Viviendo la Semana Santa

Por Javier Pardo de Santayana

( Iglesia Santa María, en Bárcena de Cicero ) (*)

Llegada la Semana Santa se nos hecho ya casi costumbre ir a La Montaña para celebrarla – o mejor, para vivirla – en un ambiente en el que se acumula la añoranza de gratos recuerdos familiares. Para pasar de la relativa soledad del campo al recogimiento de los templos, que cito en plural ya que cada año la vigilia del Sábado Santo se celebra en un lugar distinto. Para vivir ese momento mágico en el que la oscuridad de la tristeza y de la muerte abre paso a la luz de la resurrección y la alegría.

Así hemos ido de un lugar a otro conociendo mejor, o descubriendo incluso, otras parroquias distintas a la nuestra, como las de Treto, Gama o Ambrosero, pertenecientes todos ellas al Municipio de Bárcena de Cicero, en la comarca de Trasmiera. Templos antiguos de entre los siglos XVI y XVII, embellecidos por el esplendor de unos retablos que representan nada menos que la historia de la salvación del hombre; rincones entrañables de religiosidad sentida y de encuentro con el Misterio con mayúsculas. Momentos vividos intensamente por generaciones y generaciones de españoles y en loa que nosotros mismos nos sumergiremos en la Noche Santa.

Ahora, en la oscuridad de esta noche sabatina, que es como decir la de nuestras propias almas, y con la fe que palpita en las pequeñas luces de las velas, se escucharán en un silencio recogido palabras de dimensiones cósmicas que parten de la nada que precedió a la creación del mundo y que nos sitúan en la incógnita de la existencia humana. Palabras cruciales que sería pecado echar en saco roto porque se trata de la esencia de nuestra propia historia y no de simples creaciones literarias.

Luego la noche se iluminará de pronto, como si el templo entrara en esa bella historia – “la más bella historia jamás contada” – que es el relato estricto de la salvación del hombre. Momentos de lucidez que nos sitúan a solas con en misterio inexorable que se nos presenta desde que tenemos “uso de razón”.

Y aún, a lo largo de esta semana iniciada en la esperanza gozosa del Domingo de Ramos, desnudaremos una tarde nuestros pies para sentir el contacto de la misericordia redentora, recordaremos el momento en que Cristo nos regaló la eucaristía – ese presente divino de sí mismo -, y recorreremos el “Via Crucis» sintiendo en cada tramo del camino, paso a paso, la generosa entrega del Dios vivo entre nosotros, martirizado por nosotros, rechazado y muerto por nosotros, incomprendido por nosotros.

La reflexión nos lleva luego a meditar sobre nuestra respuesta; es decir, sobre la respuesta de los hombres a la generosidad de Dios. Y así nos viene a la memoria, sobre todo, el abandono cuando no el rechazo de sus palabras y su ejemplo; esa interminable relación de negaciones que cada día nos transmiten las noticias. Vemos cómo cada noche se van apagando muchas de las luces encendidas; como se sigue persiguiendo a los cristianos probablemente ahora más que nunca, cómo incluso se promueven leyes aberrantes.

Y sin embargo, en esta Semana Santa de 2017 también veo un destello de esperanza. Pese al encono en contra, pese a la espectacularidad del desprestigio alimentado incluso desde el poder político – pese a todos los pesares – constato que muchos de los medios españoles reflejan de forma apabullante que la Fe sigue viva en nuestros pagos y que hay muchos españoles que no tienen reparo en demostrarla, en hacerla patente incluso clamorosamente. Que esa Fe que tantas veces quisieron erradicar algunos de nuestros compatriotas sigue en las raíces mismas de nuestra cultura. Tanto, que se expresa en las calles, en las plazas y en las avenidas, en todos los rincones de la piel de toro con motivo de la Semana Santa como una de las más auténticas y más profundas de nuestras expresiones públicas. Como un latido imparable, indestructible, de los españoles fieles a sí mismos.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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