“La inmensa superioridad intelectual y moral de la derecha”, de Federico Jiménez Losantos, y “Sobre la dignidad y la muerte digna”, de Nicolás Jouve

( Viñeta de Idígoras en Sur el pasado día 23) (*)
LA INMENSA SUPERIORIDAD INTELECTUAL Y MORAL DE LA DERECHA
Artículo de Federico Jiménez Losantos publicado en Libertad Digital el pasado día 21
Nos adentramos en unos años convulsos en los que lo más importante va a a ser la convicción moral del derecho a la victoria. Lo que han hecho Cayetana Álvarez de Toledo e Inés Arrimadas por la derecha o el centro derecha en el agotador debate a muchos de RTVE sería impagable si los partidos «a la derecha de la izquierda» tuvieran por costumbre pagar sus deudas, por ejemplo a su electorado, o si, al menos, fueran mínimamente conscientes de lo que está en juego en España, que es bastante más que las Elecciones del domingo que viene. Nos adentramos en unos años convulsos en los que lo más importante va a a ser la convicción moral del derecho a la victoria, que es mucho más serio que un triunfo electoral con el que luego la Derecha no ha sabido nunca bien qué hacer. Ni C´s tras su triunfo en Cataluña ni el PP desde que empezó a irse Aznar, allá por el año 1999, cuando publiqué en La Ilustración Liberal «Viaje al centro de la nada». Y a la nada rajoyana fuimos, y ahí, en esas arenas movedizas, nos estamos hundiendo.
Una campaña de perdedores
El PP ha interiorizado y luego exteriorizado en esta campaña de forma suicida que la Derecha iba a perder. Por culpa de Vox, pero a perder. Y Ciudadanos, exactamente lo mismo, pero aún peor, con Valls y otros adjuntos desmintiendo con su discurso la razón inapelable de los hechos en Andalucía, que son el mejor argumento para no votar a la Izquierda. La «Alerta antifascista» del empleado más antiguo del régimen genocida venezolano podría haberse trocado en la exhibición de cómo los quirófanos ya operan por las tardes y los fines de semana, desde que la derecha plural, que eso son PP, C´s y Vox, o las fuerzas nacionales, que eso son también, llegaron al Poder. Pero la rutina electorera ha podido con la evidencia de la excepcionalidad. Y las campañas de Casado y Rivera han competido en previsible bobaliconería No sé qué es peor si el «¡Vamos!» (¿Adónde?) o el «Valor seguro», que Invita a poner encima dos fotos: la de Rajoy y, al lado, la de Maroto, el perrito del cristal trasero que lleva Casado en su 600, junto al torerito de plástico Illana para ponerlo sobre el televisor.
Pero hasta en eso estaba demostrando la Izquierda que puede ser peor que la Derecha (¡»Haz que pase»!) cuando llegó la constatación apabullante de que en España hay una criminal máquina de Poder, que es la Izquierda, y un discurso político, que es el de la derecha o las derechas o el centro derecha o los centros o como les dé su acomplejada gana llamarse, para evitar el crimen de lesa patria que se apresta a cometer la Izquierda. Nadie que haya visto siquiera media hora de ese follón en línea con el fatuo presentador al bies puede abrigar la menor duda de que la superioridad intelectual y moral de la derecha sobre la Izquierda es inmensa. Cayetana e Inés no difirieron mucho -en realidad, no difirieron en casi nada, e hicieron bien- en sus argumentos, pero la forma de exponerlos, distinta pero contundente fue tan arrasadora que sólo los televidentes lerdos muy lerdos podrían discutir quién ganó el debate. Cometieron un error: que fue dejar escapar sin una crítica a Irene Montero, que sentó plaza de necedad y salió indemne, como si no hubiera dicho nada. A cambio, Marisú no salió. Se la llevaron las mulillas entre los silbidos del respetable. Digo que se equivocaron porque si los escaños que pierde el PSOE se los lleva Podemos, no hemos ganado nada.
