajar en su cabeza la victoria de Donald Trump: “Compartimos la idea nosotros, la élite cosmopolita que lee diarios como El País o que escribe en ellos, de que 2016 ha sido un annus horribilis”. Imagino a Carlin diciéndose a sí mismo ante el espejo, muy ufano, eso de «Nosotros, la élite cosmopolita» mientras se besuqueaba las yemas de los dedos para luego depositar el auto-beso en sus mejillas. Pobre.

Risas parecidas me ha causado la tribuna de Cayetana Álvarez de Toledo en El Mundo (16-1-2017) sobre si hay, no hay, o no conviene que haya, un partido a la derecha del PP.

Cayetana Álvarez de Toledo pertenece a la misma –sin risas, por favor- ‘élite cosmopolita’ que Carlin: tres nacionalidades y varios pasaportes, diputada por el PP a los 32 años durante dos legislaturas, tribunas en importantes periódicos y bendición laica recibida por esa ONG de millonarios que es el Foro Mundial de Davos, con el título de «young global leader».

Unos dicen élite. Otros, a la vista de la situación de Europa y Norteamérica, con un empobrecimiento general salvo para los muy ricos, con la brutal dictadura del pensamiento único, con la sustitución de poblaciones, con la violación de sus leyes por parte de los Gobiernos y con las guerras fomentadas en Oriente Próximo, preferimos hablar de oligarquía y, además, de oligarquía corrupta y fracasada.

En su tribuna, Álvarez de Toledo reprocha al PP de Mariano Rajoy que, a pesar de haber renunciado a cualquier actitud o principio ‘de derechas’ (concretémoslo: unidad nacional, bajada de impuestos, reducción del Estado, preocupación por el desfavorecido…) es considerado más de derechas que nunca. En las encuestas del CIS los españoles le sitúan más a la derecha que la AP de Fraga y el PP de Aznar. ¿Para eso le ha servido a Rajoy su consolidación del zapaterismo (cesión ante separatistas, memoria histórica, aborto, ideología de género, alianza de civilizaciones…) ?

Aquí doña Cayetana da un salto que le lleva a arremeter contra Donald Trump, que según ella no es de derechas, y hasta contra VOX, partido que tengo el honor de presidir. En su opinión, el PP y otras derechas europeas deben dar una batalla ideológica contra la izquierda. Pero a qué ‘derechas’ se refiere: ¿a la corrupta democracia cristiana italiana?, ¿a los populares austriacos que se reparten con los socialdemócratas el Estado desde hace décadas?, ¿a la CDU de Merkel que ha introducido más de un millón de inmigrantes en Alemania vulnerando las directivas de la UE?, ¿a los liberales belgas y holandeses que aprueban leyes de eutanasia para niños?…

En este punto Álvarez de Toledo resbala, porque, como miembro de ese mainstream que cita, no puede ver o no quiere ver que esas ‘derechas’ hacen la misma política que propone la socialdemocracia. Precisamente por eso el PSOE, el SPD alemán, el PSF francés y el laborismo británico se van extinguiendo en cada elección: porque su programa (el totalitarismo de ‘género’, la inmigración bien dirigida, la cristianofobia, la imposición del multiculturalismo…) ya lo ejecutan con más eficacia las viejas derechas del continente. En unas sociedades cada vez más envejecidas, los Rajoy, Fillon y Merkel son más tranquilizadores para los jubilados y los funcionarios que los Corbyn, Valls y Melenchon. Pero no dejan de ser exactamente lo mismo.

Como tantos tertulianos últimamente, doña Cayetana aprovecha para atizar un palo a VOX. «Por oportunismo o por convicción sobrevenida, VOX ha ido deslizándose por una pendiente inquietante. Reunión formal con el Frente Nacional. Acercamiento a la ultraderecha alemana y austríaca. Plagio del lema de Trump. Eso no es el futuro de la derecha española. Eso es nacionalismo, populismo, involución» escribe Álvarez De Toledo aplicando a VOX el mismo cordón sanitario que la izquierda, el marianismo y los separatistas. Lástima.

Si somos tan irrelevantes, ¿por qué le preocupa lo que hagamos en VOX?, ¿o es que como otros que me lo han dicho en privado (por miedo) sabe que es inevitable que la victoria de Trump, y el ascenso de los partidos soberanistas e identitarios de la alt-right en Europa, se produzca tambien en España, que desde el siglo XIX marcha con retraso en todas las novedades políticas?

