25 años D.O. “Cigales”. 8. Bodegas: Pasado y Presente

Por José María Arévalo

( Bodegas. 2001. Óleo de José María García Fernández, “Castilviejo”) (*)

Seguimos con los artículos del libro conmemorativo “La comarca vitivinícola de Cigales: viñedos, bodegas y vinos. 25 años de la D.O. Cigales” que venimos reseñando, hoy con el de Miguel Ángel García Velasco, Gerente de la Ruta del Vino de Cigales, que titula “Bodegas: Pasado y Presente de la D.O. Cigales”, dentro del primer capítulo, “Constitución y evolución de la D. O. Cigales”. Recogemos en este artículo de hoy su primera parte, que lleva el título “De viticultores a bodegueros”, e incluiremos en artículo siguiente la última parte, “Bodegueros: protagonistas en sus municipios”. Entre ambas García Velasco relaciona – lo que dejamos para otra ocasión, dada su extensión- , una por una, todas las bodegas de la D. O, con su historia particular, desde la de Remigio de Salas Jalón, en una de cuyas puertas figura la fecha de 1738 y se tiene constancia de que la familia Medina Rosales ya elaboraba vino en esa época; hasta la Bodega Proeza la última creada, en 2012, en la localidad de Corcos del Valle.

“Históricamente –comienza Miguel Ángel García Velasco su artículo-, los bodegueros de la actual Denominación d Origen Cigales empezaron en la bodega subterránea de su propiedad, heredada por sus antepasados, elaborando en la prensa horizontal. Eran viticultores a la par que bodegueros, y empezaban a comercializar vino en los entornos más cercanos, aparte del autoconsumo.

A lo largo de las décadas pasadas, las bodegas han sufrido una gran transformación en cuanto a modernización de equipos, instalaciones, diseño e imagen. Muchas de ellas no han perdido el carácter familiar y ofrecen su pequeña historia con mucho orgullo y honestidad. Espacios modernos pero sencillos con los ojos puestos en futuras inversiones que mejoren las instalaciones para las visitas como ya se están produciendo.

La crisis de la filoxera y la competencia de vinos manchegos desanimó a diversos viticultores a reponer viñedos en su totalidad hasta la década de los sesenta. Se realizó un gran esfuerzo por parte de particulares y sociedades cooperativas, pero durante los años cincuenta-sesenta algunos viticultores abandonan las viñas. Precisamente en este momento aparecieron las primeras bodegas industriales y cooperativas que no renunciaron y empezaron a mejorar la calidad. Sin embargo el éxodo rural y los cambios socioeconómicos produjeron un retroceso en el viñedo viviendo momentos complicados.

Durante la década de los años sesenta, pocas empresas vitícolas de gran envergadura existían en Castilla y León. La mayoría de los viticultores eran pequeños propietarios, que elaboraban sus vinos individualmente en bodegas subterráneas, dentro o fuera de los pueblos. Otros abandonaron la vinificación individual y vendían su cosecha a cooperativas o bodegas industriales, dependiendo en exceso de la añada.

En el viñedo del Bajo Pisuerga, toda una serie de bodegas industriales se instalaron, especialmente en Cigales, Mucientes y Fuensaldaña, para elaborar el vino rosado apreciado en Valladolid, como cliente principal para el vino a granel embotellado en la década de los sesenta.

Durante las décadas de los sesenta y setenta se produce un declive del que cuesta recuperarse, debido fundamentalmente a la pérdida de viñedos, abandonos de actividad y poca posibilidad de invertir en instalaciones más actualizadas para dar equilibrio a los vinos. Es por ello por lo que aún seguía muy vigente la tradición de vender el vino a granel como forma de negocio bodeguero. Las bodegas tradicionales apenas eran cotizadas, por lo que muchas de ellas dejaron su uso elaborador convirtiéndose muchas, tras una reforma, en merenderos. Actualmente es un bien codiciado pero sin su función primitiva, incluso muchas han perdido su fisonomía tradicional interna resultando difícil descubrir lo que fueron hasta hace unas décadas.

Durante los años ochenta se produce un cambio radical con el desarrollo de bodegas nuevas con personal más cualificado. Compran material moderno y adecuado, produciendo mejores vinos y comercializándolo más en botellas. Muchas de estas bodegas son antiguas empresas locales que se amplían y modernizan.

La década de los ochenta y noventa marca un giro radical en el rumbo del vino de la zona, recuperando el viñedo, apareciendo nuevas bodegas y saliendo al mercado nuevos vinos etiquetados. Nuevos tiempos que han dado lugar a nuevas edificaciones, fundamentalmente en los espacios extramuros tradicionales vinarios. Este hecho ha significado que han proliferado en todas las localidades de la comarca las impersonales y seriadas bodegas con naves de arquitectura tipo industrial buscando la practicidad por encima de la estética en el diseño del edificio o posicionamiento de la marca. El panorama vitícola que era poco halagüeño hacia 1980, resurge con los trabajos para la creación de la Denominación de Origen y la década de los ochenta se convierte en unos años de recuperación y auge.

En Castilla y León, el mundo del vino se ha construido con un cimiento familiar y rural. La mayor parte de las bodegas, con más de veinte años de singladura, hunden sus raíces en pequeñas poblaciones que hace tan solo tres décadas eran meros nombres en el mapa físico sin vinculación a los vinos de calidad. Algunas de ellas dieron el salto que el mercado y los tiempos exigían, entrando de lleno, en la revolución tecnológica que supuso, en los noventa, el nacimiento de las denominaciones de origen, y con ellas, los vinos con mayores controles de calidad. Nada de esto hubiese ocurrido si los pequeños viticultores, aferrados al cultivo de sus majuelos, no hubiesen apostado por trabajar sus propias uvas y construir una nueva bodega modernizando las técnicas de elaboración.

Los vinos de Cigales volvieron a resurgir y, pasado algún tiempo, viticultores y vinicultores, trabajaron para apostar por los vinos elaborados con esmero y tradición, cansados de las adulteraciones y conscientes de la necesidad de proteger el nombre contra las presentaciones fraudulentas, por lo que solicitan a la Administración una denominación que proteja el nombre. Tenía producción limitada y la comercialización en España era muy fácil.

En la actualidad los bodegueros de la D.O. Cigales tienen un prestigio reconocido y disfrutan de unas instalaciones, cada vez más adaptadas a las exigencias del mercado y las nuevas tendencias en las que priman la estética conjugada con la practicidad, generando un valor en la marca bodeguera necesaria en el siglo XXI.

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LAS BODEGAS HASTA 1980

Ubicar temporalmente las diferentes bodegas que han estado vinculadas a la D. O. Cigales durante su presencia es un aspecto difícil debido a que en muchas ocasiones no hay documentos que lo acrediten, y con las fuentes orales es complicado matizar los momentos exactos. A pesar de todo, y gracias a la bibliografía existente y a las entrevistas realizadas a los bodegueros implicados, se muestra una relación de las bodegas existentes en esta comarca con su evolución histórica.»

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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