Por Javier Pardo de Santayana

( Rambla de Canaletes, Barcelona. Acuarela de J. Arnau en Amantes de la acuarela de Facebook. 49,5 x 35) (*)

Nuevo atentado terrorista. Éste en Barcelona, en plenas Ramblas, a plena luz del día. Todo el mundo sabía que ocurriría más pronto o más tarde; Madrid ya había tenido lo suyo y bien gordo por cierto; incluso fue utilizado arteramente para ganar unas elecciones generales. Pero fue más “sofisticado”: por lo menos necesitó cierto planeamiento y la acumulación de ciertos medios, mientras que, si aquí pudiera haberlo habido, cosa probable aunque al escribir estas líneas esté aún por comprobarse, sería “para mayor abundamiento», porque con las primeras impresiones bastaría. Parece, sí, que podría haber un plan de mayor amplitud, pero bastó con una furgoneta circulando por un paseo frecuentado.

Ya la primera simplificación del hecho terrorista llegó a alcanzar en su día el rango de genial: un bricolaje que permitiría remedar los grandes medios del coloso norteamericano con poco dinero y resultados espectaculares: simples aviones comerciales con su carga de explosivos – el combustible propio para el vuelo – más la precisión de un pilotaje elemental; nada de complicados sistemas electrónicos. Si los perversos son más astutos que los buenos, aquí alcanzarían ya la cumbre del ingenio al hundir al enemigo con sus propios medios y con la escenificación de una “Gran Intifada” que asombraría al mundo.

Luego, el siguiente paso vino a simplificar aún más los medios. Ni siquiera se requeriría una mente relativamente preparada. Usted mismo podría hacerlo cualquier día y en cualquier momento: bastaría con que le diera la vena de cargarse a un prójimo inconcreto enfocando su coche a cualquier sitio y haciendo ver que lo hace por una causa que tampoco necesitaría definir con gran detalle. Mañana tendría el premio de la fama asegurado, y el mundo entero le conocería de forma tan total como inmediata.

El precio sólo sería su vida, y ésta es la gran idea del invento; la que revolucionaría de cabo a rabo nuestros sistemas de seguridad. Pero una iniciativa de esta magnitud no requiere tampoco un gran esfuerzo, Claro que habrá que suponer que no es tan difícil convencer a algunos; que, por lo que se ve, puede hallarse una “causa justa” incluso en un ambiente civilizado y culto en el que todo el mundo es respetado. He aquí el misterio de algo aparentemente absurdo que descoloca a quienes fuimos educados en el respeto al prójimo y en el pensamiento guiado por la lógica. Y aquí radica también la ventaja del terrorismo islámico: en que para sembrar el desconcierto en los países más desarrollados no se necesita más que alimentar el odio mediante un diabólico proceso apoyado en la supuesta superioridad del pensamiento elemental y el aprovechamiento de la dificultad que supone entender una mentalidad así en pleno siglo XXI; entender, por ejemplo, que unos jóvenes que viven el progreso manejando ordenadores y utilizando las redes sociales – unos seres educados con nosotros – puedan acabar incluso con sus propias vidas en un gesto tan aparentemente inútil y tan contrario a cualquier objetivo razonable.

Mas lo que personalmente más me extraña es, no tanto lo aparentemente irracional de un acto lamentable, como que no seamos aún capaces de descubrir cuál es el truco. Porque truco lo hay, esto es seguro. Un truco psicológico indudable que no alcanzo a ver suficientemente analizado para así comprenderlo y eventualmente desmontarlo.

Sé, desde luego, que no resulta tan difícil inocular el odio, pero añado la pregunta de si no debiéramos también considerar como motor la envidia; si para fomentar el odio no podría esta gente haber contado también con recurrir a ella; si no se habrán propuesto convertir el deseo de conseguir lo que otros tienen en una ciega y simplista y reacción contraria. Que hay un procedimiento para aprovechar la facilidad que los jóvenes occidentales tienen para admirar la belleza femenina y acercarse a ella, por poner un ejemplo que me parece significativo. Y tantos y tantos otros atractivos de la libertad. Ya se han aprovechado de ésta para ir de un lado a otro sin excesivos problemas de control, para obtener información en tiempo real, o para relacionarse entre ellos y difundir su odio.

Pero los recursos tecnológicos que a su disposición ponemos pondrán precisamente de relieve su incapacidad creativa, su tosquedad y su atraso. Así pues, nada me extrañaría que estas absurdas matanzas que sufrimos, como los secuestros, degüellos y otras lindezas semejantes, respondan al reconocimiento de la inutilidad que muestra su cultura para ponerse al nivel del mundo en que vivimos; una incapacidad que les impulsa a demostrar que para algo sirven, que por lo menos saben matar en gran escala aunque sea de forma tan facilona como la que ellos practican, y, que les permite, sobre todo, ser capaces de conmocionar al mundo, de hacer que sus entuertos sean siempre una primera página. Situaciones aprovechadas por líderes casi desconocidos por nosotros que buscan objetivos de mayor alcance para lograr supremacías entre ellos o para recobrar el esplendor de sus ancestros. Para urdir una especie de gran revancha histórica.

El tinglado me parece de una genialidad perversa que aprovecha algunos elementos ya existentes, como la posibilidad de utilizar el bricolaje tan de moda aprovechando medios ajenos para las acciones propias, o de aplicar las teorías que demuestran la fortaleza de la debilidad, aquel concepto que nos vino de Oriente. Todos aquellos tipos de sorpresa ante los cuales el objetivo que los sufre suele mostrarse inerme.

Nunca se ha visto al Mal más en su propia y más desnuda esencia y al mundo más confuso y más desconcertado. Nunca hubo como hay en nuestros días la posibilidad de hacer algo tan nimio y tan estúpido pero que tenga una amplificación tan global e inmediata como ésta. De aquí que resulta concebible que, aunque no sea más que la idea de poder conseguir unos efectos colosales siendo un don nadie, y fabricar en minutos o incluso segundos matanza como éstas sin mayor trabajo previo – sin mayores conocimientos ni aptitudes, ni necesidad de contar con el menor dinero -, pueda provocar en una mente primitiva la pulsión de encontrar hasta una “causa”; esto sí, tras de ser trabajada por quienes pretenden modelarla.

Pero de todos estos trucos y entresijos poco se habla, o por lo menos, poco nos llega articulado con suficiente claridad desde los círculos sapientes. Pero que quede claro que si no penetramos esas mentes y las de sus inductores – si no entendemos definitivamente esta “lógica” y esta “voluntad del terrorismo” – mal andamos.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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