¿Somos nacionalistas en VOX? No, somos patriotas; no odiamos a nuestros vecinos, ni afirmamos nuestra identidad contra nadie. Sólo aspiramos a que nuestros representantes defiendan lo nuestro, no los intereses de las oligarquías políticas, mediáticas y económicas. ¿Somos populistas? Como bien ha escrito Chantal Delsol, ése era el insulto de la élite cosmopolita de la Grecia y la Roma clásicas contra los tribunos de la plebe, cuando ésta se rebelaba harta de aguantar corrupción, impuestos y guerras. ¿Involución? Esta acusación es la más risible. ¿Somos involucionistas quienes queremos romper con un sistema politico y económico mantenido casi imperturbable desde la posguerra, un sistema que está sustituyendo la voluntad popular por el dictado de las oligarquías? No pretenderá la señora Cayetana Álvarez de Toledo, la «young global leader» pasar por una romántica y moderna rebelde mientras sigue obediente el discurso de esa “élite cosmopolita” .

Los pueblos europeos y americanos están hartos de mentiras y engaños, de que se les diga que viven en democracias pero se impongan políticas, no sólo sin contar con ellos sino contra sus deseos, y que encima les abronquen e insulten cuando votan desobedeciendo los poco sutiles consejos de ésta. Para la oligarquía corrupta, la de los Clinton y Soros, los Juncker y Merkel, esos europeos y americanos rebeldes somos solo “deplorables”. Pero el mejor error de estos poderosos es negarse a ver la rebelión, que comenzó con la crisis de 2008 y que ya es imparable desde que convocaron a Europa a millones de refugiados, reales y falsos; desde que los islamistas empiezan a controlar barrios enteros de las ciudades y cometer atentados; desde que las familias salen a la calle a exigir libertad para educar a sus hijos. Los austriacos, los franceses, los alemanes, los húngaros, los polacos, los británicos, los holandeses… ya no se amedrentan cuando los voceros del sistema tratan de expulsar de las elecciones a los candidatos identitarios con las invectivas de costumbre: fascistas, racistas, xenófobos, aislacionistas. Este es ahora el verdadero corazón de Europa y de Occidente. Y lo mismo ocurrirá más temprano que tarde en España, por mucho que a Cayetana Álvarez de Toledo le asuste. Y además es necesario que ocurra.

En un ensayo escrito durante la guerra civil española, Liberalismo y comunismo, el doctor Gregorio Marañón diagnosticó el defecto de los liberales de su época, que hacían de compañeros de viaje de la extrema izquierda, comunista o socialista: padecían los defectos de “la ceguera para los colores, el del daltonismo, el de la incapacidad para ver el despotismo cuando aparece teñido de rojo”. Y prosigue: “Lo que caracteriza a este liberal —el falso, pero, con mucho, el más numeroso— es el pánico infinito a no parecer liberal. El mayor número de estos liberales no se preocupa de lo que significa, en su hondo sentido, el seguir una conducta liberal, sino en parecer liberales a los demás”.

Quizás me equivoque, pero me parece que doña Cayetana padece esa enfermedad expuesta por Marañón y actualizada: el pánico infinito a ser calificada ‘de derechas’ o ‘populista’ en los ambientes de Davos o en un editorial de El País.

En lo que no me equivoco es en que Álvarez de Toledo, al empeñarse en mantener la ficción de que el PP puede renovarse desde dentro, mantiene, con argumentos más elaborados, eso sí, lo mismo que en las calles y bares me espetan algunos: que no quieren tirar su voto dándoselo a VOX o que hay que mantener la unidad de la derecha porque si no vienen los rojos de Podemos. La consecuencia de la conducta de doña Cayetana y de estos ciudadanos desorientados es que siguen cavando dentro de un agujero en el que nos dicen que no quieren estar. Contradictorio, ¿no? Es decir: apuntalan a Mariano Rajoy, a sus abogados del Estado y, por tanto, todas y cada una de sus políticas, desde el fomento de Podemos en las televisiones (casi todas las mañanas a eso de las dos de la tarde en las tertulias de Cuatro y La Sexta aparecen simultáneamente Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Carolina Bescansa o cualquier otro dirigente morado; ya me gustaría a mí tener la décima parte de ese tiempo en antena), a los chanchullos con los separatistas vascos y catalanes, desde la rendición ante el lobby LGTBI al acarreo de millones de inmigrantes porque «vienen a pagarnos las pensiones».

En los años 90 del siglo pasado, la derecha reprochaba a los andaluces del campo que vendieran su voto al PSOE a cambio del subsidio del PER. Veinte años después, la derecha se ha degradado tanto que regala su voto al PP sin pedir nada a cambio. En cambio, algunos consiguen que los miembros de la elite cosmopolita los acepte como uno más y hasta les nombre «young global leader».

Artículo en: http://gaceta.es/noticias/carta-abascal-alvarez-toledo-deplorable-cosmopolita-18012017-1323


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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