Progreso y robots. Majuelos (I)

Por Carlos de Bustamante

( Viñedos de Vega Sicilia) (*)

Lindante la Verde y ribereña del Duero Dehesa de Peñalba, con tierra de pinares, tenía sí, un terreno limoso y fértil, casi todo…; pero sin solución de continuidad, también los había arenosos y con exceso notable de “cascajo”: cantos rodados de cuando el valle en caos era todo él un más que probable cauce fluvial. Por el arrastre de “quisió ande”, con las corrientes “vinon” cantidad de cantos rodados (cascajo), que asfixiaban la fertilidad del suelo.

Desde tiempos muy remotos, pues, y según consta en documentos incunables, en la propiedad que fuera de don Diego la Gasca y García de la Vega, marqués de Revilla y vizconde de Peñalba, se cultivaron majuelos (viñas) de calidad contrastada por siglos de antigüedad. ¿Dónde?: parece que la sabiduría ancestral labradora, plantó sus majuelos en aquellos terrenos que, menos fértiles para los cultivos más exigentes, consideraron apropiados para el producto –el vino- que tradicionalmente le sigue en importancia al pan. Refranero y, por ello dicen que, con perdón, puñetero este rezongón nombro sólo algunos de los cientos de ellos que a todos nos resultan más o menos familiares: “con pan y vino se anda el camino”. “Échame pan y llámame perro”. “Agua a Dios y vino en bota”. “El camello es el animal que más resiste sin beber; no sea usted camello”.”Al pan, pan; y al vino, vino”…. Total, que los cachos de la Dehesa más arenosos o “cascajosos”, fueron los elegidos para majuelos.

Aunque el nombre a ustedes les diga poco o nada, me pete recordarlos: majuelo del “Picón delante de las casas”. (El que con uvas selectas de mesa, lo teníamos a mano para, darle más de un “tiento” sin apenas desplazamientos). Majuelo de “la Matilla”. Majuelo de la Noria”. Majuelo “del Ruso”. Majuelo “de la Portillera”. Majuelo “del Redondal”. Majuelo de “la Cuadra del Caballo”. Majuelo “del Sotillo”. Y se acabó. Unas treinta-cuarenta hectáreas en total de majuelos, que plantados con palos de la Borgoña francesa, producían caldos de gran calidad. Terrenos pedregosos o de arena fértil que contribuían a que el apelativo de “la Verde”, le fuera más adecuado al conjunto de la Dehesa de Peñalba.

Puestos ya en situación intentaré ir al grano –de la uva en este caso- no me vaya a ir en prolegómenos de un tema, que no por “penúltimo” (¿) carece de importancia. Es más, no creo equivocarme si les digo que la humilde cepa cultivada en terrenos humildes, desplaza sin prisa y sin pausa a los tradicionales de renombre. Al menos es lo que veo suceder en estos pagos, ribereños del padre Duero.

No tanto como en los artículos anteriores en los que pormenoricé los robots y el progreso en los cultivos considerados básicos para la subsistencia y que mal o bien lo hice por vividos, en éste que denomino majuelos, lo haré más por lo estudiado y visto que por lo experimentado. O sea, que nunca fui vitivinicultor. Mejor y más cierto aún: trabajé y dirigí el trabajo en los majuelos, pero sin bodega donde elaborar y hacer el vino. ¿”Corto y cierro” entonces como con las “arradios”? No. Es un mundillo éste tan apasionante y tantas las bodegas visitadas con “catas” en ellas normalmente moderadas…, que mucho me temo no despachar el tema tan pronto como el “improbable lector” quisiera.

Se lo he dicho hasta aburrir que el que suscribe es castellano de “tierra Medina” y ascendencia montañesa (foramontano). Sin embargo y porque pertenezco desde el uso de razón al puro terruño del valle del Duero. ¿Cómo, pues, amante empedernido del campo, no saber del sello que hoy caracteriza el valle, vino de la Ribera del Duero?
Si la tantas veces referida Dehesa de Peñalba tenía y tiene seis kilómetros de ribera en el Duero ¿cómo no figura entre la muchas explotaciones agrarias que, menos ribereñas, son afamadas por los exquisitos caldos que marcan huella indeleble en el mercado, nacional e internacional, del vino? Y ¿cómo no figura en la lista de bodegas tan afamadas como Vega Sicilia, Viña Mayor, Arzuaga, Matarromera, Mauro, Dehesa de los Canónigos, Tinto Pesquera, Villacreces, Vizar…?

