Terroristas, independentistas, comunistas, ¿aquí quién manda?

Por Rafael Dávila. Introducción de Carlos de Bustamante

( Urkullu-Iglesias. Foto que ilustra el artículo del general Dávila)

No discrepo con mi General. Miro sencillamente con otro cristal: “En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira“. El mío difiere con el de mi General en pequeños matices del color. Matices en la percepción del que fuera Presidente de España procedente de Galicia. Naturalmente don Mariano Rajoy. Difiero en lo que con el tiempo el color de mi cristal se ha hecho más nítido. Desde mi opinable punto de vista, claro. Con el 155 que aplicó, no fueron a la cárcel todos los que son. Están en el trullo sólo algunos. Pero, puñetero, seré refranero: “comer y rascar, todo es empezar”. Dice la sabiduría de Wikipedia que El significado del refrán es: Cuando algo se empieza es fácil continuar. Y éste es precisamente el color más intenso de mi cristal.

Encarcelados algunos, hoy me entero de que en breve se iniciará el juicio oral sobre otros diez y nueve secesionistas. (18+1). A la gallega y pian-panito (“piano-piano, se arriba lontano”) sin alboroto precipitado, sin intervención de las FAS, y al lento pero seguro compás de la justicia, se cumple, se evita -o parecido- aquello de la fábula de Samaniego. La que tomada de Esopo, muchos leímos en muestra infancia.

Fabula XI, Las moscas: A un panal de rica miel/ dos mil moscas acudieron/, que por golosas murieron/, presas de patas en él/. Otras dentro de un pastel enterró su golosina/. Así, si bien se examina/, los humanos corazones/ perecen en las prisiones del vicio que los domina.

Así pues, aunque nos exaspere y antes de armarla con el elaborado pastel: alma, calma. “Cada cosa a su tiempo y los nabos en Adviento”. Confío en que así, a la gallega, nadie se irá de rositas. ¿O no? Lean ahora, si les pete, lo que no tiene desperdicio y que me honro difundir, el artículo del pasado 23 de octubre del General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez, titulado “Terroristas, independentistas, comunistas, ¿aquí quién manda?”. Otra opción que recomiendo es entrar directamente en el blog del General Rafael Dávila, generaldavila.com.

“40 aniversario de la Constitución española. Durante este tiempo dos amenazas han ensombrecido nuestra convivencia: el terrorismo y el independentismo. La ETA, que sigue, después de asesinar durante años recoge sus frutos. Dicen que hemos acabado con el terrorismo. Un expresidente del Gobierno se jacta del triunfo. Los terroristas no han desaparecido y mandan. El resto traga sapos y culebras. ¡Desde aquel día que el Tribunal Constitucional…!

La semilla de la secesión sembrada en Cataluña y en el País Vasco da sus frutos. El independentismo ya no es una amenaza sino un hecho contrastado al que solo le falta el último empujoncito; en eso están unos y otros. Los independentistas mandan. El resto obedece y empuja.

Les voy a contar lo que nadie cuenta, pero todos saben, el nombre de la trampa en la que hemos caído: El Pacto de Waterloo.

Todo empezó con la aplicación del 155. Podría ser que incluso los primeros pasos se diesen con el caso Pujol, ¿recuerdan?: ¿Qué c… es esto de la UDEF? (octubre 2015). Rajoy aplicó un 155 de mínimos, solo en apariencia (octubre 2017). Quería evitarlo, pero no pudo: la cárcel para Junqueras y compañía (noviembre 2017). Era la señal de salida.

El independentismo catalán, burgués y tradicional, el de los ricachones, dijo: ¡Basta, hasta aquí hemos llegado!

Interior estaba a otra cosa y el CNI, pues no sabemos muy bien. El caso es que la maquinaria se puso en marcha, la orden se cursó con rapidez y diligencia. Estaba firmada. Waterloo (febrero 2018).

Junio 2018. A todos nos extrañó aquella moción de censura inesperada, fulminante como el rayo. En escasas dos semanas habíamos cambiado de Gobierno.

¡Menudo cambio!: sin apenas oposición parlamentaria, con el presidente del Gobierno buscando las tablas en un restaurante, huyendo del reto parlamentario, sin oposición, y con un pueblo atónito y sorprendido. Ganaron independentistas, comunistas… ¿Qué sabía Rajoy?

El independentismo, los sucedáneos del terrorismo, y demás «gente de bien» habían ganado por la mano. Era el Pacto Belga, el Pacto de Waterloo. Un muñeco a la presidencia y a continuar el camino: las elecciones cuando nosotros digamos. Mandones nosotros: ¡poned a un mandarín!

Era aquel artículo de Unamuno; el último: “Mandarines y no Mandones”. Encaja. “Al español lo que no le gusta es mandar […]. Le gusta ocupar el puesto de mando, pero no mandar, sentarse en la presidencia, pero no presidir […] Ocupar el puesto de mando y vivir en él”.

Pedro Sánchez era el muñeco perfecto. Pero su limitada capacidad ha puesto en riesgo el Pacto de Waterloo. Había que ponerse en marcha. Urgente.

“Hay que cuidar la mayoría de la moción de censura. Nosotros lo estamos haciendo”, dice sin pudor Pablo Iglesias después de reunirse con Urkullu, miembro del Pacto. Antes ha hecho la ronda de la vergüenza en la cárcel: dialoga y pacta. ¿En nombre de quién?

Zapatero se acaba de reunir en un caserío de Elgoibar con un terrorista, Arnaldo Otegui: ¿En nombre de quién?

Eso es todo. Cuarenta años que nos deberían haber llevado a ser una gran nación. Hemos caído en el cepo.

No ha sido hoy. Se ha ido elaborando cada hora, cada día, cada año: durante 40 años. Aniversario de la Constitución española: 40 años. Queda comunismo, terrorismo e independentismo. ¿Algo que celebrar?

Puede que nos lo merezcamos. Unas sabias palabras del profesor Gabriel Albiac en “La sinagoga vacía” me sirven de explicación: “La multitud, que nada desea más que servidumbre, acaba necesariamente por odiar a quien gobierna sin ajustarse a la convenida balanza de corrupción y despotismo: a la sabia dosificación de ambos llama la multitud política”.

“¿Qué desean las masas? Ser siervas: porque ninguna interrogación, ninguna duda ni angustia hay en la servidumbre; todo en ella es compacto, idéntico, todo es seguro; no existe certidumbre mayor que la del siervo; no existirá; el siervo lo sabe. Por eso, a nadie ama con mayor sinceridad la muchedumbre que a su amo; mejor, si tirano; óptimo si verdugo”.

Ellos mandan nosotros somos siervos. Mandarines en manos de los mandones. Y a vivir que son dos días. Eso sí: todos nos quejamos.

Vuelvo, para cerrar, con Unamuno: “El pueblo necesita un mesías -digamos un cacique- y lo busca, y si no lo halla, lo inventa”.

Tenemos mandón, cacique y mesías, todo en uno. Y mandarín. Pongan ustedes los nombres. Y una Constitución que no se cumple ni se obliga a cumplir. ¿Aquí quién manda?”.

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