450 aniversario del convento de Santa Teresa

Por José María Arévalo

( Santa Teresa. Talla de Gregorio Fernández, fechada en 1615, propiedad de la iglesia del Carmen Extramuros) (*)

El pasado 15 agosto Valladolid celebró el 450 aniversario del convento que Santa Teresa fundó en la Rondilla que lleva su nombre. El acto oficial fue la misa que ofició el arzobispo y presidente de la Conferencia Episcopal Española, don Ricardo Blázquez, a la que asistieron autoridades del Ayuntamiento y Diputación, y numeroso público. Después de la misa se proyectó un video conmemorativo que recordó la labor de la santa abulense y su legado en Valladolid. Finalmente fueron bendecidas también por parte del arzobispo de la Diócesis, las ermitas de la huerta del convento.

El alcalde subrayó, reseñaba El Norte, el valor histórico del edificio y «todo lo que ha sucedido a lo largo de la Historia». «Es uno de los lugares más desconocidos de la ciudad, incluso para los vallisoletanos, pero que tiene unos tesoros de valor incalculable», insistió Puente, quien citó una celda en la que Teresa de Jesús habitaba cuando venía a la ciudad y que «se conserva en perfecto estado». Pero también la colección de cartas manuscritas de la monja andariega, la «más importante que existe», así como obras de imagineros como Juan de Juni y Gregorio Fernández. «Es un lugar de valor histórico tremendo», incidió.

En conjunto, destacó que se trata de una orden religiosa que ha permanecido de manera estable en la ciudad y «ha contribuido a hacer Valladolid». En general, dijo, este convento forma parte del «camino de recuperación de esa senda de identidad histórica de la ciudad, y dar a conocer estos valores del patrimonio». «En las causas de la explosión del turismo en Valladolid también se esconde correr ese velo que cubre una parte importante de la historia de la ciudad», concluyó.

( Yacente del Convento de Santa Teresa. Finales del XVII. Anónimo castellano en el Monasterio de la Concepción del Carmen) (*)

El pasado mes de marzo publicábamos en estas páginas el artículo “Exposición “Stabat Mater”, en Las Francesas” con la foto del Yacente del Convento de Santa Teresa, anónimo castellano de finales del XVII, de 1,37 de largo, que se colocó en el centro de la sala, y del que en una cartela se explicaba procede del Monasterio de la Concepción del Carmen, y está situado en la actualidad en la celda que ocupó la Madre fundadora convertido en capilla, y que fue tallado en bulto completo y se aleja del tipo de los de Gregorio Fernández al tener la cabeza recta con la mirada hacia lo alto y las piernas manifiestamente recogidas en posición cervical. Está dentro de una urna y montado sobre almohadas que, según la tradición, también utilizó Santa Teresa.

Anteriormente habíamos publicado varios artículos sobre el convento de santa Teresa en nuestra ciudad, como “El convento de Santa Teresa en Valladolid”, de 13.03.15 y otro de 13.02.15 en el que dábamos cuenta de la exposición de ese mismo título en la Iglesia de las Francesas, para la conmemoración en Valladolid del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús. En esa muestra se pudieron ver más de 50 obras de museos, iglesias y conventos vallisoletanos, pero sobre todo de aquel que fue la cuarta fundación de la Santa. En el primero reseñábamos el libro ‘Tesoros del silencio’ del historiador Javier Burrieza, con fotografías de Francisco Javier Ruiz, estupenda guía recién publicada entonces sobre el convento de la Concepción del Carmen, que nos sirvió de apoyo para el artículo, que ahora vamos a resumir para celebrar la nueva conmemoración.

( Cristo crucificado expirando en la cruz, talla de Juan de Juni en una de las crujías del claustro) (*)

Empezábamos refiriéndonos al “Cristo crucificado expirando en la cruz”, talla de Juan de Juni, del que dice Burrieza: “En una de las crujías del claustro, se halla una magnífica talla de Juan de Juni, Cristo crucificado expirando en la cruz. Ponía de manifiesto el profesor Martín González que esta obra del escultor francés afincado en Valladolid ha permanecido oculta en la clausura, sin que los historiadores enfatizaran sobre un Crucificado que clama hacia el Padre, por el que se sentía abandonado. Martín González se atrevió a situado cronológicamente en la última década de la vida de Juni, hacia 1570, en el momento en que estaba realizando la Virgen de las Angustias de la célebre cofradía vallisoletana”.

