Para que lo trabajara y custodiase. 3. Perros guardianes

Por Carlos de Bustamante

( El perro de un amigo. Acuarela de José Ato Saorín en Hispacuarela de Facebook) (*)

Es de advertir a mis amigos y probables únicos lectores, que el orden de los títulos de esta nueva serie, aún sin nombre y recién iniciada, nada tiene que ver con la importancia de cada uno en estas cosas del campo. Cosas…, que por ser el título del magistral libro de José Antonio Muñoz Rojas, no debo hacerlo mío.

Escribí hace años, en plena rehabilitación de un accidente vascular cerebral, un librito –Iván y Kira- que a modo de cuento para niños de ocho a noventa años, tuvo en la editorial Palabra un éxito notable (4 ediciones). Se trataba de dos perros lobos singulares entre los muchos que he tenido: perros guardianes en el caserío de la Dehesa de Peñalba. Nuestra labranza familiar. Conocida esta historia por muchos, no me referiré a estos “personajes”. Perros guardianes sin nombre. Perros lobos del país. Guardianes del caserío.

Cuando el silencio en el corral es total por la dormición absoluta de las aves de corral, da comienzo otra sinfonía de “voces”, que, por habituales, más inducen al sueño que al sobresalto.

Cuando se asoman las primeras estrellas en la limpidez del cielo castellano, sobresalta a perros guardianes y aves nocturnas, amigas de la noche, el silbido largo y penetrante que lanza la locomotora del tren de Ariza cuando, entre vaharadas de animal herido, hace un alto extremadamente breve en el apeadero de Traspinedo. Callan lechuzas y búhos el insistente canto. En extraño contraste, hacen más profundo el silencio. Los dos perros guardianes dormitan en apariencia al final del camino (carreterilla) que conduce al poblado. Dejado el agrego bajo los almendros a uno y otro lado del camino, ladran sin convencimiento de peligro. Tan habitual es la música, que las aves nocturnas reanudan la suya. Y por habitual sinfonía de unos y otros, el silencio se hace aún más profundo que el anterior. Dormita el caserío.

Sucedió de pronto. Los guardianes ladran convencidos. Peligro.

Polifemo en cá el cachicán abre el ojo en una sola ventana con luz mortecina. Con más convencimiento que de ordinario, los perros ladran inquietos. Pero no abandonan el “puesto”. Extraño sin saber por qué. Polifemo cierra el ojo y de nuevo sosiego. Noche toledana para los perros guardianes. Sólo. Solo la lechuza imperturbable prosigue el ritmo cadencioso de su canto…

Al alba, el cachicán precede en la salida al bostezo de la señá Jacinta, su esposa. Los dos perros guardianes callan y acuden en busca del encargado. A la vez guarda jurado y cachicán. Ora el Toni, ora la Sola, le muerden el pantalón y tiran de él con dirección al gallinero. Sin hablar, lo dicen todo. Cacareo mayor de lo habitual. Sin el canto del gallo ni el de buena voluntad de los picantones. No están. Los dos perros guardianes tiran y tiran de los pantalones del Sr. Santiago, “el Sábanas” (¿).En El cuarto de los obreros, justo enfrente del gallinero, se detienen arañando la puerta cerrada. No hay nadie. Los obreros están cada uno en su corte. ¿Y el cuchicheo…? El chirriar de los goznes del portón, se confunden con la protesta sonora de los pollos que se debaten por salir del saco que los tiene presos. El Toni y la Sola miran complacidos al cachicán perplejo.

Ahora entiende. Alguien de la casa, conocido de los perros, robó los mejores ejemplares del gallinero. La luz encendida –Polifemo al exterior detrás de la casa-, mandó un reflejo al corral. El intruso asustado dejó la carga del saco a buen recaudo hasta poder sacarlo sin levantar sospechas.

Años del hambre. Dada la novedad, y ante el hurto necesario, no hubo pesquisas.

Abierto el saco, las aves rescatadas corren hacia las basuras donde, tras un mal sueño –tal es el dormir profundo de ellas después del ocaso-, escarban vigorosos en busca del grano, con perdón, entre los cagajones. Entre brincos en derredor del Sábanas, los perros acuden a su domicilio, ande, de seguro, recibirán un almuerzo extraordinario. El premio a la fidelidad.

En el próximo, si Dios es servido, la moraleja.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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