Los lunes, revista de prensa y red

“La ruptura del pacto del 78”, de Jesús Palacios, y “Ante la exhumación de los restos del caudillo Franco”, de Roberto Centeno

( Viñeta de Esteban en La Razón el pasado 25 de agosto) (*)

LA RUPTURA DEL PACTO DEL 78

Artículo de Jesús Palacios publicado en La Razón el pasado día 25 de agosto

Uno de los éxitos de la Transición fue sellar la reconciliación entre todos los españoles. Aquel espíritu lo quebró Zapatero en 2007 con la mal llamada Ley de Memoria Histórica y pretende rematarlo Pedro Sánchez. Produce cierto hastío tener que escribir sobre la acción del Gobierno socialista de exhumar los restos de Francisco Franco de su tumba en el Valle de los Caídos. Pero lo cierto es que Pedro Sánchez ha hecho de este asunto todo un símbolo, todo un mito, a través de sus jaleadores mediáticos, convirtiéndolo en el acto prioritario de la acción política de un gobierno sin horizonte ni sentido. Franco murió pacíficamente en una cama de un hospital de la Seguridad Social hace 43 años, tras, eso sí, una larga y tremenda agonía, pero sin hostilidad ni violencia de una oposición que, de hecho, ya estaba activa y bien presente en los últimos años del franquismo. Y con su óbito se acabó su dictadura y régimen personal.

Uno de los éxitos de la Transición fue el de sellar la reconciliación entre todos los españoles a través del pacto político entre los reformadores del franquismo y los partidos en el exilio. Y de las dos leyes de Amnistía, que fueron promovidas por la izquierda, porque había llegado el momento de ultimar el proceso de normalidad democrática «con el olvido de cualquier legado discriminatorio del pasado en la plena convivencia fraterna de los españoles» (amnistía de julio de 1976), recogiendo expresamente la de octubre de 1977, la amnistía total para todos los hechos y delitos de intencionalidad política ocurridos entre el 18 de julio de 1936 y el 15 de diciembre de 1976. Uno de sus defensores más activos fue el histórico líder sindical Marcelino Camacho, portavoz del PCE en el Congreso, al manifestar que la Ley de Amnistía era «resultado de una política coherente y consecuente que comienza con la política de reconciliación nacional de nuestro Partido». «Nosotros considerábamos que la pieza capital de esta política de reconciliación nacional tenía que ser la amnistía. ¿Cómo podríamos reconciliarnos los que nos habíamos estado matando los unos a los otros, si no borrábamos ese pasado de una vez para siempre?»

Aquel espíritu de reconciliación y normalidad democrática entre los españoles, lo rompió en diciembre de 2007 el presidente Zapatero con la mal llamada Ley de Memoria Histórica, que reabrió las heridas cerradas y superadas en la sociedad, volviendo al lenguaje guerracivilista y de trincheras, seguido de una guerra de esquelas, el deseo de «ajustar cuentas» con los vencedores de la Guerra Civil y el franquismo, y la obsesión por derribar monumentos y cambiar los nombres de las calles. Lo que nada tiene que ver con el honroso enterramiento de todas las víctimas, que fue la coartada y maquillaje de la ley.

En una vuelta de tuerca más, Pedro Sánchez no solo ha presentado en el Parlamento una reforma de dicha ley en la que pretende, entre otras barbaridades, la implantación de una «cheka» nacional de pensamiento único con la creación de una Comisión de la Verdad, lo que ha sido contestado por cientos de intelectuales, historiadores y políticos de todos los ámbitos, muchos de ellos socialistas y de izquierdas, en el Manifiesto por la Historia y la Libertad, sino que ha hecho del cadáver de Franco y del mausoleo del Valle de los Caídos el principal y casi único objeto político de su Gobierno.