Las leyes de Izquierdas que tragan las Derechas
No es que yo dude de que los argumentos de la Derecha suelen ser siempre mejores que los de la Izquierda, pero en España los que no votan, de hecho odian, a la odiosa Izquierda de Falconetti y el marqués de Galapagar necesitan ver que los suyos son infinitamente mejores que los otros. Y ello porque toda la política del PP y Ciudadanos -véase la Viogen, la Memoria Histórica y el asalto a la tumba de Franco- ha sido de acomplejinamiento ante la Izquierda en todo, salvo en la Economía, y no siempre. Esa es la raíz de sus derrotas incluso cuando gana elecciones: que no cree que sus valores lo son y los de la Izquierda, no, que son la negación de cualquier valor moral. Y si no se sale al campo convencido de que se puede ganar, salvo por incomparecencia o fallo del adversario, lo normal es perder por goleada. Ideológicamente, no hay más que ver la situación terrorífica de los medios de comunicación audiovisuales, en manos de la extrema izquierda: porque el PP ha querido y Ciudadanos no lo ha discutido, porque en materia mediática son igual o peor que el PP.
Pero todo parte de la asunción de una inferioridad moral e intelectual. Si te crees inferior no quieres que eso se vea en los telediarios. Si te crees superior, sí. Iglesias, cuando iba a asaltar los cielos y no a vallar su finca, dijo que prefería un telediario a un ministerio. Y tenía razón. ¿Cuándo ha defendido el PP un telediario, es decir, un equipo que lo hace y presenta, con la libertad normal en la Derecha, que es o debe ser superior a la de la Izquierda, siquiera por tener más argumentos? Nunca. ¿Y el PSOE? Siempre. Cuarenta años así nos han traído a la situación actual: que los partidos de Cayetana e Inés estén esperando el fallo televisivo de Falconetti y atacando a Vox porque les quita votos, que les da igual, y escaños, que sí les da. ¡Pues ganádselos! ¡Ah, esa ideología de registrador de la propiedad! ¡Si ni siquiera es vuestra!
No me extenderé en los méritos de las dos candidatas por Barcelona en ese debate, que casi fue un concurso de dardos, con Marisú de acribillado blanco turbio. Pero había que verlo y preguntarse ¿Y cree la Derecha que es peor que la Izquierda? Pues sí, hasta ahora, sí. Lo que ha cambiado es la liquidación de España, y ahí es cuando ha saltado la Nación como un resorte. Y ahí estaba, dándole más que a una estera a los que quieren destruir la legalidad…. porque antes les dejaron destruir la legitimidad. ¿Cómo se llegó, si no, al Prusés?
Vox es una ayuda, no un obstáculo
Eso ha cambiado, y como eso, debería cambiar todo. Empezando por apreciar lo que, sin Vox, no estaría en discusión. Las leyes sexistas, historicistas o guerracivilistas de la Izquierda siguen siendo asumidas oficialmente por el PP y C´s. No por sus votantes. Y en ellas no creen ni Casado ni Rivera. También deberían empezar a creer que, como en Andalucía, con Vox sí se puede sumar. Basta con que quede por delante de Podemos en las provincias de pocos escaños. Y, en todo caso, el domingo que viene habrá una batalla. Importante, pero no decisiva. La guerra, que es la de la independencia nacional frente al separatismo aceitoso e icetoso, durará unos cuantos años. Y si la derecha, las derechas o los centros se convencen de que deben ganar, ganarán. Los españoles no nos vamos a rendir, sea cual sea el resultado. A ver si los políticos están a la altura. En la tele y en la calle. Y, sobre todo, en su interior. Ahí es donde siempre ha fallado la Derecha. Ahí es donde debe empezar a resurgir.
Artículo en: http://www.libertaddigital.com/opinion/federico-jimenez-losantos/la-inmensa-superioridad-intelectual-y-moral-de-la-derecha-87686/
SOBRE LA DIGNIDAD Y LA MUERTE DIGNA
Artículo de Nicolás Jouve publicado en Actuall el pasado día 9
El grado de cinismo alcanza cotas insuperables al llamar a la eutanasia o al suicidio asistido “muerte digna”. Si una persona está sufriendo, física y/o emocionalmente, lo que habrá que hacer es paliar esos sufrimientos, en lugar de despacharla con un brebaje mortífero.