“María Antonia Fernández del Hoyo –continúa-, última gran autoridad en Juni, piensa que la realización de esta imagen se debió al mecenazgo religioso y artístico de María de Mendoza, cliente de este maestro como prueba la imagen de san Segundo, patrón de Ávila -su hermano Álvaro era obispo de esta diócesis-, encargada para su ermita. Al corresponder a doña María el pago de la obra, no habría de aparecer ninguna referencia en los libros conventuales. La talla es una singularidad iconográfica. En la cruz, Cristo se encuentra vivo, con el dolor retenido en su cuerpo, sufriente pero sin rematar por los soldados. Juni disponía de un cuidadoso estudio anatómico. Son los instantes previos a la muerte. Su piel se caracteriza por una policromía pulimentada, de tono lechoso, a cuyo mantenimiento ha colaborado su conservación dentro de una vitrina en el citado claustro cerrado del Carmelo vallisoletano. El espectador se conmueve ante la contemplación de su rostro. El Cristo cercano que se siente abandonado y así lo expresa; con esa cercanía que favorecía la «conversación» de la que hablaba Santa Teresa”.

( El claustro del convento. Foto de Francisco Javier Ruiz en el libro ‘Tesoros del silencio’ del historiador Javier Burrieza) (*)

Y después nos adentrábamos en el Convento, en que en aquellas fechas se . conmemoraba el quinto centenario del nacimiento de la santa, que recaló en Valladolid en el verano de 1568 (llegó al paraje del río de Olmos, cerca del hoy Cuatro de Marzo) para establecer aquí su cuarta fundación. Las muchas humedades del primer asentamiento llevaron a trasladarlo a las antiguas casas y huertas de Alonso Argüello, que fueron adquiridas por María de Mendoza a finales de 1568 para que en ellas quedara instalada definitivamente la fundación de Santa Teresa. Desde el 3 de febrero de 1569, el convento se encuentra en la que hoy es conocida como calle Rondilla de Santa Teresa. Además de la visita fundacional de Teresa de Jesús, prolongada desde agosto de 1568 hasta febrero de 1569, la presencia de la monja reformadora se volvió a repetir en cinco ocasiones, la última pocos días antes de su muerte.

( El retablo mayor de la iglesia del Convento. Foto en el libro ‘Tesoros del silencio’ del historiador Javier Burrieza) (*)

Y entrábamos primero en la pequeña iglesia, de orden dórico, de una sola nave en forma de cruz latina. El altar mayor está compuesto de dos cuerpos; el primero formado por cuatro columnas de orden corintio y el segundo por dos de orden compuesto.

En el presbiterio –explica el libro ‘Tesoros del silencio’ del historiador Javier Burrieza-encontramos el retablo mayor ensamblado en el primer cuarto del siglo XVII, en sustitución de uno anterior que contemplaremos en la sala capitular. Este nuevo fue costeado por los patronos, los condes de Ribadavia, como prueban los escudos que campan en la parte superior del mencionado retablo. Presenta un solo cuerpo y ático, con la habitual crucifixión, esta vez realizada en el siglo XVI y posiblemente aprovechada de un retablo anterior. En la parte inferior -el banco del retablo- podemos descubrir los bustos relicarios de los santos León, Martín, Fabián y Froilán -todos ellos recuerdan al taller de Pompeo Leoni en el monasterio de San Pablo-.

El cuerpo principal se encuentra presidido por la que es la advocación del convento, la Concepción del Carmen; es decir, la Inmaculada Concepción. Quizás no fue realizada por el maestro Gregorio Fernández, aunque sí pertenece a su taller y se hallaba instalada en 1639.

Las hornacinas laterales presentan dos advocaciones principales. A la izquierda, el patriarca San José con el Niño Jesús. Sabemos que Teresa de Jesús y su reforma contribuyeron a la popularización devocional de este santo y que la mayoría de sus fundaciones se encontraban dedicadas a él. Fue realizada por Gregorio Fernández en torno a 1623, después del grupo procesional de la cofradía de los niños expósitos de la parroquia de San Lorenzo, que sirvió como modelo.

( Copia del retrato que pintó fray Juan de la Miseria de Santa Teresa, y que probablemente se deba al mismo autor. Lo realizó en los últimos días de la madre Teresa en el convento de San José de Sevilla. “Dios te lo perdone fray Juan –le dijo-, que ya que me pintaste, me has pintado fea y legañosa” )(*)

A la derecha, Santa Teresa de Jesús, tallada también por Gregorio Fernández para este convento en 1619; realizada entre su beatificación (1614) y canonización (1622). Por encima de uno y otro, se ubicaron dos bustos, de santa Cecilia y santa Úrsula. Muy posteriormente, como puerta del sagrario, se instaló un magnífico relieve en el que se representa el Entierro de Cristo, realizado en marfil, posiblemente, por un artista veneciano de finales del XVI.