En cierta ocasión le preguntaron al presidente Felipe González si estaría dispuesto a quitar la estatua de Franco de los Nuevos Ministerios, a lo que contestó «que el valor para derribar aquel monumento había que demostrarlo en vida del dictador porque ya muerto carecía del mismo». Agitar los restos de Franco le sirve a Sánchez para la movilización populista, y de llevar a cabo la medida no estaríamos ante una exhumación, sino ante una profanación y una violación de la ley, por mucho que el Parlamento lo hubiese aprobado en mayo de 2017, lo que indica también la cobardía de varios partidos. Y si ahora la lleva a cabo mediante un decreto ley convalidado en el Congreso será en flagrante fraude de ley, pues nada justifica la urgencia ni la trascendental importancia del mismo.

Ya la comisión de expertos creada por Rubalcaba al efecto, emitió un dictamen en noviembre de 2011 en el que mayoritariamente estos se mostraban partidarios de la exhumación, y a la vez, de lo difícil que sería llevarla a cabo si no se contaba con el beneplácito de la Iglesia, y la del abad benedictino del Valle; esto es, que se dejaran las cosas como estaban. El Gobierno cuenta con la negativa del abad, y no está nada clara la ambigua o ecléctica postura de la Iglesia, a la que se ha sumado la firme oposición de la familia.

Sánchez ha dicho que mover a Franco de su tumba es para evitar que el lugar se convierta en un centro de exaltación franquista y de la dictadura, lo que en modo alguno es cierto. Y también ha enfatizado que «ninguna democracia puede permitirse monumentos que ensalcen a una dictadura», con lo que exhibe su tremenda ignorancia. Y un cerebro vacío. En el exterior del palacio de Westminster (Parlamento británico) está la estatua de Oliver Cromwell, el feroz y aberrante puritano que hizo una guerra civil, cortó la cabeza de Carlos I, estableció la república, cerró el Parlamento y se erigió en dictador masacrando a los irlandeses y hostigando a los escoceses. En el centro de París, Napoleón Bonaparte, que se autoproclamó emperador absoluto, reposa en un gran mausoleo en el palacio de los Inválidos. El dictador y creador del fascismo, Benito Mussolini, el Duce, tiene un mausoleo en Predappio, su villa natal; en la Plaza Venecia de Roma, ante el monumento dedicado a Víctor Manuel II, sigue erigida una columna dedicada al «dux» y en el conocido durante el fascismo Foro Mussolini, hoy Foro Itálico, se levanta un obelisco con la leyenda «Mussolini Dux».

Y qué decir de los países sometidos durante décadas bajo la dictadura comunista. La desaparición de la URSS no ha modificado en absoluto la necrópolis con las tumbas de varios de sus dictadores que hay junto al muro del Kremlin. Allí sigue estando intacto el mausoleo de Lenin, cuya base sigue sirviendo de tribuna de las grandes paradas militares. Stalin estuvo enterrado junto a Lenin entre 1953 y 1961, hasta que Jruschov decidió sacar su cuerpo y enterrarlo en la necrópolis a los pies del muro. A su lado está la tumba de Mijail Suslov, y en la misma hilera de la Plaza Roja, las tumbas de Félix Dzerzhinski, el creador de la terrorífica «cheka», Breznev, Andropov y Chernenka, entre otros. Al aire libre, en el Parque Muzeum, junto al río Moscova, se levantan infinidad de estatuas de los diferentes dirigentes soviéticos y de la URSS, además de símbolos en edificios públicos, nombres en las estaciones de metro y en las calles.

Por su parte, en Pekín, Mao Zedong, que dejó más de setenta millones de muertos durante su dictadura y su cruenta Marcha Cultural, tiene su gran mausoleo en la Plaza de Tiananmén. Ho Chi Minh, el histórico líder vietnamita, posee el suyo en Hanoi, donde su cuerpo momificado se conserva mejor que el de Mao. Y así podríamos seguir con la saga de los dictadores de Corea del Norte o de la América española.

