La Inmigración, en manos del buenismo

Por Javier Pardo de Santayana

( Llegada masiva de inmigrantes a las costas españolas)

¿Alguien hará algún día algún estudio verdaderamente serio sobre la inmigración como fenómeno de nuestros días? Porque yo no lo he visto por ahora. Y me pregunto, por ejemplo, qué estarán haciendo estos días en la ONU en orden a la solución de este problema, pues hasta ahora sólo he visto ocuparse de él a las naciones europeas desde el punto de vista de la economía y de la parte emotiva del asunto. ¡Cómo no compadecerse de los emigrantes! O de la reacción de los partidos ante los perturbadores efectos del fenómeno a corto y largo plazo.

En el origen del problema está la globalización que se produjo al término de la famosa Guerra Fría. Y también, naturalmente, en los efectos de la democratización de la información en tiempo real que nos pone a todos en contacto. Luego los motivos concretos serán, o bien la huida de zonas de guerras y conflictos, o, como es casi siempre en nuestro caso, el retraso social y sus secuelas principalmente en el ámbito africano, donde grandes masas humanas se desplazan con el objeto de mejorar su vida.

Fijemos ahora nuestra atención en el segundo caso que es el que más de lleno nos afecta; resultado del mal gobierno ejercido en numerosos países de aquel continente (digámoslo con franqueza: en casi todos). Países con representación internacional y casi siempre dotados de materias primas abundantes, por lo que en teoría podrían vivir con sus recursos si no estuvieran tan mal organizados y no reinara en ellos una galopante corrupción interna en todos los niveles. Corrupción que devora cuantas posibilidades aún existen de un funcionamiento razonable.

De ahí que me extrañe soberanamente que a la hora de hablar de la inmigración que inunda nuestras costas sólo se apele a la misericordia y al buen rollo, que si bien es deseable a la hora de aceptar generosamente en nuestros predios a quienes se lanzan a la aventura corriendo riesgos increíbles, no contribuye a solucionar nuestro futuro porque no aborda el problema en sus raíces.

¿Y cuáles son éstas? Pues supongo que, en principio, la gente tiende a permanecer en el país de sus mayores. Así los japoneses tenderán a vivir en su Japón natal y los españoles en España, como supongo también los nigerianos en Nigeria. Y esto aunque puedan encontrarse ventajas indudables yéndose a vivir a Australia, por ejemplo. Quiero decir que para permanecer en el lugar de nacimiento no hace falta que otras zonas del planeta ofrezcan ventajas formidables, y que muy mal tiene uno que sentirse, sea por falta de libertad o de trabajo, para que se le ocurra no sólo cambiar de residencia sino correr una aventura llena de riesgos y con final incierto.

Y sin embargo no parece que se hable demasiado de enfocar la solución de este cataclismo humanitario buscándolo en una acción conjunta como mínimo de ámbito europeo para meter presión a los gobiernos africanos ofreciéndoles ayuda al tiempo que se les exige que limpien su cotarro. Y, por supuesto, con un seguimiento estricto de los resultados obtenidos que imponga castigos económicos y la implacable acción de la justicia si es preciso. Pues lo que parece inadmisible es que mientras los países europeos nos esforzamos humana y económicamente en dar asilo y nivel de vida a quienes huyen desesperados de sus tierras por no encontrar futuro, los gobiernos africanos mantengan vivos y aplicables los vicios inherentes a su estilo.

Mas de esto raramente se habla o se comenta. Se recomienda a veces que se haga trabajar la diplomacia para actuar en las zonas de procedencia, pero ¡ojo! habrá que hacerlo sin llegar nunca a fiarse de los negociadores; de esa gente de gobierno para la que la generosidad occidental es siempre una ocasión para forrarse.

Otro problema es el buenismo impuesto por la progresía, que ha rodeado de hipocresía todo cuanto se refiere a este problema aquí en Europa. Ya hace tiempo tuve ocasión de relatar en este mismo blog cómo un proyecto mío de conferencia- con el que daría respuesta a una solicitud en la que tenía libertad para elegir el tema – quedaría inédito al haber yo optado por analizar los efectos de la inmigración en lo que se refiere a la seguridad y la defensa. Y la razón, confesada por el mismo rector aun sin siquiera leer el contenido, era el hecho de que tocara un tema del que el entonces gobierno socialista – o sea el que subvencionaba el organismo cultural correspondiente – no quería oír más que lo relacionado con su ley.

Pues bien, así sólo hay algo seguro: que si se aplica este tipo de criterios difícilmente se conseguirá llegar a nada de provecho.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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