“Pedro Sánchez plagió según todas las normas académicas”, de Javier Chicote, y “Cien días de Gobierno y una tesis”, de Rafael Ruiz Morales

( Viñeta de Puebla en ABC el pasado día 19) (*)
DE OXFORD A LA COMPLUTENSE: PEDRO SÁNCHEZ PLAGIÓ SEGÚN TODAS LAS NORMAS ACADÉMICAS
Artículo de Javier Chicote publicado en ABC el pasado día 19
Las normativas académicas definen sin género de dudas las prácticas de Pedro Sánchez en su tesis doctoral como plagio. En los últimos días ABC ha citado varias, como las de Harvard y Oxford. Hoy recogemos la de la Universidad Complutense de Madrid, que enumera los distintos tipos de plagio que existen, varios de ellos cometidos por Pedro Sánchez. Es plagio «incluir frases, párrafos o ideas de otros autores o autoras sin citar su procedencia o autoría», como hizo con un artículo de los profesores Julio Cerviño y Jaime Rivera, una de las imágenes que destacó ABC el jueves. Entre las normas que señala la Complutense hay una que el actual presidente del Gobierno se saltó groseramente, en decenas de páginas: «No emplear las comillas en una cita literal». Sánchez salpicó su tesis con algunas citas y luego se sintió libre de copiar a esos autores, sin entrecomillar. De esta forma daba la impresión de que eran textos reelaborados por él, cuando se trataba de un mero corta y pega.
«Tramposos»
«Es lo que hacen los tramposos para intentar enmascarar el plagio, una clara falta de integridad académica», dijo a este diario un catedrático al que llevamos varios ejemplos antes de publicar la información. Si Sánchez hubiera respetado esta norma básica, su tesis sería un gran entrecomillado, algo intolerable en un trabajo académico: «Debes poner el texto entre comillas, en cursiva o con otro tipo de letra y citar la fuente de donde lo has extraído», refleja la UCM. Más en una tesis doctoral, donde el valor reside en la aportación propia del doctorando.
El presidente del Gobierno tomó textos de otros autores y de distintos informes y los incluyó con leves cambios, un verbo, un par de palabras… La Complutense también prohibe esto, «el parafraseo de una fuente sin mencionar la fuente» y «el parafraseo abusivo, aunque se mencione la fuente». Si en algo es abusiva la tesis «Innovaciones de la diplomacia económica española» es en ese corta y pega sin comillas.
Otra línea roja que cruzó es la de «dar información incorrecta sobre la verdadera fuente de una cita». Como relató este diario, Sánchez incluía citas trampa del tipo «para más información puede consultarse» tal artículo, pero en realidad su página estaba copiada de ese texto. ABC también denunció el autoplagio, que el presidente y sus voceros ven correcto, pese a que volcó artículos previos firmados con un miembro del tribunal de la tesis y con su directora sin citar. La UCM recoge como «falta de honestidad intelectual» el «autoplagio, presentar un trabajo nuestro ya utilizado como nuevo». Los alumnos de la Camilo José Cela, donde Sánchez se doctoró, deben respetar las normas contra el plagio comúnmente aceptadas (Harvard, Oxford…). Además, la UCJC en su «Guía de buenas prácticas de estudios de doctorado» es que se debe «respetar tanto la autoría de todos los implicados en la obtención del dato o información, así como evitar el plagio de todo tipo».
Artículo en: https://www.abc.es/espana/abci-oxford-complutense-pedro-sanchez-plagio-segun-todas-normas-academicas-201809182200_noticia.html
CIEN DÍAS DE GOBIERNO Y UNA TESIS
Artículo de Rafael Ruiz Morales publicado en Aceprensa el pasado día 18
Pedro Sánchez se comporta como Luis XIV, el Rey Sol, pero con gafas de sol en lugar de níveas pelucas rizadas, y cazadoras de cuero como actualizada capa de armiño. Es el concepto abultado, sobredimensionado y su desmedido que tiene de sí, lo que lo convierte en potencialmente peligroso.
Luis XVI, el Rey Sol, y Pedro Sánchez, presidente el Gobierno de España.
Existe cierto consenso en el gesto de cortesía mediático y político de otorgar a un gobierno un plazo de cien días para que, una vez alcanzado el poder y habiendo iniciado su andadura, demuestre cuáles son sus líneas básicas de actuación, y se aprecien las primeras consecuencias de sus decisiones.
El Gobierno de Pedro Sánchez alcanzó esa cifra hace poco más de una semana, y no entiendo necesario hacer un repaso exhaustivo de sus vicisitudes para dejar en evidencia que no es, en absoluto, lo que España necesita.
Dos ministros caídos, el secesionismo envalentonado y sacando pecho, contar en su haber con el día que más empleo se destruyó en toda la serie histórica, retomar el guerracivilismo, exhumar cadáveres o los anuncios de subidas masivas de impuestos son sólo algunos de los logros que este Gobierno advenedizo y sin respaldo popular puede ir colgando en su pared, para sentarse y contemplarlos con la indigna satisfacción de quien no anhela el poder para servir, sino para servirse del mismo.
