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Por Carlos de Bustamante

( Recreación en el año 2016 de la primera inmersión subacuática prolongada de la historia en el río Pisuerga de Valladolid. Foto en El Norte de Castilla)

Recibí un “factbook” de Nacho Anadón Blanco (hijo por cierto del que fue durante muchos, muchos años director gerente de Vega Sicilia, finca y bodega próxima a la Dehesa de Peñalba). Me contaba lo que había publicado El Norte de Castilla: que un tal Jerónimo Ayanz Beaumont inventó y lo exhibió en nuestro Pisuerga y ante el rey Felipe III el sistema de los actuales buzos mucho antes (200 años) de que se lo atribuyera el abad Jean Baptiste de la Chapell y desarrollado luego por Inglaterra como propio.

Como es historia de Valladolid, me parece puede ser noticia cuando menos curiosa para los que no leen El Norte. Lo narra ahora un vallisoletano, también amigo -Arturo Posadas-. El acontecimiento que fue sonado en ¡1602! está escrito en una placa bajo el puente del Poniente. Así que me llenó de orgullo la información, como vallisoletano, y le agradecí mucho a Nacho Anadón que me la enviara, tanto que la reproduzco ahora en nuestro blog “Tres Foramontanos en Valladolid”.

Permitanme, antes, una breve aclaración sobre ese título de nuestro blog, mezcla de “Foramontanos” y “Valladolid”, que creo no se explica del todo en el apartado “Sobre los autores” que puede usarse pinchando en el lado izquierdo del blog. Como mis amigos y probables únicos lectores saben muy bien, el nombre de Foramontanos procede de los que, oriundos de la Montaña, (la antiquísima Región española hoy denominada Cantabria), dejaron los riquísimos pero superpoblados valles montañeses, para establecerse en los castellanos lares -tan castellanos como su patria chica- pero despoblados por batallar sus gentes durante siglos sin descanso y sin cansancio contra el moro invasor de nuestra Patria común.

Coincidente o no con esta migración por la “ruta de los foramontanos” y por circunstancias diversas, también algunas familias, cuya genealogía se remonta a tiempos remotos, pero no “indianos”, sino de muy noble estirpe, también dejaron valles y mares para establecerse en la meseta aun sin desprenderse de palacios y casonas de su querida Montaña.

A estos últimos pertenecen dos de los componentes del blog. Mas algunos o muchos de los relatos, tienen a Valladolid como referencia. No en vano los mismos dos con ancestros montañeses nacieron en la ciudad donde “no por casualidad pasa el Pisuerga”. Así pues, el nombre de “Tres Foramontanos en Valladolid”, que propuse yo cuando empezamos el blog, cuadra con los personajes. Bien por nacimiento o por ser el lugar donde viven o tienen los más gratos recuerdos. Otra versión puede verse, ya digo, en “Sobre los autores”, escrita por el tercer autor, el que no tiene nada que ver con los montañeses, para justificar el sonoro, aunque un tanto forzado, título del blog.

Pero vamos ya con la noticia, “El agosto de 1602 en que Valladolid deslumbró al mundo”, que así titulaba El Norte de Castilla y subtitulaba: “La capital protagonizó la primera inmersión subacuática prolongada de la historia con la presencia del rey Felipe III”. La firmaba Arturo Posada el domingo, 5 agosto 2018.

“Corría el viernes 2 de agosto de 1602 y las aguas del río Pisuerga se prepararon para celebrar la flamante nueva embarcación del rey, la galera San Felipe, nombrada así por Felipe III. Valladolid, entonces capital del imperio y sede de la corte, se echó en masa al Espolón, en la actual zona de la playa de las Moreras, para presenciar los festejos. Frente al Palacio de la Ribera (la residencia veraniega del monarca, hoy en ruinas), los vallisoletanos no solo iban a presenciar la botadura del navío de vela latina, sino uno de los grandes hitos de la historia: la conversión del ser humano en anfibio gracias a un revolucionario invento subacuático.

El personaje clave respondía al nombre de Jerónimo Ayanz y Beaumont, un navarro al que se le considera como el Leonardo da Vinci español, aunque su fama es mucho menor que la del genio italiano y España no le ha hecho toda la justicia que merecería. Ayanz diseñó un efectivo traje de buzo, revolucionario para la época, que permitía una prolongada inmersión en las aguas gracias a un novedoso sistema de conductos diferenciados (un tubo para inspirar; otro para espirar), válvulas y fuelles a través de los que se insuflaba el aire.

El buzo se sumergió a tres metros de profundidad en las aguas del Pisuerga, ante la atenta mirada del rey Felipe III, que poco a poco fue perdiendo el interés. Después de una hora larga de reloj, se procedió a sacar al voluntario y las reseñas apuntan a que el fin de la experiencia subacuática se debió al aburrimiento del monarca, que consideró poco emocionante observar prolongadamente las evoluciones del buzo. A la salida del agua, el público prorrumpió en vítores, como recoge Roberto Alonso en su libro ‘Valladolid universal’.

En la obra ‘Ayanz. La increíble vida del Leonardo español’, Rafael Romero lo novela así en boca del inventor Jerónimo Ayanz. «Eché a un hombre debajo del agua, y al cabo de una hora le mandó salir su Majestad, y aunque respondió debajo del agua que no quería salir tan presto porque se hallaba bien, tornó el Rey a mandarle que saliese. El cual hombre dijo que podría estar debajo del agua todo el tiempo que pudiese sufrir y sustentar la frialdad de ella y el hambre Diseño de Jerónimo Ayanz que figura en el panel de la caseta de Amigos del Pisuerga.

En 2016, la Asociación de Amigos del Pisuerga, en colaboración con el colegio de El Pilar, recreó en la zona de Tenerías este episodio histórico.

Un panel bilingüe en la caseta de Amigos del Pisuerga rememora el «primer buceo prolongado de la historia» y recuerda que Ayanz se adelantó 200 años a los prototipos que se desarrollaron posteriormente en Inglaterra. Bajo el puente de Poniente, un colorido mural conmemora la gesta. Vean cómo lo recogen las crónicas:

La escafandra

La palabra escafandra, del francés scaphandre y este del griego skaphe (barca) y andros (hombre),1 fue utilizada “por primera vez en 1775” por el Abad francés Jean-Baptiste de La Chapelle en su Tratado de la construcción teórica y práctica de la escafandra o barco del hombre (Traité de la construction théorique et pratique du scaphandre ou du bateau de l’homme).

El invento de la Chapelle consistía en un traje realizado en corcho que permitía que los soldados pudieran flotar y atravesar un curso de agua. La Academia de las Ciencias francesa no le encontró utilidad a este invento pero retuvo su nombre, pues años más tarde la palabra scaphandre fue conservada en lengua francesa para equipos de respiración subacuática, pasando seguidamente a la lengua española bajo la forma «escafandra». Así, actualmente, la palabra ya no se refiere al invento del Abad de la Chapelle sino a un conjunto de equipos y dispositivos que permiten que una persona pueda penetrar en el agua con seguridad en este entorno que le es hostil.

El gran Jerónimo Ayanz no solo patentó su sistema de buceo en 1606, sino que ensayó en Valladolid otras «notables invenciones», como «la máquina de vapor para elevar el agua o el aire acondicionado», como rezaba otro cartel junto al río Pisuerga. Sí, los agostos también resultaban tórridos y Ayanz ya buscaba entonces la manera de combatir el agobiante calor de los días más duros del verano.”

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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