Por Félix Torres. Introducción de Carlos de Bustamante

( Panorámica de Madrid. Acuarela de Francisco Guerra en Facebook) (*)
Continúa mi amigo don Eufemio, con sátiras a “diestro y siniestro” (que para todos hay aunque se lo merezcan más unos que otros. Éste su amigo y compañero no dice, ni desdice. O si lo prefieren: “No quito ni pongo rey, pero defiendo a … quien me lo envía. Puede que esté más de acuerdo en unas sátiras que en otras; pero aprecio en todos sus sonetos, octavas reales como ésta y demás poemas en todas sus formas el alma de poeta que lleva dentro. Y porque somos de la misma “familia”, estimo muy mucho la calidad literaria y la “chispa” con que escribe. Sin queriendo, hace que me traslade con la imaginación a los tiempos de “La Codorniz”, en cuya redacción sin duda se hubieran rifado contarle entre sus colaboradores.
Nada tan grato, pues, que contarle, si no en plantilla, sí entre uno de los más asiduos lectores y, con generosidad que se agradece, poner a nuestra disposición los escritos que para sí muchos periódicos –digitales o no- quisieran.
UN PAÍS
(Octavas reales)
Un país do un matón iluminado,
por el arco del triunfo, pues le mola,
él las leyes se pasa, descarado;
y le deja que siga con su bola,
un gobierno, cacá y acomplejado,
que en decir, se empecina, que controla.
¡Un país, claro lo dejó el poeta,
un país de charanga y pandereta!
Un país donde miles de millones,
de pesetas o euros, qué más da,
del fondo de parados, los cajones,
de barandas llenaron, y aquí “ná”
pasó, pues nunca pasa, ¡qué cabrones!
que hasta vacas asaron por allá.
¡Un país, claro lo dejó el poeta,
un país de charanga y pandereta!
Un país do a una jueza do las haya
con valor y más fe que el alcoyano,
día no pasa, seguro, que no falla,
no salga por la tele algún fulano
que la ponga de rancia o antigualla,
del jefe opositor al tertuliano.
¡Un país, claro lo dejó el poeta,
un país de charanga y pandereta!
Un país, neverland, donde una esposa
no sabe, no contesta, y su marido,
crudito se lo lleva, y hacendosa
taza a tacita ella, ¡jó, qué nido!,
que se monta, y así queda la cosa,
que todo se da ya por conocido.
¡Un país, claro lo dejó el poeta,
un país de charanga y pandereta!
Un país, donde en la mesa camilla
los jueces se reparten a su antojo.
Éste me gusta más, porque mi silla,
con él segura está; y anda con ojo
que con ése peligra tu cuadrilla:
justicia de interés y trampantojo.
¡Un país, claro lo dejó el poeta,
un país de charanga y pandereta!
Un país, donde los ayuntamientos
se emporcan admitiendo terroristas,
do se admiten hasta en los parlamentos
incluyendo, sangrientas, las sus listas;
donde jueces manchados y estamentos
tal cosa permitieron, partidistas.
¡Un país, claro lo dejó el poeta,
un país de charanga y pandereta!
Un país con problemas por millones,
donde al contribuyente se atropella,
repleto de políticos trincones,
donde se pisotea al que descuella;
harto ya de tantas sinrazones
que hacen del vivir una epopeya.
¡Un país, claro lo dejó el poeta,
un país de charanga y pandereta!
Don Eufemio
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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