El acompañamiento es una parte fundamental de los cuidados paliativos
El suicidio asistido de María José Carrasco ha conmovido a la opinión pública en los últimos días. A pesar del consentimiento mutuo del matrimonio y de todos los elementos emotivos del caso, que ya un juez determinará si constituyen elementos eximentes, sorprende la forma, la grabación en directo, la difusión inmediata en medios de comunicación y sobre todo, el escenario y la soledad de la pareja lejos de un ambiente médico. Por ello, conviene aclarar si hechos como este se pueden calificar de muerte digna.
Se entiende por dignidad el valor inherente de todo ser humano por el mero hecho de serlo, por su condición de persona, con sus características y condiciones particulares, simplemente por tratarse de un ser humano. No se trata de una cualidad que se otorga, sino que se reconoce. La dignidad es consustancial al ser humano. No depende de ningún tipo de condicionamiento ni de diferencias étnicas, de sexo, de condición social, ni de salud física o psíquica. La dignidad no debe confundirse con la calidad de vida.
Si no tenemos claro que significa el término dignidad cometeremos el error de creer que hay personas que son más dignas de vivir que otras, incluso que algunas personas no son dignas de vivir… lo que nos llevará a justificar no solo la eutanasia, sino lo que ocurrió en la Alemania de los años treinta. No creo que matar en una cámara de gas sea lo que eufemísticamente algunos califican como “muerte digna”.
Aparte de las razones morales o éticas, tan solo desde la perspectiva biológica, el ser humano tiene unas características extraordinarias y específicamente humanas que le hacen merecedor de la dignidad. Una persona no es un animal, ni una cosa, ni un objeto de usar y tirar. La vida es el principal y primero de todos los derechos humanos y nadie tiene derecho ni sobre su vida ni sobre la de los demás.
La dignidad alcanza por igual a toda vida humana, al margen del momento del ciclo biológico, coeficiente intelectual, cultural, etnia o cualquiera otra circunstancia física o mental
Un argumento unido a la dignidad que constituye un principio sobre el que la humanidad ha estado luchando durante siglos, es el de la “igualdad”. El reconocimiento de la dignidad de los demás conlleva la aceptación del principio de igualdad de todos los hombres. La dignidad es fundamental en todas las grandes declaraciones sobre los derechos humanos, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, el Convenio de Oviedo para la protección de los Derechos Humanos y la Dignidad del Ser Humano con respecto a las aplicaciones de la Biología y la Medicina de 1997, la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos, de la UNESCO de 1997, los códigos deontológicos sobre la ética en la práctica de la Medicina, etc., etc.
Dicho lo anterior, es obvio que la dignidad alcanza por igual a toda vida humana, al margen del momento del ciclo biológico, coeficiente intelectual, cultural, etnia o cualquiera otra circunstancia física o mental que afecte a las personas. Como decía la Dra. María Dolores Vila-Coro: «un individuo no es persona porque se manifiesten sus capacidades, sino al contrario, éstas se manifiestan porque es persona».
En Biología diríamos, que un individuo no es un ser humano porque se manifiesten sus rasgos humanos, sino que estos se manifiestan por tener ADN humano. Por ello, se ha de reconocer con los mismos derechos y la misma dignidad a todo individuo desde que se constituye la información de la que dependen las características biológicas propias de los seres humanos. Esto incluye desde la etapa embrionaria a la adulta, independientemente de si se han desarrollado todas o parte de sus capacidades, o de si está dormido, temporalmente inconsciente, en estado de coma, etc.
En las sociedades postmodernas actuales se imponen las soluciones fáciles. Siempre será más fácil eludir un problema que afrontarlo
A pesar de esto, hay quien cuestiona el calificativo de persona a los embriones, los fetos, las personas con deficiencias mentales o a los discapacitados. En determinados sectores políticos imbuidos por estas ideas, se trata de medir a las personas en función de unos parámetros meramente físicos o mentales, y se confunde la “calidad de vida” con la dignidad. Si se piensa así, es fácil llegar al disparate de pensar que alguien ya no merece seguir viviendo y como consecuencia legislar para acabar con él. ¿Es eso la muerte digna?
