Los lunes, revista de prensa y red

“La trampa”, de Luis Herrero, y “El modelo español de transición”, de Guy Sorman

( Viñeta de Tomás Serrano en El Español el pasado día 5) (*)

LA TRAMPA

Artículo de Luis Herrero publicado en Libertad Digital el pasado día 3

Conocemos los tres errores del CIS, lo que no sabemos es el objetivo de la estrategia. ¿Qué debería hacer el votante de derechas para cambiar las cosas? Los expertos me han explicado muy bien los tres errores de método que delatan la mangancia del último CIS. Casi una cuarta parte de los encuestados —el 23,9% para ser exactos— son votantes del PSOE. La sobremuestra es abusiva. El porcentaje correcto debería haber sido el 14,9. Nueve puntos menos. A partir de ahí, los resultados del sondeo son fruto de un árbol envenenado. Por si esa chapuza no fuera motivo suficiente de impugnación, añádanse al pliego de cargos estas otras dos: también se interroga a más parados de los que tocan y la totalidad de los indecisos —mayoritariamente adscritos al bloque de la derecha por la sobreabundancia de opciones que tienen a su alcance— se les ignora como si no existieran. La conclusión está clara: la trampa es de las gordas. Sabemos cómo se ha hecho. Lo que no sabemos es por qué.

¿Para favorecer al PSOE? Extraña manera de intentarlo. Si de lo que se trata es de movilizar al electorado de la izquierda —el que se quedó en casa en las elecciones andaluzas—, trasladarles el mensaje de que bastará la ayuda de Podemos para llegar a la mayoría absoluta parece un camino equivocado. A quien de verdad moviliza ese pronóstico es al electorado de la derecha, que a partir de ahora no dejará de rascarse la cabeza cavilando qué debe hacer para impedirlo.

Hay quien dice que Tezanos ha borrado de la ecuación de los pactos post electorales a los partidos independentistas —manifiestamente prescindibles si se cumpliera la predicción del CIS— para que los votantes del PSOE que están cabreados con Sánchez por haberse acogido a la fórmula Frankenstein se queden sin excusa para negarle el voto. La nueva aritmética parlamentaria que emerge de la chistera tezanista ya no exige el pago de peajes a los inductores del procés. A mí, humildemente, me parece un razonamiento demasiado alambicado. Primero porque suena a inverosímil y, segundo, porque incentiva el castigo a Sánchez por sus fechorías pasadas, teniendo en cuenta que infringirlo no pondría en riesgo la sujeción de Vox a posiciones alejadas del poder. El partido de Abascal, según Tezanos, no solo retrocede en intención de voto sino que forma parte de una coalición —la del tridente del centro derecha— que cada vez se aleja más del abracadabra de los 176 escaños.

Si ese fuera en verdad el paisaje que nos aguarda a la vuelta de la esquina, ¿qué debería hacer el votante de la derecha para cambiar las cosas? El mero hecho de formularse esa pregunta supone abrir el debate del voto útil. Me contó el otro día en la radio el director de NC Report —la empresa demoscópica que le hace las encuestas a La Razón— que según sus datos Vox rondará los dos millones y medio de votos el 28 de abril. Una cosecha estimable que, sin embargo, tendrá mucho de melancólica: más de la mitad de esos votos —me dijo— no se traducirán en escaños porque la ley D´hont reduce a diez el número de circunscripciones donde puede obtener representación parlamentaria. Las papeletas que consiga en las otras 42 provincias sólo servirán para embellecer su estadística porcentual la noche del recuento. Desde el punto de vista práctico, en cambio, su valor es próximo a cero.

A Pablo Casado le gustaría que Abascal, en vista del panorama, desistiera de presentar candidaturas en las plazas que le son inexpugnables, pero el político vasco no está por la labor de acceder a la demanda del presidente del PP. Y probablemente hace bien. Para el buen fin de su proyecto —la consolidación del nuevo partido— es más importante acreditar la dimensión de su apoyo social que inmolarse en beneficio de un logro cortoplacista, el de desbaratar la mayoría de Sánchez, que solo predice un CIS tramposo y torticero. Yo, en su pellejo, haría lo mismo, aunque al hacerlo cayera en la trampa de estar cavando mi propia tumba.

Artículo en: http://www.libertaddigital.com/opinion/luis-herrero/la-trampa-87338/

EL MODELO ESPAÑOL DE TRANSICIÓN

Artículo de Guy Sorman publicado en ABC el pasado día 4 de febrero

El vocabulario de la política es demasiado pobre para designar al tambaleante presidente de Venezuela. ¿Dictador? Pero, más o menos, ha sido elegido. ¿Socialista? Sí, en la medida en que destruye sistemáticamente la empresa privada, pero para sustituirla con un capitalismo de Estado. ¿No deberíamos llamarlo caudillo, para volver a situarlo en un largo linaje hispanoamericano? Pero el término caudillo es demasiado genérico; puede describir una forma autoritaria y populista de ejercer el poder, pero no da información sobre la ideología de ese poder. Por otra parte, el general Franco, que fue caudillo de España durante cuarenta años, una vez proclamado como tal, no aceptaba que ese título se atribuyera a otro que no fuera él.

