Así se quieren cargar la Navidad

Por Javier Pardo de Santayana

( Cartel de la cabalgata de Vallecas 2018 ) (*)

Gracias a una funesta ley electoral que distingue entre votantes – ¿dónde está aquello de un ciudadano, un voto? – y a una educación desconocedora de la propia cultura y de la propia historia si no es para tergiversarlas, nos encontramos hoy en una encrucijada ideológica en la que gran parte de los puestos representativos se hallan en manos de nuestros enemigos. Basta con ver lo que es la Ley de la Memoria Histórica después de haber vivido la Historia de España y la de Europa durante casi todo un siglo para saber lo que hoy sucede.

Así por ejemplo con la Navidad de siempre, hoy convertida en un campo de batalla, porque los impresentables que pisan muchas de las moquetas oficiales están decididos a cargársela mediante la ideologización más burda y descarada. Y no es que no haya españoles respetuosos con su cultura y con su tradición, entre otras razones porque esto es lo normal en cualquier país sea o no civilizado. Ahí están, por un lado, las familias, desde donde se ve una perspectiva de generaciones sucesivas continuadoras de un estilo propio, el orgullo de pertenecer a gentes que amaron y vivieron la esperanza de continuar siendo y ser mejores, de ciudadanos que dieron grandes y pequeños pasos contra viento y marea por mejorar su suerte y la de sus cotáneos, y, por otra, los destructores de las huellas de su propia cultura, aquellos que detestan a sus padres, los ignorantes de la Historia a fuerza de estar hartos de sí mismos.

Entre las muchas cosas que los debeladores pretenden destruir está la religión y sobre todo -precisamente por ser nuestra y habernos dado el alma – la religión católica. De ahí qué aquéllos no hayan encontrado mejor ocasión que la que les proporciona la posibilidad de organizar una parte importante de la celebración de nuestras fiestas navideñas. Cualquier pretexto será bueno para desvirtuarlas, ya que no es preciso suprimir los fastos sino convertirlos en acontecimiento laico en dos de sus facetas: el de gran fiesta popular y el de ocasión para el comercio. Así que habrá aquello del “panem et circenses”, pero con un sentido diferente. Y se buscarán explicaciones relacionadas con acontecimientos pre-cristianos, como la llegada del Invierno o de su solsticio, que también suena a cultura popular y a culto de la naturaleza. Como se ve, todo antes que mantener la tradición, y menos aún si ésta está relacionada con la fe.

Se trata, de entrada, de parasitar la escenografía. Y ahí se topa con la relación entre la luz y nuestros símbolos, lo que permite disponer de la decoración nocturna: aquéllos desaparecerán y serán sustituidos por composiciones geométricas que, aun repetidas, no dirán nada de su razón de ser sino que se presentarán como una expresión de la alegría y como un reclamo del comercio; sentido en el cual habrá que verlos. Así se llegaría, como ya vimos hace algunos años, al uso de palabras sin el menor sentido; de vocablos puestos al buen tuntún, aleatorios – diríamos que absurdos – para que el objetivo quede suficientemente claro. Incluso se echará cara a la cosa y se justificará la ausencia de los más que adecuados símbolos cristianos: se dirá que lo que se pretende es no herir la conciencia de quienes pudieran sentirse ofendidos por simplemente contemplarlos. Pero claro, eso no hay ya quien se lo trague por muy demócrata que sea. Y es que cualquiera se pregunta a quién podrían molestar el bueno de San José, la mula y el buey, o la estrella de los Reyes Magos.

También suprimirán el gesto de colocar en un punto central de la ciudad un gran belén como era de costumbre, y lo harán alegando nada menos que cuestiones de estética municipal sin darse cuenta de que no hay quien se crea esta patraña, pues aplicando ese criterio lo primero que habría que hacer sería expulsar de los ayuntamientos a algunas de sus señorías.

Respecto al arbolito, éste sí que es admitido por la progresía revolucionaria, pero por dos razones conocidas: porque es tradición más foránea que nuestra, y porque podría ser interpretado como un símbolo de la Naturaleza, cosa que va bien con lo del Cambio Climático y con las Fiestas del Solsticio, además de combinar con algún que otro símbolo de que en invierno hace bastante frío, y aquí entra las clásicas estrellitas de hielo, y no digamos Santa Claus y sus famosos renos; que de tanto salir en nuestras Navidades están cerca de identificarnos con Noruega. Que ésa es otra, porque la presencia del famoso gordinflón del Polo Norte nos está ya obligando a repetir el reparto de regalos que hasta hace poco se limitó a la generosidad de nuestros Reyes Magos. Y la verdad: si ya era difícil decidir lo que debemos regalar la noche del 5 de enero, imaginen las vueltas que hay que dar a la cabeza para repetir la misma o parecida ceremonia en un plazo de diez días. Claro que esto es percata minuta en una España en crisis…

¿Y qué me dicen de la música? ¿Siguen cantándose nuestros villancicos? Pues la verdad es que sí que oímos alguno que otro por la radio o los días de fiesta en la parroquia, pero ya casi exclusivamente en lengua inglesa, o sea como en OT, donde también es raro oír algo en nuestra propio idioma. Y los que se oyen, como el famoso “Jingle bells” se suelen referir a Santa Claus. Todo sea antes que mantener a nuestros Reyes Magos.

Mas la ocasión para cargarse a los Monarcas es, naturalmente y sobre todo, la cabalgata, que es donde echan de verdad el resto.

¡Ay, la famosa cabalgata! Qué buena ocasión para cargarse la tradición de siempre… Porque además tiene la ventaja de que permite de paso hacer política e inculcar ya desde la cuna a todos los niños españoles determinados principios esenciales, como la ideología LGBTI, que eso sí que es modelar desde las mismas bases a los futuros votantes de partido y padres de familia si es que se libran finalmente de la quema. Así que los ideólogos del ramo tirarán de su cuadro de amistades para mostrar a los más jóvenes el virtuoso ejemplo de algunos seres a lo que no pongo sexo por desconocerlo previamente. Y tendremos no sé si Reyes o Reinas pero sobre todo “Drag Queens” por poner las cosas en inglés que queda como más redondo. O algo intermedio, porque me pierdo con tantas variantes como según parece son posibles, junto con otros símbolos de la Natividad como dragones, elfos, gigantes, e investigadores o astronautas si se tercia. Cualquier cosa que sea, que ahí se encuentra un amplio campo para la imaginación y cualquier cosa vale siempre que no hable de Dios, del Santo Niño, de Herodes, de la mula y del buey, de los pastores o de cualquier otro personaje o circunstancia del Misterio relacionada con el más trascendental acontecimiento de la Historia.

Iba a decir “de la Historia del Hombre”, mas decido evitarlo pues, conforme a los principios de los nuevos censores de la corrección política, más exacto sería decir ”del hombre y la mujer y del niño y la niña, y de quien es unos ratos una y otra cosa, y del que un buen día para de ser lo primero para convertirse en lo segundo o viceversa, y de quien no es ni lo uno ni lo otro, y de quien yo que sé que acabó siendo, y de… Bueno, desisto: aquí ponga usted lo que le venga en gana y en el orden que finalmente le apetezca.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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