Los lunes, revista de prensa y red

“La idiocracia de siempre”, de Luis Herrero, y “La inviolabilidad del Valle de los Caídos”, de Luis Felipe Utrera-Molina

( Viñeta de Miki y Duarte en Diario de Sevilla el pasado día 4) (*)

LA IDIOCRACIA DE SIEMPRE

Artículo de Luis Herrero publicado en Libertad Digital el pasado día 10

Sánchez, que llegó al poder con ayuda de los mismos sediciosos que ahora promete mantener a raya, repite, corrige y aumenta el error de Rajoy. La maldición salada de mirar hacia atrás solo admite la excepción de aprender de los errores pasados para no volver a cometerlos en el futuro. La tradición de los primeros aniversarios nos obliga a recordar lo que pasó. Ya hemos doblado el recuerdo de las leyes de desconexión. En las próximas horas le tocará el turno a la Diada que prendió la mecha del referéndum. Y a continuación, todo lo demás: el 1-0, la declaración de independencia, la aplicación tardía del 155, la huida de los cobardes, el encarcelamiento de los otros líderes de la rebelión… Recuerdo muy bien cuál era el razonamiento gubernamental en aquellas fechas. Se resume en una frase de tres letras. «No se atreverán». Puigdemont o Junqueras salían todos los días en público a anunciar lo que iban a hacer y el Gobierno respondía en privado que era un farol. Según esa doctrina empecinadamente negacionista no iba a pasar nada de lo que pasó. Pero pasó. Y estos días lo estamos recordando como un dejà vu de lo que nos aguarda a partir del martes.

Hemos entrado en bucle. Lo que pasó hace un año está volviendo a pasar. En términos idénticos. Algunos papeles han cambiado de protagonista, pero la historia es exactamente la misma.

Que Rajoy no actuó a tiempo es un hecho objetivo que no admite discusión cuando se analiza con la perspectiva del tiempo transcurrido. Si lo hubiera hecho, las leyes de desconexión no se habrían aprobado y los independentistas no hubieran podido invocarlas para convocar el referéndum. Nos habríamos ahorrado el bochorno de ver abiertos los colegios electorales, que según el Gobierno no iban a abrir, pertrechados con urnas que según el Gobierno no existían. Sin referéndum, el fantasma del mandato popular del 1-O seguiría encadenado en su mazmorra y el drama del último año se habría escrito de otra manera. No sé si mejor o peor, pero distinta.

En tiempos de Rajoy se daba por hecho que ERC, que según las encuestas era la formación hegemónica en la orilla independentista, no malograría su gran oportunidad de llevar a Junqueras a la presidencia de la Generalitat exponiéndose a que le inhabilitaran. También se decía que el miedo a la cárcel embridaría los ánimos de Puigdemont y Forcadell. Y que en último término, si las circunstancias lo requerían, siempre quedaría la baza nuclear del 155. Ahora sabemos que ese argumentario era una memez soberana, la paja mental de un voluntarismo estúpido que puso al Estado de rodillas a cambio de nada.

Sánchez, que llegó al poder con ayuda de los mismos sediciosos que ahora promete mantener a raya, repite, corrige y aumenta el error de su antecesor. Por eso merece una admonición más severa. Si hay algo peor que un pardillo es un pardillo sabiondo. Él cree que su oferta de diálogo será fructífera. Y si no lo es, que la experiencia de la cárcel -no ya como amenaza teórica, sino como experiencia consumada- mantendrá a los rebeldes en el ámbito de las bravatas, donde la retórica es flamígera pero inofensiva. Y en el peor de los casos, si llega a ser menester -cosa harto improbable-, que el botón nuclear del 155 nos preservará de males mayores.

Mucho me temo que este curso estamos condenados a ver que Sánchez también se equivoca. En todo. Ni la oferta de diálogo le va a funcionar más que a Rajoy (salvo que esté dispuesto a entregar lo que le piden, claro), ni la experiencia penitenciaria arredrará los ímpetus sediciosos, ni la invocación del 155 conjurará el desafío. Seamos serios, ¿de qué sirvió su aplicación cuando Rajoy, Sánchez y Rivera la acordaron? Un año después, las cosas están como estaban: la Generalitat vuelve a tener el control del dinero, el diplocat ha reabierto sus embajadas, el Parlament sigue dominado por el absolutismo independentista y el discurso institucional persevera en su propósito de ejercer el derecho a la autodeterminación de Cataluña. Se podrá argumentar, como contrapartida, que hace un año los líderes de la rebelión no estaban en la cárcel o no eran prófugos de la justicia. Y es verdad. Como también lo es que ese hecho no se debe a la aplicación del 155. Los jueces hubieran actuado exactamente igual aunque no hubiera entrado en vigor. La observancia de la ley les obligaba a hacerlo.

La conclusión es que, un año después, en vísperas de que la historia se repita, las cosas siguen igual o peor de lo que estaban: el plan de la sedición, intacto. El Gobierno, inmóvil. Y la oposición, a tortas. No hemos aprendido la lección. La mirada al pasado no está sirviendo para prevenir el futuro. Deberíamos convertirnos en estatuas de sal. Nos hemos ganado el derecho a que las generaciones futuras nos llamen gilipollas.

