Añoranzas de Navidad con villancicos

Por Carlos de Bustamante

( Plumilla de Fredesvinto Ortiz, de felicitación de las Navidades 2018) (*)

Son innumerables las torpezas informáticas que envío masivamente a nuestro foramontano Josemari. Sé que con ellas le complico la organización de nuestro blog. Si a esto le añado la manía de enviarle un montón de artículos para que no me coja el toro sin ninguno que publicar, soy muy consciente de que tiene conmigo una paciencia cuasi infinita. Al no poseer las facultades de Javier (foramontano) para improvisar con perfección poco común los artículos que compone con facilidad asombrosa, evito estar de los nervios con un considerable almacén de ellos. ¡Pues qué bien! ¿no? Pues va a ser que no, porque con demasiada frecuencia aquello que narro ya se ha pasado de fecha y encajarlo días o meses después, quien se debe poner de los nervios es el que lo organiza e ilustra.

Ustedes dirán si no se necesita ser buena persona, para no mandarme “a freír puñetas” tantas cuantas veces cometo la misma “pifia”. De alguna manera, también puede suceder lo mismo con éste que ahora inicio: añoranzas de la Navidad. Ya pasada esta última al igual que pasaron como un suspiro todas las anteriores durante ochenta y cinco años… (los años que tengo). En similar forma que añoro más las más lejanas, doy gracias a Dios por concederme prórroga tras prórroga hasta edad tan provecta tal y como me enseñaron a vivirlas. “Vivencias” –diríamos hoy- que, nada tienen que ver sino todo lo contrario con las “cosas raras” que ¡por ley! se imponen en escuelas y colegios donde tan poco cuentan los padres. Es el Estado el que asume aberraciones en nombre de supuestos progenitores A y B.

Familia profundamente cristiana, digo, que transmitió a sus “renuevos” la sencilla enseñanza de poner amor en la representación del mayor y más importante acontecimiento de la historia humana: el nacimiento de Dios-Hijo hecho Hombre- Niño en las entrañas de la Santísima siempre Virgen María. Amor, sin hacer tampoco cosas raras. Sencillamente, cantando villancicos delante del Nacimiento que se superaba en arte cada año.

Familia profundamente cristiana, he dicho, los cánticos a coro eran doblemente oraciones al Niño de calificación más que notable. Dan fe de ello la comunidad en pleno de las monjas carmelitas de la Rondilla (antaño más allá de las huertas) que, con emoción indisimulada, nos escuchaban año tras año. Lo mismo las monjas de la misma Orden en el convento palentino de Carrión de los Condes.

Porque me sirvieron el presente año para rezar cantando ante sólo el Misterio, les redacto la letra de algunos de ellos entresacados del amplio repertorio. Inéditos algunos, cuasi desconocidos otros, créanme que a mis años he vuelto a la añorada niñez y juventud navideñas de hace “mil doscientos” años:

(Inédito)

Llorando estás joya mía
qué te da pena mi bien
son los pecados del hombre
su deslealtad y su desdén.

Canta, canta zagalejo
pues yo no atino a cantar
sus gracias y manaditas
y su aquél dulce mirar.

Cantemos más bajo (tri, cada vez más suave)
y hablemos quedito
porque no despierte
Que está dormidito….

Eres más lindo y más bello
mucho más que un serafín,
niños venid de la aldea (bis)
venid ángeles aquí.

Cantemos más bajo
y hablemos quedito
porque no despierte
que está dormidito (tri, cada vez más suave).

***

Venid con amor pastorcitos
venid al portal de Belén
que el niño Jesús ha nacido
ha nacido nuestro bien.

Pastores venid,
no hagáis ruido
venid al portal
y escuchad
al Dios Niño
recién nacido
su madre cantando le está
y el Niño le dice al oído
que quiere ser luego zagal.

****

Tiemblan las estrellas
con raro temblor
Jesús Niño tiembla de frío y amor.

Ya bajan los santos cantando maitines
y el viento nos trae rumor de violines (bis).

Su Madre en la cuna
feliz balancea
cantando al mecerle
la nanita ea
cantando al mecerle
la nanita ea.

Tiemblan las estrellas
Con raro temblor
Jesús Niño tiembla
De frío y amor.

Cansaría al lector si continuase con el repertorio de villancicos –añoranza de Navidades- lejanos en el tiempo, pero que como antaño fueron oraciones hogaño. Sólo en algunas cosas se diferenciaron: si en la niñez y juventud el Niño permanecía en la cuna-pesebre del Nacimiento, en la vejez “escuchó” la sencillez e ingenuidad de las canciones en la mano del anciano. Si en la representación del Misterio, las imágines permanecían estáticas y como extasiadas mirando con expresión de amor al Niño, en confidencia me dijo el anciano, que en vivo y en directo, Jesús despierto recibió besos y abrazos al son de las canciones.

De estar el Nacimiento al completo, serían ahora, digo, los pastores al amor de la lumbre , el labrador que araba la tierra, las lavanderas en el arroyo de cristal y plata, el pescador en movimiento que lanzaba una y otra vez el anzuelo, el molinero enharinado junto a la rueda que mueve el pollino, el herrero junto a la fragua, Herodes en el palacio custodiado por centinelas armados, los Reyes Magos que venían de lejos siguiendo la estrella que pende del Portal junto al ángel encaramado en lo más alto…, los que mirarían y escucharían extasiados las carantoñas y canciones de un anciano enamorado.

El que de verdad les desea que hayan pasado unas muy felices navidades y hayan iniciado el nuevo año con la alegría sana de las mentadas añoranzas.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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