Porque trato de progreso y robots, he de volver a la prehistoria de los majuelos y del vino como principal fruto de ellos:

Para que una labranza, negocio o empresa del tipo que sea, resulte rentable, opino que debe tener calidad y cantidad suficientes, para que robotizada, sea cuando menos rentable para amortizar las inversiones y como siempre retribuir a quienes trabajan en ellos de forma que les permita llevar la vida digna que merece toda persona humana.

Opino también y no creo ser argumento baladí, que el negocio del vino suele ser más idóneo cuando lo avala la tradición y, por ella, experiencia. Dicho esto, importa muy mucho dejar constancia de que, excepto la Dehesa, cuantas labranzas hacían ribera con el padre Duero pertenecieron a diversas órdenes religiosas de monjes que el “ora et labora” por lo común tenía especialidad en la producción de vinos de calidad. Así la Cándida y Canónica Orden Premonstratenses, o también Orden de Canónigos Premostratenses. Orden religiosa católica de canónigos regulares de derecho pontificio, fundada por Norberto de Xanten en 1120.El nombre se debe al lugar donde se originó, en la abadía de Prémontré (Francia). Su vida se basa en la Regla de San Agustín. Los religiosos de este instituto son conocidos el nombre de «canónigos blancos», debido al color de su hábito, o «norbertinos», derivado de su fundador. En España se les conoce como mostenses, aunque suele usar también otros apelativos como premostratenses o norbertinos. Sea como fuere, insisto en que menos la Dehesa, las demás labranzas proceden de la famosa desamortización de Mendizábal. Varias de estas fincas las conozco desde niño como también los exquisitos caldos que se producen en ellas: Abadía premostratense de Retuerta; Granja de Sardón; Dehesa de los Canónigos; Vega Sicilia.

Aunque pudieran argumentarse otras razones (además del alarde excesivo anterior), creo suficientes éstas para contestar a varios de los interrogantes anteriores: la extensión de los majuelos en la Dehesa, aun siendo considerable, no era suficiente para cuanto requiere una empresa vitivinícola. Sin embargo los majuelos referidos, sí exigían para al menos producir uvas para venta, de cuidados y quehaceres intensos. Los terrenos ligeros o pedregosos cierto que son secanos y de calidad inferior que los tradicionalmente empleados para cultivos más exigentes y antaño más rentables. Pero de lo que no se libran, con perdón, es de los puñeteros ceñilgos y un sinfín de malas yerbas que se dan en ellos “como los hongos”. E importante, al no haber puesto los palos en calles o líneos simétricos, la labor de “escarda” había de hacerse inevitablemente a mano. Mano de obra normalmente compuesta por cuadrillas de mujeres que, binadera en ristre, habían de limpiar de parásitos (yerbas) una, dos, tres, o más veces cada año. Si le añadimos que los habituales tratamientos para combatir males tan frecuentes en los majuelos como el mildium o el oídium, ¡y poda! Y la vendimia, claro, que también habían de hacerse a mano con la cuadrilla (de hombres para la poda y de todos para vendimiar) , la venta de uvas nunca daba ni para cubrir “lo comido por lo servido”. Y más: porque la abundancia de aguas en La Verde, era para que con esa bendición “verdeguearan” hasta los secarrales, parecía más conveniente quitar majuelos y sustituirlos por regadíos donde cultivar, centeno, cebada ¡achicorias! o prados para el ganado ovino, imprescindible en toda labranza que se precie. Con menor inversión y mayor rentabilidad, el potente tractor- robot “Ursus” descepó una tras otra las treinta hectáreas de majuelos. Las mismas que, con riego por aspersión, engrosaron las labradas con los cultivos clásicos.

Como nuestro foramontano Josemari Arévalo nos instruye con los vinos con D.O. Cigales, será en el o los que siguen donde, si Dios es servido, haré lo propio “vivido” con los de D. O. Ribera del Duero.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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