Artículo en: http://www.libertaddigital.com/opinion/luis-herrero/la-idiocracia-de-siempre-85974/

LA INVIOLABILIDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS

Artículo de Luis Felipe Utrera-Molina publicado en ABC el pasado día 1

Ante la creciente confusión derivada de noticias falsas, medias verdades, declaraciones ligeras y manipulaciones, es hora ya de realizar algunas consideraciones estrictamente jurídicas sobre la decisión política del Gobierno de exhumar el cuerpo de Francisco Franco Bahamonde. En primer lugar, la Basílica –iglesia abacial del Valle de los Caídos– es un lugar de culto, por lo que se le aplica el artículo 1.5 del Acuerdo España – Santa Sede sobre asuntos jurídicos de 1979 que garantiza su inviolabilidad con arreglo a las Leyes.

El Acuerdo concordatario citado es un tratado internacional, tal y como ha afirmado la doctrina del Tribunal Constitucional y en virtud de los artículos 95.1 y 96.1 de la Constitución, sus normas, incorporadas al ordenamiento jurídico español, no pueden ser modificadas unilateralmente por leyes internas, estatales o autonómicas. Así, la inviolabilidad debe entenderse como una inmunidad frente al poder estatal (legislativo, por lo ya expresado; ejecutivo y judicial). Sigo en este punto, el Diccionario Jurídico Espasa, 2ª edición, Madrid, 2001, de cuya voz «inmunidad eclesiástica» es autor José María Sánchez, catedrático de Derecho eclesiástico del Estado. El término «inviolable», codificado por el Derecho internacional (artículo 22 de la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas, de 18 de abril de 1961, en vigor desde el 24 de abril de 1964), según la costumbre y la praxis internacionales, implica que los agentes del Estado receptor no pueden penetrar en los locales de una misión diplomática sin consentimiento del jefe de dicha misión y que tales locales, su mobiliario y demás bienes situados en ellos, no podrán ser objeto de ningún registro, requisa, embargo o medida de ejecución.

La voluntad de las altas partes contratantes, Iglesia y Estado, tiene un contenido objetivable, que es el que corresponde a la inviolabilidad tal y como la entienden Derecho, costumbre y praxis internacionales. En el caso de la Iglesia, su voluntad no pudo ser otra que la de respetar el canon 1160 del Código de Derecho Canónico de 1917, vigente al tiempo de celebración del Acuerdo, que disponía para los lugares sagrados la exención de la jurisdicción civil. Y eran lugares sagrados (can. 1154 del mismo Código), y lo son, los destinados al culto divino o a la sepultura de los fieles mediante la dedicación o bendición prescrita por los libros litúrgicos (can. 1205 del Código de Derecho Canónico vigente de 1983).

El Código de Derecho Canónico vigente dice, de modo aún más amplio, que la autoridad eclesiástica ejerce libremente sus poderes y funciones en los lugares sagrados (can. 1213). Y el artículo XXII. 3 del Concordato de 1953, antecedente del vigente artículo 1.5 del Acuerdo concordatario de 1979, disponía expresamente que los agentes del Estado no podían penetrar en los lugares sagrados sin autorización de la autoridad eclesiástica.

Lo anterior indica que el inciso del artículo 1.5 del Acuerdo concordatario de 1979, según el cual la inviolabilidad de los lugares de culto está garantizada «con arreglo a las Leyes», no puede ni debe permitir que una norma estatal con fuerza de ley, como pueda serlo, entre otras, un decreto-ley, modifique lo que la inviolabilidad significa como inmunidad frente al poder estatal, negándola total o parcialmente.

La Abadía del Valle de los Caídos es un monasterio autónomo por ser una casa religiosa de monjes bajo el régimen y el cuidado del superior propio, sin que sus constituciones determinen otra cosa (can. 613 §1 del Código de Derecho Canónico vigente). En efecto, la condición jurídica de los benedictinos (monjes que habitan la Abadía y para quienes se instituyó), que no constituyen una orden religiosa, tiene por consecuencia que la Abadía esté bajo el régimen y cuidado de su superior propio, y no de otra autoridad eclesiástica superior (el obispo diocesano, según el Canon 615) que únicamente disfruta de una facultad de vigilancia para velar por el cumplimiento por el prior administrador de las normas canónicas y de las concordatarias. Por consiguiente, la única autoridad que tiene potestad canónica y consiguiente potestad reconocida por el Acuerdo concordatario de 1979 y el Derecho español para autorizar la entrada de cualesquiera agentes del Estado, gubernativos o judiciales, en la Basílica del Valle de los Caídos es el superior mayor de la Abadía, hoy el prior administrador.

Evidentemente, en último caso, la potestad sobre la exhumación podría ser avocada por el Papa, de conformidad con el canon 332 § 1 del Código de Derecho Canónico vigente. Mas cabe preguntarse qué sentido eclesial tendría esa avocación, exclusivamente para hacer canónicamente legítima una decisión política sin precedentes como la exhumación del cadáver de Franco en contra de la voluntad expresa de sus familiares directos y con ánimo claramente vejatorio del difunto, varón bautizado y caballero de la Orden Suprema de Cristo, cuando la Iglesia, desde el Concilio Vaticano II, ha abandonado toda pretensión de intervención en materia temporal, para limitarse a emitir un juicio moral para salvaguardar y promover los bienes del orden sobrenatural.

Artículo en: http://www.almendron.com/tribuna/la-inviolabilidad-del-valle-de-los-caidos/


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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