Algo habrá que hacer

Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Sansón en El Norte de Castilla, el pasado día 8) (*)

De un tiempo a esta parte vemos suceder en nuestro entorno cosas asombrosas, entre las cuales, por ejemplo, no es la menor que se haya celebrado una consulta en la que se metían a puñados en urnas sacadas de no se sabe dónde votos escritos en casa y con bolígrafo, o en el que turbas vociferantes se enfrentaban a las fuerzas del orden, alcaldesas daban cobijo y acogida a eventos destinados a saltarse a la torera las leyes democráticas o a denigrar la Historia, veíamos a consejeras promoviendo una educación tribal impropia de un país civilizado con la mayor desfachatez o presumiendo de orinar en público, o contemplábamos pandillas desafiantes con los puños en alto ante las cámaras. También vimos diputados vomitando su odio y expresando abiertamente su deseo de aniquilar al adversario como vimos atacar a cara descubierta una cultura forjada por los siglos.

Claro que en su descargo podríamos señalar que hasta su aspecto nos diría cual es su procedencia: lo que algunos conocen como el “lumpen”; y para constatarlo no es preciso sino observar el rostro de la mayoría ya que, salvo en contadas excepciones, el aspecto es el de aquel tipo de gente que uno evitaría presentar en sociedad como parientes propios.

El problema no es tanto que ahora existan – puesto que siempre allí estuvieron – sino que hayan llegado a ocupar lo que ahora ocupan: esto es, la representación de nuestro pueblo. Cierto es que si lo consiguieron fue porque alguien les votó aunque no fuera casi nunca de forma tan numerosa como para alcanzar la mayoría, mas si llegaron al poder fue gracias a argucias y tejemanejes de salón en las que sus compañeros de viaje hubieron de tragarse sapos, culebras y otras manjares semejantes; que así es como quienes antes fueran aceptables en una Europa culta y avanzada encontraban ahora estos extraños compañeros. Sería como acudir a las cloacas para cerrar bazas numéricas. Y de esta forma, que no de otra, se instauraría un ambiente político como el que ahora hallamos en España: un ambiente que permitiría la irrupción en las instituciones de partidos difícilmente homologables para Europa. Y así veríamos pisar moqueta a personajillos procedentes de la quema de contenedores de basura o de los clásicos cajeros automáticos.

Mas no fue sólo eso, porque con ellos surgirían también los consabidos ”tontos útiles” siempre prestos a “comprender” el mal con la decidida ayuda del “relativismo” y de la “corrección política”, tan a mano y tan agradecidos para justificar lo injustificable.

Sólo hace cinco años – seguramente lo recordarán ustedes – en que una mayoría apabullante ganó unas elecciones mostrando su decidida preferencia por un partido en el que se confiaba para que nos sacara del borde del abismo. Se trataba de detener una marcha hacia la ruina, nada menos, así que el pueblo español parecía mostrar su inteligencia colectiva. Hoy, según nos dicen los expertos, se ha parado ya el golpe y España no sólo no se ha arruinado como se creía sino que se halla en cabeza de la creación de empleo en nuestro continente, por lo cual llama poderosamente la atención esto de haber saltado a todo lo contrario; es decir, haber pasado de mostrar nuestro rostro más civilizado y convincente a ser representados formalmente por una pandilla de fanáticos y por un elenco de ignorantes o de despistados.

Esto es lo que pretendo hacer ver en estas pocas líneas: que me parece importante analizar la causa de un cambio tan sorprendente como éste, pues quienes revertieron la deplorable situación de nuestra economía han demostrado cumplir bastante bien con el encargo envenenado, y no sería de recibo achacar el cambio en los votantes a que estos no sabían que el éxito logrado en lo esencial comportaría algunos sacrificios. Me cuesta, en efecto, imaginar que quienes pusieron su confianza en un partido moderado se fueran a creer que la habilidad de nuestros dirigentes fuera tal que no exigiera sacrificio alguno. Tampoco es comprensible que aquel cambio arrastrara otro de fondo en unos votantes que pasarían en bloque de la moderación al extremismo.

Por otra parte, el arrebato causado por la constatación de que la corrupción bullía en el ámbito político tampoco parece demasiado lógico, puesto que nadie ignora que existió siempre y más en tiempos de opulencia. Y porque, naturalmente, tiende a producirse en mayor medida en aquellos partidos que manejan fondos públicos, es decir, en los que los delitos de este tipo encuentran más facilidades. De igual modo no es necesario recordar que nunca hubo instrumentos como los que hay ahora para entrar en bienes y fortunas y seguir los rastros del dinero, hecho del que debiéramos congratularnos y que es fundamental para la persecución de lacras como ésta.

Así pues, lo que debiéramos hacer ahora es promover un análisis profundo de un sistema que, como el nuestro, permite desvirtuar la expresión de la voluntad de la “ciudadanía” hasta el extremo que hoy estamos constatando. Basta con hablar con nuestros compatriotas en cuanta ocasión se tercie, y ver como se expresan y comportan, para constatar que un gran número de quienes hoy deciden por nosotros poco tienen que ver con el sentir de una mayoría que ha visto como las “maniobras de despacho» de aquellos líderes y aquellos partidos que para llegar al poder son capaces de perjudicar nuestro futuro dan ocasión a que ideologías impresentables se permitan regir nuestros destinos.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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