El Rezongón. Sin doblez ni engaño

Por Carlos de Bustamante

( Web de meditaciones diarias, hablarcondios.org) (*)

Pocos elogios son tan impactantes como el dicho por Jesucristo y referido en los Evangelios como el referente a un tal Natanael y traducido Bartolomé. “He aquí un verdadero israelita en quien no hay doblez ni engaño”. Como las costumbres repetidas suelen finalizar en hábitos que se adquieren, el Rezongón dice nada más, que le va bien el hábito de leer cada día –si no se me olvida- unos minutos de los Evangelios o Nuevo Testamento.

Puestos a hacerles confidencias, como ya va siendo hábito también, les digo nada más, que suelo leer en un libro escrito por don Francisco González – Carvajal: “Hablar con Dios” (Meditaciones para cada día del año). En él se presta para meditar cada día lo que a este sabio sacerdote, por lo general le sugiere el Evangelio que le corresponde. Como no soy quién para aconsejarles, por eso, digo nada más que es un libro –en realidad varios tomos según los tiempos que dicen litúrgicos- recomendable.

En el tomo correspondiente a fiestas, leía “lo que Jesucristo dijo” – y como expresaba el curita de pueblo desde el púlpito a sus sencillos feligreses- “y dijo bien”, lo que encabeza este ya milenario artículo referido a san Bartolomé o si lo prefieren, Natanael.

Mal podría “decir” sobre la bondad o no de tal aseveración (sin doblez ni engaño) si alguien no me lo hubiera enseñado antes. Y digo también que mal se podría decir, si antes no se hubiera comenzado o intentado por lo menos, a “hacer, para luego “enseñar” con la palabra hablada o escrita. Consciente del lío en que me he metido y he introducido a mis no muy probables lectores, trataré de desenredar lo dicho, para poco a poco componer el ovillo que responda al enunciado.

En busca de la corrección política (que la verdad sea dicha, esto no me preocupa demasiado) casi no hemos acostumbrado a que cuanto algunos políticos dicen, poco o nada tenga que ver con los propósitos que les llevan a “decir lo que luego no hacen”. Siguiendo la buena costumbre de nuestro foramontano Javier de no citar nombres que no saldrían bien parados, omito referencias concretas, que están en la mente de todos.

¡Cuántas veces hemos constatado, que unos con intención desde el inicio de sus programas o promesas electorales o de oposición, mienten con intenciones oscuras o diáfanas para muchos de los que lo escuchamos! Y ¡cuántos que dijeron “digo” con buena fe, han de decir luego “diego” obligados por circunstancias dispares! Muchas de ellas provocadas con sus engaños por los que dijeron con doblez lo que, a sabiendas, era más falso que Judas (Iscariote).

Si lo dicho con no poco embrollo entraña dificultad de comprensión para quien lo escribe, me pongo un ejemplo que, por actual se me despejan todas las dudas. He dicho “me” y no “les”, porque a poco que discurran, siempre será mucho más que las no muchas luces de este empedernido Rezongón.

Acabamos de vivir y sufrir –no tanto como los de las Ramblas y Cambrils- los zarpazos fundamentalistas del mal llamado estado islámico. Como españoles o personas civilizadas, todos hemos sentido indignación y dolor por la barbarie cometida sin justificación alguna posible; porque salvo el odio, no la hay. Sin embargo, parece que nos quieren hacer “comulgar con ruedas de molino”.

Son los que dicen que el Islam y cuantos siguen esta religión, de lo que son muy libres como nosotros de seguir la nuestra. Mas la diferencia es más que notable en un punto singular al menos: Si Cristo nos dijo: “Al que te hiera en una mejilla, ponle también la otra” o más aún: “Amad a los que os persigan y calumnian”, eso como hemos visto en artículos anteriores sobre si es pacífico o violento el Islam, es el antónimo de nuestra libérrima religión cristiana. Convendría, pues, que nos examinásemos “si decimos pero no hacemos”; o si en nuestra actitud hay doblez y engaño. Como seguramente no, ¡seguro!, veo la paja o mota en el ojo ajeno y no reparo en la viga que hay en el mío, es obligado repetir: Conste que no pretendo aconsejar; yo…¡digo nada más!


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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