No tengáis miedo (y II)

Por Carlos de Bustamante

( Otro contraluz, y otro canal, del Duero. Acuarela de José María Arévalo) (*)

Admito que tras el primero sobre idéntico título, más me valiera sacar la viga de mi ojo antes de quitar la paja del ajeno. Por si no lo he dicho antes, digo ahora y afirmo contundente, que está muy lejos de mi ánimo la intransigencia cerrada para quienes por unas u otras razones sufran las anomalías que les hacen acreedores de ser considerados como pertenecientes al `colectivo´ denominado LGTBI. Afirmo, sin embargo, sin miedo alguno, que las anomalías, por el hecho de serlo, son o pueden considerarse enfermedades. Las que, según los conocimientos de la ciencia médica actual, tienen cura. Sanación quiero decir, claro. Y que las anomalías consentidas, presuponen que quien las padece, no quiere curarse.

Item digo, que servidor de ustedes tiene otra orientación sexual que sin pertenecer al grupo citado no es anomalía, sino cualidad con la que todo hombre o mujer nace y no se hace. Es una disposición que dada por el Creador tiene como fin primordial la procreación. La que, innata por ley natural, hace posible que se perpetúe la subsistencia y continuidad de la humanidad. Orientación sexual con líneas rojas, o límites que la diferencian de la ley de la selva y del solo instinto de los irracionales. Es la atracción mutua de los sexos, pero ordenadamente.

De lo contrario, se daría el desorden que preconizó duramente San Pablo, y no este rezongón que sólo se lo ha transmitido. Dura, muy dura la que es palabra de Dios en boca del Apóstol, pero naturalmente y por ella no menos cierta.

Así que mis respetados conocidos y amigos de diferente orientación sexual, se aguanten ¡cojostre! o se curen… Como al menos lo hacen o deberemos hacer los `hétero´ que voluntariamente aceptan, se aguantan y quieren cumplir la natural ley humana y por supuesto la divina en la que libérrimamente quieren y creen.

Ítem, con perdón por reiterativo, también les digo, que si anomalía es el antónimo de normalidad, como lo creo, una cosa es no crucificar a quienes la padezcan, y otra muy distinta es hosannarles con desfiles, carrozas y profusión de banderas arco iris que los exaltan, vitorean y distinguen cual si de héroes se tratara. Nada que objetar, sin embargo y como es lógico y humano con la comprensión, respeto, afecto e incluso convivencia con la que es, o debiera ser, barrera infranqueable de la dicha línea roja.

Como ley divina que es de obligado cumplimiento para la mayoría absoluta de españoles que nos proclamamos católicos sin necesidad de ostentación, y el consejo y apoyo del Magisterio de la Iglesia, el error no tiene otra denominación que error. Y el pecado, ¡que existe, oigan, que existe!, no se le puede catalogar como simple tendencia u orientación. Si llamamos a las cosas por su nombre y sin ambigüedades, habremos de hacernos eco y portavoz de lo que sin ellas (ambigüedades) está escrito repetidas veces tanto en el Nuevo como en el antiguo Testamento.

Quitada no una vez, sino muchas la viga de mi ojo, conviene recordar: “Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a plena luz; y lo que escuchasteis al oído, pregonadlo desde los terrados”. Y para disipar dudas o temores si los hubiere: “Si uno se pone de mi parte ante los hombres, Yo también me pondré de su parte ante mi Padre del Cielo”. Dicho lo cual, de verdad que me trae al pairo el que se me acuse de clerical, “pío”, “meapilas” u otras lindezas de discriminación y homofobia. Repetiré una vez más, que `no hay tal cuando se intenta transgredir la ley natural´. Y para reafirmarme en lo dicho- tras reconocerme débil y pecador como el que más- vuelvo a lo que no tiene vuelta de hoja:

“En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados. Por tanto, `no tengáis miedo´: vosotros valéis más que muchos pajarillos”. Referido, como recordarán, a que aun siendo éstos de escaso precio, no dejan de estar bajo providencia y cuidado de Dios. Por último y como epitafio de los dos artículos, quisiera gravar a fuego las palabras que dijo a los reporteros de S.S. el Papa Francisco: “Si una persona es gay y busca sinceramente a Dios, y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?”. Y de San Juan Pablo II al inicio de su pontificado: “¡¡No tengáis miedo, abrid de par en par las puertas a Cristo!!”. Pues eso ¿no?


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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