Igual que en su época había un solo Führer en Alemania, un solo Duce en Italia y un solo Padre de los Pueblos en Moscú, Franco quería ser el único y exclusivo caudillo. Lo he sabido leyendo la biografía de Franco publicada en 2014 por la Universidad de Wisconsin, en Estados Unidos, por dos especialistas en la historia de España, Stanley Payne y Jesús Palacios. Este libro ha pasado extrañamente inadvertido en España, pero en general, es cierto que Franco no es un tema popular de discusión en su propio país. Considerando que su régimen, que duró cuarenta años, fue uno de los más largos e influyentes de la historia española, nunca un dominio tan largo ha dado pie a tan pocos libros. Para cada uno en su campo, resultaba más cómodo adoptar una postura definitiva y sin matices sobre Franco, o ninguna postura en absoluto.

Evidentemente, este abandono del debate es comprensible; sin duda, habrá que esperar todavía otra generación para que el franquismo sea reconocido como un argumento legítimo de debate intelectual, histórico y universitario. Mientras tanto, debemos conformarnos con el libro de Payne y Palacios, que se opone a muchas ideas preconcebidas de derechas y de izquierdas, incluidas las mías; al ser primo de un republicano catalán que participó en la guerra civil, no tenía más fuente sobre el franquismo que esta epopeya familiar. Por ejemplo, sobre la entrada de Franco en la guerra civil, el libro subraya que esta había comenzado mucho antes que el golpe de Estado militar de 1936.

Antes de que Franco interviniera, el país estaba a sangre y fuego, en una situación prerrevolucionaria. De modo que no se trataba, nos dicen los autores, de elegir entre el caudillismo y la democracia liberal, sino entre Franco y una especie de bolchevismo hispánico. Si Franco dominó tanto tiempo, sobreviviendo a la caída del fascismo en Europa en 1945, fue porque los españoles (en su mayoría o minoría, no se sabe) prefirieron por defecto el orden franquista a lo desconocido. Siempre según los autores, la perennidad de Franco se debió a su falta de ideología; otros dirán que a su pragmatismo.

Franco, ante todo, estaba muy apegado a la Iglesia y a la monarquía, pero era flexible en cuanto al resto; cambiaba de delfín a su gusto y se adaptaba a la evolución liberal de la Iglesia, a pesar de no aprobarla. En 1940, quiso recrear en África un imperio español en detrimento de los franceses, pero en 1945 abandonó toda pretensión territorial y no emprendió ninguna guerra de descolonización, contrariamente a lo que hicieron Portugal y Francia. En 1942, envió una división de camisas azules, falangistas, a luchar junto a los alemanes en Stalingrado, pero tomando nota de la derrota nazi, se acercó a Estados Unidos para combatir contra el bando soviético. Adepto de una sociedad rural y conservadora, a partir de la década de 1960 Franco presidió la modernización y la liberalización de la economía española. Entre todas estas circunstancias y metamorfosis, Franco no dictaba nada, se adaptaba a los tiempos, aun cuando no le gustara esta revolución.

Este realismo franquista se explica ciertamente por su carácter: de todos los dictadores de su tiempo, Franco es el único normal desde el punto de vista psicológico. Su única rareza era la obsesión por los francmasones, a quienes atribuía una influencia excesiva. Mientras que Mussolini, Hitler y Stalin fueron unos iluminados que querían cambiar el mundo, Franco fue un padre de familia católico y conservador, nacionalista y español, pero no era portador de ninguna ideología profética.

Vuelvo a la génesis de nuestra historia y al caudillismo indestructible en Latinoamérica. A menudo se presenta la Guerra Civil española como el primer conflicto ideológico mundializado de los tiempos modernos. Después encontramos avatares en el Chile de la época de Allende y Pinochet, en Argentina con los peronistas, en Nicaragua con Daniel Ortega, en Venezuela desde Chávez y, cómo no, los Castro. Es cierto que, en todos estos casos, hemos podido observar un enfrentamiento entre guerrilleros izquierdistas, los conservadores apoyados por el Ejército (en Venezuela, no sabemos todavía de qué lado se inclina este último) y alguna intervención extranjera, de Rusia y Estados Unidos, y a veces de los Estados vecinos. Pero el verdadero modelo español, más positivo, es la transición democrática entre 1976 y 1978, querida y minuciosamente preparada por Franco.

Esta transición de un régimen autoritario que se transforma desde el interior, sin violencia, no tenía ningún antecedente histórico, pero se convirtió en un modelo que sería copiado en toda Latinoamérica, en Europa del Este y en Asia, Taiwán y Corea del Sur. Lo más importante de Franco fue, quizás, el posfranquismo. En cualquier caso, es el modelo que debería seguir Venezuela. Para seguirlo, hay que conocerlo. José María Aznar, muy activo en Venezuela, debería apoyarse en este precedente español.

Artículo en: http://www.almendron.com/tribuna/el-modelo-espanol-de-transicion/


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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