Disponía el crucero –continúa Javier Burrieza-, antes de la reforma de ampliación de la reja del coro bajo, de dos retablos colaterales. El de la izquierda es el de San Juan de la Cruz, actualmente instalado en el coro bajo. Su pareja, a la derecha, alumbra a la Virgen del Carmen, ambas realizadas ya en 1639, siguiendo la estética y los modelos de Fernández. Los dos respondieron al momento de renovación de la iglesia con la colocación del retablo mayor.

( Celda de Santa Teresa. Foto de Francisco Javier Ruiz en el libro ‘Tesoros del silencio’ del historiador Javier Burrieza)(*)

Enfrente de la puerta de entrada admiramos una Inmaculada Concepción, un cuadro de gran tamaño obsequio de las carmelitas italianas de Moncaller, más allá de Roma, entregado como limosna a esta casa y que, inicialmente, según el Inventario de Sacristía, estaba en 1717 en e! coro bajo «con un marco negro con cantoneras doradas»

La Capilla Mayor se halla separada del resto de la iglesia por una reja del primer tercio del siglo XVII. Así la nave acoge una serie de pinturas de diverso tema. Avanzando desde la mencionada reja encontramos una Oración del Huerto, un lienzo firmado en 1624 por el pintor Bartolomé de Cárdenas.

Junto a la Iglesia está el claustro principal del convento, es de planta cuadrada, y a continuación otro mas pequeño entre dos muros. El resto del conjunto, totalmente cerrado por una alta tapia de ladrillo y tapial, lo forman las huertas y otras dependencias.

( Locutorio)(*)

Continuábamos hacia el convento, por la puerta de acceso, que está bajo la protección de una escultura en piedra de San José con el Niño, realizada en 1656, probablemente por el artista salmantino Juan Rodríguez.

A este zaguán, a modo de ventana, se abre una particular Capilla de las Reliquias, para que el público, sin acceder a la clausura, pueda contemplar algunos recuerdos personales, especialmente de Santa Teresa de Jesús. Entre ellos se encuentra el velo de la madre Teresa, un fragmento de su hábito recubierto por una malla de oro, realizada por la reina Margarita de Austria -esposa de Felipe Ill-; y algunas de sus cartas -otras muchas se conservan en el archivo, y el cilicio que había regalado a Francisco de Medina, prior de la Colegial de Medina del Campo: «tome hijo, que las carmelitas descalzas no tenemos otras dádivas que dar». A través de los sobrinos de este último -uno de ellos el carmelita fray Alonso de San José- vino a parar esta reliquia al convento de los frailes del Carmelo de Valladolid, depositándose en este de monjas tras la desamortización.


( Cristo en la Cruz. 1492. Obra de Alejo de Vahía, en el noviciado del Convento , tal como lo pudimos ver en la exposición de las Francesas) (*)

Es muy singular la pequeña imagen del Niño Jesús que regaló la fundadora, según la tradición, a la primera profesa de Valladolid, Ana de San José, conocido como el «Peregrinito», dotado de sus propios vestidos. Esta monja siempre lo tuvo en su celda, siendo conocidos en la vida comunitaria sus diálogos con él. Ana de Henao, que era como había sido bautizada, recibió el hábito en San José de Medina del Campo y se la trajo la madre Teresa a Valladolid, donde se pudo confesar con fray Juan de la Cruz. Su ingreso abría, el 2 de noviembre de 1569, el Libro de Profesiones de esta cuarta fundación.

Además, en este escaparate se expone el facsímil de la segunda redacción de Camino de Perfección, conservado el original en este convento; fragmentos del escapulario de san Juan de la Cruz, así como una de sus cartas.

( Altar en la ermita de Santa Teresa, una de las tres con que cuenta el convento)(*)

En fin, seguíamos por los locutorios, uno de ellos con la reja que se supone primitiva y colocada por la fundadora, zaguán desde el cual también se utiliza el torno y por el que se accede, a través de la puerta reglar mencionada, a la clausura.

Claustro, Coro bajo en el que se encuentra ahora el desplazado retablo de San Juan de la Cruz, realizado por discípulos de Gregorio Fernández, La Piedad, dolorosa y llorosa con un Cristo muerto, obra de aquel místico de los pinceles, que llamaron «el Divino», Luis Morales, además de un Ecce Homo entregado por la novena marquesa de Camarasa, Isabel Rosa de los Cobas y Luna, que podría tratarse de otra imagen de Gregorio Fernández; noviciado, refectorio; el coro alto; los pabellones de las celdas; la enfermería; la huerta y finalmente las tres ermitas que se conocen como del Cristo, de Nuestra Señora del Carmen y de Santa Teresa, que bendijo el pasado día 15 el Arzobispo de Valladolid .


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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