Por Félix Torres. Introducción de Carlos de Bustamante

( Viñeta de Miki y Duarte en Diario de Sevilla el pasado día 26 de marzo) (*)
Habrá observado el lector amigo la intencionada `errata´del artículo con prólogo del que suscribe y el mismo autor publicado con anterioridad con el título Erestiada. Con las disculpas (¿) que pide el mismo autor y que tampoco reparó en ella el mismo que la prologó, lean, si les pete, esta nueva entrega que con el título de la ORESTIADA II tomada de la original griega,) pero sin la música que corresponde a las excelentes “sevillanas” de `don Eufemio´. Continúa así, con alegría satírica que no la mejoraría, digo, ni el propio “Satiricón” del supuestamente autor Petronio de esta novela (satiricón) con letra en verso que combinó con buena prosa (ambas en la latín). Dicho lo cual ,`Tolle lege´ y opinen:
“A veeer…; como diría un moderno, os cuento. Entre que resulta que hubo una errata al principio, que no habrá muchos entre mis dilectos sufridores -que alguno lo hay, seguro- que se haya machacado LA ORESTÍADA (de Orestes) en el griego clásico y que alguno no vio clara la relación de la ERESTÍADA con ERES,s., sin ánimo de ser exhaustivo que diría el tertuliano, trataré de disipar algunas dudas e inquietudes planteadas.
Ya apunté que esta historia de los ERE,s. tiene connotaciones en común con la tragedia griega, sobre todo que en aquella no siempre, que también, terminaba el asunto en desastre para todos, y que algunos salían bien parados; lo mismito que aquí, me malicio, va a ocurrir. El argumento de LA ORESTÍADA, la trilogía de Esquilo (Agamenón, Las Coéforas, Las Eumenides) es la mar de «sencillo y edificante»:
Atreo, rey de Micenas y padre de Agamenón tiene noticias de que Tiestes, un conocido, se lo monta con su mujer. Para vengarse le invita a cenar, le sirve una suculenta parrillada con la carne de los hijos del dicho Tiestes, y con los chupitos le cuenta los ingredientes del, por cierto, alabado menú. El hijo superviviente de Tiestes, Egisto, seduce, a la mujer de Agamenón, Clitemnestra, y le convence para que en correspondencia acabe con él a su regreso e la guerra de Troya. También Clitemnestra tiene motivos para hacerlo ya que Agamenón ha sacrificado a su hija para hacer propicia la expedición a Troya.
Pero Orestes, hijo de Agamenón, no puede a su vez dejar de vengar a su padre, aunque ello suponga tener que matar a su madre, que en escena de alta tensión dramática desnuda su pecho delante del hijo y le grita «Hiere si eres capaz este pecho que te ha alimentado», y jopé que si es capaz: allí mismo la da matarile; con lo cual ha de rizar el rizo de ser, ahora, el vengador de su madre.
Así las cosas y perseguido por las espantosas divinidades de la venganza llega Orestes a Atenas donde se somete al Tribunal del Aerópago; entra en escena Atenea, que para los atenienses era el no va más, y con su ayuda el tribunal absuelve a Orestes, y lo libra de rizar el susodicho rizo.
Volviendo de las musas al teatro sevillano, sólo falta por descubrir la solícita Atenea de turno: en el Orestes está bien claro.
Y suponiendo que es ahora cuando lo he acabado de liar del todo, hoy con el CD. de los Cantores de Híspalis, con palmas y por sevillanas:
LA ERESTÍADA III, ¡A ROBAR…!
A ROBAR (Sevillanas de Don Eufemio)
A robar, a robar y a robar
que aquí no pasa nada; todo el mundo
a robar, a robar y a robar:
todo el mundo a robar.
¡Se llenan la cartera, con “toa” franqueza!
Robaan, y bajo los colchones la pasta acumulan, qué roban con ganaas,
llenan sus bolsillos, hartos de dinero p ´al día de mañanaa;
robaan, roban sin vergüenza y dejan la Junta de dineros tiesaa,
y entre los amigos gansa se la llevan, que no dejan ni esas.
¡Ólee!, la vida asegurada “pa” la gente guapa de mi Andalucíaa;
que viva la alegría de mi gente y de mi pueblo, vamos a robar.
A robar, a robar y a robar…
¡Qué roben los sociatas, a manos llenas!
Robaa, roba con descaro pa que yo mantenga siempre mi cortijoo,
y te digo en serio, y te lo aseguro que siempre conmigo tu tendrás cobijoo;
robaa, no dejes tú nada por si Dios no quiera, no quiera que un día,
venga la derecha, y así no se encuentre un duro en la alcancíaa.
¡Ólee!, la vida asegurada…
¡ A robar, a robar y a robar…
¡Jopé qué rostro tienen, qué caradura!
Robaan, a un ritmo trepidante de eres y de cursos, gitanos y payoos,
con ese arte, ¡óle!, que no hay quien lo iguale, roban sin desmayoo;
robaan, por mercasevillas, por las subvenciones, por robar no quedee,
con ese arte, ¡óle!, y es que roban, tío, como aquel que bebee.
¡Ólee!, la vida asegurada…
¡ A robar, a robar y a robar…
¡Y pues que así tú tienes, tienes tu paga!
Robaa, qué siga la mangancia a todos los suyos les dice Susanaa,
no se cierre el grifo que a pesar de todo, ya véis nos aclamaan;
robaa, ya se va llenando de votos las urnas, qué ya lo estoy viendo,
y este disparate, y si me apuráis, seguro os lo digo que ni yo lo entiendo.
¡Ólee!, la vida asegurada…”
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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