Una pequeña reflexión sobre Humanismo y amistad

Por Pedro Motas Mosquera. Introducción de Carlos de Bustamante

( Moro y Vives, la amistad en tiempos difíciles) (*)

Cuando no pocas virtudes y valores están en horas bajas, me llega este artículo del autor indicado y reproducido en el blog del General (de División) Rafael Dávila, que con la bohomía acreditada de un soldado español de alto rango, no ha dudado un instante en atender mi solicitud de reproducir en nuestro blog lo que con pluma magistral escribe para el suyo D. Pedro Motas Mosquera. Agradezcan conmigo si les pete, lo que sigue y que en mi opinión no tiene desperdicio. “Tolle lege” mis amigos y probables únicos lectores.

“Queridos amigos: No podía faltar la amistad entre las actitudes que conforman el humanismo. Es otro signo o icono de la verdadera condición humana. La amistad, como el amor, tiene algo de secreto o incomprensible. ¿Porqué con unos sí, y con otros no? Pero tiene la ventaja de que puede amparar y cobijar otras actitudes, como por ejemplo, la lealtad. La lealtad en sentido horizontal, pero también ascendente, hacia nuestros superiores, y descendente, hacia los inferiores, lo cual se olvida con demasiada frecuencia.

La amistad, como una de las manifestaciones del amor, se caracteriza por la preocupación, por el interés y por la solicitud hacia el amigo, por la predisposición a entregarse en actos singulares (favores) y por la solidaridad. Todo ello constituye un bien moral de primera magnitud. Se dice que quien tiene muchos amigos tiene un tesoro en la tierra. Y también lo tiene en el cielo. El Diccionario de la Academia de la Lengua la define como “afecto personal, puro y desinteresado, ordinariamente recíproco, que nace y se fortalece con el trato”.

Para el humanismo, la amistad reúne sus dos condiciones características: el enriquecimiento de la condición personal y la capacidad de integración comunitaria. Además la generosidad que implica la amistad es algo consustancial. No hay amigos que no sean generosos entre ellos.

No son pocas las dificultades que el mundo moderno presenta para el desarrollo de auténticas amistades, especialmente en las grandes ciudades. Pero es que la verdadera amistad es un proceso inagotable que empieza en las primeras fases de la convivencia educativa. Cada una de ellas tiene su propio grupo de amigos. ¡Qué alegría cuando se producen los reencuentros!

Luego son las relaciones de convivencia y de trabajo las que ensanchan nuestro círculo. Pero no confundamos nunca estas relaciones sociales con la auténtica amistad. Repasemos y examinemos nuestro círculo de “conocidos” y veremos como pocos de ellos son nuestros amigos verdaderos e íntimos.

La amistad es muy exigente, pues no solo produce el disfrute de la compañía, sino que con frecuencia demandará nuestro tiempo, nuestro esfuerzo, nuestra iniciativa, nuestro sacrificio para que no se extinga, y el vivir y compartir con el amigo sus dificultades y desgracias.

En política es difícil que haya verdaderas amistades. Por lo pronto se excluye a aquellos “amigos” que se hacen cuando se ejerce cargo público. La mayoría abandona al día siguiente del cese, y el resto al poco tiempo. Por ello hay que desconfiar de quien se declara amigo mientras se está en el poder.

También es difícil la amistad entre los políticos de una misma tendencia ideológica. Solo un tiempo prolongado de “travesía del desierto”, puede hacer buenos amigos, pero esa amistad estará siempre expuesta a tensiones, discrepancias, intereses y, cuando no, traiciones. Por ello la sabiduría del dicho popular que reza: ¡guárdame Dios de mis amigos, que de mis enemigos me guardo yo!

Sin embargo, en la milicia es algo sagrado; decía mi querido General Dávila en uno de sus artículos sobre “Amistad y Compañerismo: No son buenos tiempos para la amistad… Ojalá que nunca traicionemos la amistad ni al compañerismo. Para un soldado sería como perder el valor y el honor”.

Feliz verano y recibid un cordial abrazo de Pedro Motas Mosquera”


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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