Pero quizás el mejor resumen de este período lo hiciese, sin saberlo, el propio
presidente del Gobierno, en la entrevista que concedió el pasado domingo, para La Sexta, a la periodista Ana Pastor.
Preguntado por ésta a cuentas de su tesis, si va a comparecer en el Congreso según han solicitado el grupo Popular y el de Ciudadanos, Pedro Sánchez respondía con unas palabras que no sólo recogen el tiempo que lleva instalado en la Moncloa, sino que revelan el estilo que pretende mantener mientras la izquierda radical, nacionalistas y secesionistas, decidan seguir sosteniéndolo: “Yo soy el presidente del Gobierno, y yo haré lo que quiera en la Cámara” porque, además, según sus propias declaraciones, hablar de su traída y llevada tesis “sólo hace enturbiar nuestra democracia”.
Atribuyen al Rey Luis XIV de Francia, el Rey Sol, la célebre afirmación “L’État, c’est moi” –“El Estado, soy yo”–, con la que pretendería reivindicar su absolutista figura, frente al Parlamento galo.
Pedro Sánchez hace lo propio, dentro de nuestro sistema, con gafas de sol en lugar de níveas pelucas rizadas, y cazadoras de cuero como actualizada capa de armiño, y se repite a sí mismo: “Je suis la démocratie”. Él y su imagen son la democracia. Y ninguna Cámara que se precie está legitimada para cuestionarla.
No comparte con aquel monarca destrezas, habilidades ni éxitos, pero sí el afán de controlar la propaganda y, por supuesto, el corte despótico con que ejerce el poder.
Sánchez, colmado de sí mismo, pierde los papeles cuando le llaman feo en el patio del colegio. No tolera un rasguño sobre su fina piel, porque está convencido de que ahora, “lui est la démocratie”
Sus declaraciones y actitudes son, si cabe, más significativas que sus propias acciones. Su manifiesta inutilidad y su desconocimiento para la gestión pública -que es, a fin de cuentas, la razón de ser del Poder Ejecutivo-, podrían no ser sus peores defectos. Es el concepto abultado, sobredimensionado y su desmedido que tiene de sí, lo que lo convierte en un ser potencialmente peligroso para un sistema parlamentario que, retorcido en beneficio propio para asaltar el poder, ahora desprecia.
No creo que sea necesario profundizar en conocimientos de psicología para ver en sus gestos y en sus palabras a un niño pequeño encaprichado de un juguete que se le resistía, y que tenía que obtener a cualquier precio. Y una vez conseguido, no va a permitir que algún otro crío del patio de recreo donde vive ajeno a la realidad, se lo arrebate.
Quizás Rajoy era, o parecía, un busto inerme aquejado de una ataraxia patológica y quizás congénita, que impedía que su estado de ánimo sufriese la más mínima alteración, fuese cual fuese el reproche del adversario o el revés que le propinaba la vida política. Si bien es cierto que no es ésta la mejor cualidad que pueda tener un amigo o una pareja, no está de más practicarla cuando se es presidente del Gobierno.
Por el contrario, Sánchez, colmado de sí mismo, pierde los papeles cuando le llaman feo en el patio del colegio. No tolera un rasguño sobre su fina piel, porque está convencido de que ahora, “lui est la démocratie”. Sensible e irascible como un chiquillo mimado, la pasada semana mostraba su indignación a la presidente del Congreso al finalizar su turno de palabra, porque no había respondido con el suficiente despecho al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, que había osado poner en duda la veracidad y calidad de su tesis doctoral.
Incapaz de tolerar la crítica o a aquellos que señalen sus vergüenzas, amenazó con querellarse contra los medios de comunicación que publicaban datos incuestionables sobre las dudas razonables relativos a su trabajo universitario.
Sánchez pasará, y de él sólo quedará el sombrío recuerdo de una gestión nefasta y un Gobierno desnortado, inoperante y, a la postre, malogrado
A todos los presidentes de nuestro período constitucional, como a la inmensa mayoría de dirigentes y mandatarios, les ha caracterizado la soberbia. En el fondo, este mal endémico, común a todos los mortales, encuentra una tierra fértil para florecer cuando las responsabilidades y los honores que ésta conlleva, son mayores. Pero probablemente, sea Pedro Sánchez a quien disimular le salga peor, teniendo más motivos para hacerlo.
No comparecerá ante la Cámara, porque sus socios de Gobierno lo han impedido, y porque él, como ha dejado claro, hace “lo que quiera”. Pero su tesis está donde está, y no ha resistido ni el análisis de Juan Luís Cebrián, presidente de honor de su periódico de cabecera.
Como todos, Sánchez pasará, y de él sólo quedará el sombrío recuerdo de una gestión nefasta y un Gobierno desnortado, inoperante y, a la postre, malogrado. Pero quizás, sobre él más que sobre otros, caiga a plomo la leyenda latina que circunda vanitas y lápidas: “Sic transit gloria mundi”, Pedro. También para ti.
Artículo en: https://www.actuall.com/criterio/democracia/cien-dias-gobierno-una-tesis/
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c2.staticflickr.com/2/1855/43868444795_f4c96098f7_o.jpg