Cada nación debe asumir su propia historia tal y como es. Ningún dirigente político debe manipularla en su propio beneficio. Hacerlo es espurio. Las heridas de la Guerra Civil, que dividió y enfrentó a los españoles, quedaron cerradas al inicio de la Transición en la concordia de la reconciliación política y social. Zapatero rompió aquel pacto reabriendo heridas, y Sánchez profundiza en ellas. Traer a la política el cadáver de Franco o su dictadura, y los hechos de nuestra historia más reciente es un grave error, que lejos de normalizar o pacificar podría llevar a la confrontación social. La acción política debe hacerse siempre sobre los vivos. Y nunca sobre los muertos.

Artículo en: https://www.larazon.es/espana/la-ruptura-del-pacto-del-78-NO19609949

ANTE LA EXHUMACIÓN DE LOS RESTOS DEL CAUDILLO FRANCO

Artículo de Roberto Centeno, catedrático de Economía, publicado en el blog moimunan.com el pasado día 3 de julio

Como afirma el más prestigioso historiador de las guerras modernas el inglés Antony Beevor: “la guerra civil española es uno de los pocos conflictos mundiales cuya historia la han escrito con mayor eficacia y mendacidad los perdedores que los vencedores. Las generaciones más jóvenes no pueden ni imaginar como era la vida en España desde Febrero de 1936”. En esa fecha, un Frente Popular formado por totalitarios socialistas, comunistas y anarquistas y por separatistas golpistas, se hicieron con el poder a través de unas elecciones fraudulentas, y de inmediato desataron una ola de violencia, quema de iglesias y asesinatos de quienes no pensaban como ellos y paralizando la economía del país.

El Socialista el periódico de mayor influencia escribiría: “estamos decididos a hacer en España lo mismo que se ha hecho en Rusia, y en cuanto hayamos fortalecido nuestras posiciones debemos ir mas allá”. “Ir mas allá ( Beevor) significaba que la eliminación de los rivales políticos tenía la máxima prioridad desde el principio”. El estalinista Largo Caballero era muy claro al respecto, “la revolución que queremos solo puede obtenerse por medio de la violencia”. Lógicamente, la media España que totalitarios y separatistas querían someter y aplastar iba a resistirse a morir. A partir de marzo, un grupo de militares y civiles encabezados por el general Mola comienza a preparar un “movimiento nacional que evite la ruina y la desmembración de la Patria, que solo se desencadenará en caso de que la circunstancias lo hagan absolutamente necesario” (Salas Larrazábal).

El 12 de julio la policía republicana asesina al líder de la derecha José Calvo Sotelo, y el Gobierno en lugar de arrestar a los responsables detiene a la gente de derechas. Franco, que hasta ese momento se habría mostrado contrario al alzamiento con gran irritación de los conjurados, decide unirse a él. “El gobierno de Madrid ha caído en manos de unos pistoleros”, clamaría D. Miguel de Unamuno desde Salamanca, y uno de los padres intelectuales de la República. El levantamiento del 18 de Julio, no se realizó contra un gobierno legítimo como pretenden socialistas, comunistas y separatistas, sino contra un desgobierno revolucionario, decidido a acabar con la media España que no pensaba como ellos.

Estos hechos exhaustivamente investigados y estudiados durante mas de 70 años, están hoy fuera de toda duda razonable, excepto para el nuevo Frente Popular articulado alrededor de un botarate guerra civilista Pedro Sánchez un apóstol de la mentira y del odio, dispuesto a reabrir las trincheras de 1.936 y enfrentar a media España contra la otra media, imponiendo la perversa visión del Frente Popular. Y para empezar este miserable al que solo han apoyado el 15% de los españoles con derecho a voto, ha decidido exhumar los restos del general Franco, que consiguió contra todo pronóstico la victoria del alzamiento, tanto que Prieto visto lo extraordinariamente ventajoso del Gobierno en hombres y en medios, exclamaría: “Podría ascender hasta la esfera de lo legendario el valor de quienes se han alzado en armas contra la República, y aún así inevitablemente, inexorablemente, serían fatalmente vencidos”. No conocía a Franco.

