Filosofando

Por Javier Pardo de Santayana

( “La imagen de tu vida”, de Javier Gomá )

Leo una entrevista fuera de lo corriente, porque no abundan las entrevistas a un filósofo. Coincidí con él un par de horas con ocasión de mi colaboración a un libro sobre la Defensa, y supe que estaba emparentado con un amigo de nuestra familia de cuando nosotros vivíamos en Lisboa, o sea por los años cuarenta.

Sé que escribió después reivindicando la herencia del saber que nos legaron las generaciones anteriores; que en resumidas cuentas sostenía que nada hay nuevo bajo el sol: que todo cuanto hacemos se basa en el esfuerzo de quienes nos precedieron en la vida. Y como no es frecuente oír cosas como éstas en estos tiempos de soberbia, desde entonces empezó ya a interesarme tal como acaba de ocurrir ahora al tropezar con una larga entrevista suya en el periódico.

Según parece, nuestro hombre acaba de publicar un nuevo libro. Y éste tiene que ver con la imagen que queda de nosotros y que a lo largo de nuestra existencia nosotros mismos forjaremos. Trata también, al hilo de esta idea, de la mortalidad y lo sublime, concepto hoy olvidado en el altar de un relativismo dominante. Y distingue entre la muerte que se muestra ante nosotros cada día y que aceptamos como algo cotidiano, y nuestra propia muerte, omnipresente durante la vida como hecho insoslayable y que debemos asumir en nuestra perspectiva. Muerte que habremos de afrontar, no como una especie de acto final que llegará algún día, sino como algo que deberá incidir en el comportamiento cotidiano para impulsarnos a modelar la imagen que deseamos legar a nuestros hijos. Se trata simplemente de la muerte como maestra de la vida.

Y veo que coincide con algo que yo escribí hace ya bastante tiempo: con que tenemos conciencia del misterio desde el momento en que alcanzamos el uso de razón, y que este encuentro está en el mismo origen de todo lo que en realidad importa al ser humano: esto es, de la ciencia, la religión y el arte, por ejemplo. Que todo lo demás es circunstancia.

Así que nuestro filósofo, que ahora deriva hacia la literatura una vez sentadas sus premisas, centrará su interés en subrayarnos – motivado sin duda por el fallecimiento de su propio padre – la exigencia moral y vital de que planteemos el dejar huella duradera de nosotros mismos: pensar en cuáles pueden ser aquellos rasgos nuestros que quedarán después en el recuerdo, entendiendo, supongo, que el hacerlo es también exigencia de nuestra inteligencia ya que la muerte es referencia permanente.

O sea, digo yo, que como ustedes ven, muerte y misterio son casi lo mismo o al menos se presentan de la mano.

Otro punto importante de la entrevista que comento será el hecho de que el entrevistado se atreverá a propugnar un retorno a la aspiración de lo sublime como objetivo esencial del ser humano. Y también, en este caso, de la ejemplaridad. Es decir, todo lo contrario – me permito añadir – de lo que hoy vemos flotar en el ambiente de quienes aparecen en los medios; algo así como recuperar una libertad secuestrada por la tiranía de la omnipresente corrección política y sus lemas comerciales y frases prefabricadas para ganar adeptos y espantar posibles adversarios. Y es que nuestro filósofo se atreve a proponer que se desaten los nudos de la deformación moral e intelectual de nuestros días. O así me ha parecido interpretarle.

En esa línea de autenticidad y de sentido del papel del hombre, nuestro personaje aborda un punto – el arte – que él relaciona igualmente con la muerte y que yo siempre relacioné con el misterio: esa realidad crucial e inexorable cuya mención en lo que tiene de nuestra propia vida tendemos a evitar, pero que siempre debiera permanecer en perspectiva. Pues si nos paramos a pensar en la razón de ser de la creación artística, constataremos que, efectivamente, cuando es auténtica proviene de la intención de atrapar un momento del presente que acabará convirtiéndose en pasado y pasará la experiencia del misterio. Y, sin embargo el planteamiento actual desprecia la trascendencia y tiende descaradamente al plazo corto.

Tranquiliza saber que una persona inteligente alza la voz para decir cosas sensatas (1).

PS: Ante preguntas del entrevistador sobre la opinión del entrevistado acerca del impacto como paradigma en nuestros días de la obra vital de David Bowie, nuestro filósofo propone una concepción de vida completamente opuesta a la de tal modelo, para lo cual sería necesario adoptar “una ingenuidad aprendida” que nos permita sentir y pensar “de manera originaria”, pues los experimentos en el arte ya alcanzaron su límite y además se ha producido “la conversión del arte auténtico en industria”.

(1) Javier Gomá “La imagen de tu vida”

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