Pero Franco hizo más, muchísimo mas, sacó a España de su pobreza secular y creó una poderosa clase media, que la chusma política actual está destruyendo. En 1975 había situado a España como la octava potencia económica mundial, hoy la oligarquía política la ha hundido al puesto 16; la renta per cápita relativa a los 9 países que constituían la entonces la CEE llegó en 1.975 a su máximo histórico el 83% de la media de estos nueve países, hoy se ha hundido hasta el 71%; la industria era el 36 % del PIB hasta que los socialistas la destruyeron en 1986 con la llamada “reconversión industrial”, y hoy es el 14% del PIB, y es que la casta política ha convertido España en un país de enchufados públicos, especuladores y camareros; Franco borró del mapa la palabra paro y hoy tenemos el segundo mayor de Europa; la enseñanza pública era la tercera mejor de Europa, hoy es una de las últimas; los hijos vivían no mejor sino mucho mejor que sus padres, hoy por primera vez en siglos viven peor, y lo malo está por llegar; la deuda pública era cero, hoy es el 133% del PIB, lo que será la ruina de las generaciones futuras, etc.

El que el pueblo español permita impasible, que unos indocumentados, miserables y guerra civilistas exhumen los restos de Franco del sitio que le corresponde por mérito propio, significa que este pueblo está perdido. Les van a aplastar a impuestos, nos van a inundar de inmigrantes musulmanes que quieren destruir nuestros valores y nuestra cultura, porque este cobarde de Sánchez que acaba de hacer el ridículo más absoluto en Europa como el chico de los recados de Merkel y Macron – ese “chico nuevo” le llamaría Juncker, Presidente de la Comisión Europea – ha aceptado convertir nuestra Patria en el gran campo de refugiados de Europa, ya que Alemania nos va a devolver los suyos. Una ignominia tan increíble y tan brutal, que no tiene precedentes en la historia. Y es este miserable quien ha decidido exhumar los restos del general Franco.Y luego a la chusma de Podemos que quiere destruir España le ha ofrecido el control de los medios. Va a poner al frente de RTVE a un indocumentado que se oponía al 155, que odia a España, que es un estalinista totalitario y que insulta al Rey y elogia al nazi Torra y sus secuaces. En ningún país civilizado se ha visto nada parecido. Podemos exige también el control total de la Agencia EFE que es la principal agencia de noticias de España, cuyas noticias se difunden de forma automática en casi todos los medios de España, igual que Goebbels en la Alemania Nazi, y además el control de la Empresas Públicas por una chusma que seria incapaz de dirigir un puesto de pipas. Y el pueblo español sin reaccionar.

Pero aún es peor, al igual que en Febrero de 1936, el gobierno socialista decidió ignorar la Ley y la Constitución Republicana para garantizarse el apoyo de separatistas, anarquistas y comunistas, que como he explicado al principio llevaron la nación al caos y, como no podía ser de otra manera, nos metieron en la guerra civil, este miserable guerra civilista y felón, esta dispuesto a vulnerar la legalidad y la Constitución para excarcelar a los golpistas catalanes y pactar la ruptura de España con los nazis de la Generalitat y los traidores del PNV .

Decía el dramaturgo alemán Bertolt Brecht “primero vinieron a por los comunistas, pero como yo no era comunista, no me importó; luego vinieron a por los judíos, pero como yo no era judío no me importó; y luego vinieron a por mi, pero entonces ya era demasiado tarde”. Hoy estos canallas frente populistas desentierran a Franco, y Uds se callan; mañana aceptan oleadas de inmigrantes que arruinarán, su vida su cultura y su modo de vida, y Uds se callan; mañana pactan con separatistas y terroristas la ruptura de España, y Uds se callan; mañana habrán aniquilado política y económicamente España, destruyendo sus vidas y su futuro y las vidas y el futuro de sus hijos, y para entonces será demasiado tarde.

Artículo en: https://moimunanblog.com/2018/07/03/ante-la-exhumacion-del-caudillo-franco/


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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