Si no se reconoce el mismo valor, la misma dignidad, a todas las personas surge la ley del más fuerte y se podrá terminar como en la Alemania de los años treinta. Piénsese esto antes de dar el primer paso, porque, una vez dado, se seguirá una pendiente deslizante de difícil retorno, como ha ocurrido en Holanda, donde en 2002 se aprobó una ley de despenalización de la eutanasia y tras sucesivas reformas, siempre para hacerla más extensiva, ya están en la aplicación de una ecuación para medir la calidad de vida de los recién nacidos y en función de ello aplicar una eutanasia neonatal.
Lo que está ocurriendo es que en las sociedades postmodernas actuales se imponen las soluciones fáciles. Siempre será más fácil eludir un problema que afrontarlo. Siempre será más fácil implementar un pretendido derecho a morir que considerar la obligación de curar. Siempre será más fácil, y por supuesto más barato, eliminar a un enfermo terminal que tratar de aliviar su sufrimiento o procurar su bienestar hasta que la muerte suceda de forma natural. Siempre será más fácil la eutanasia que los cuidados paliativos.
El grado de cinismo alcanza cotas insuperables al llamar a la eutanasia o al suicidio asistido “muerte digna”. La muerte no admite calificativos, es algo natural que nos alcanzará a todos. No se puede calificar de muerte digna a una muerte provocada. Si una persona está sufriendo, física y/o emocionalmente, lo que habrá que hacer es paliar esos sufrimientos, en lugar de despacharla con un brebaje mortífero o de retirarle los cuidados mínimos para que se extinga lo que le quede de vida.
No se comprende que se traten de implantar leyes como la de la eutanasia, contraria a la dignidad, sin antes haber desarrollado adecuadamente los servicios paliativos
En España, según datos de la Asociación Española de lucha Contra el Cáncer (AECC), existe un déficit enorme en la calidad, cantidad y disponibilidad de los recursos a los que tienen acceso los pacientes y sus familiares en la fase de enfermedad avanzada. Aproximadamente el 50% de los pacientes no tiene acceso a este tipo de atención cuando les es precisa. Parece mentira que esto esté pasando en la sanidad pública española, considerada una de las mejores del mundo. Téngase en cuenta que una asistencia paliativa temprana reduce las hospitalizaciones innecesarias y el uso de los servicios de salud.
Téngase también en cuenta que no es lo mismo cuidados paliativos que obstinación terapéutica. Cuando hablamos de cuidados paliativos no estamos hablando de mantener de forma artificial y a toda costa la vida de un paciente, sino de no renunciar a los medios mínimos necesarios para mantenerle hasta que la muerte suceda de forma natural, acorde con su dignidad y al mismo tiempo aliviar los dolores. Se trata de valorar los medios terapéuticos proporcionados a las dolencias del paciente para hacer posible lo que señala el Código de y Deontología Médica de la Organización Médica Colegial Española: “El médico tiene el deber de intentar la curación o mejoría del paciente siempre que sea posible. Y cuando ya no lo sea, permanece su obligación de aplicar las medidas adecuadas para conseguir el bienestar del enfermo, aun cuando de ello pudiera derivarse, a pesar de su correcto uso, un acortamiento de la vida”.
En 2017, de acuerdo con un análisis de la situación, la Organización Médica Mundial señaló que los Cuidados Paliativos constituyen un elemento fundamental de los servicios sanitarios integrados y centrados en la persona, en todos sus niveles de atención, el físico, el psicológico, el social y el espiritual. Es en esto en lo que hay que incidir, y es esto lo que sabe hacer un buen médico especialista en paliativos. No se comprende que se traten de implantar leyes como la de la eutanasia, contraria a la dignidad, sin antes haber desarrollado adecuadamente los servicios paliativos. Hay que evitar el sufrimiento a las personas y sus familiares. Hay que evitar que sucedan casos como el de Ángel Hernández y María José Carrasco, que tuvieron que convertir su casa en un improvisado hospitalillo para, solos y tras años de sufrimiento, adoptar la menos digna de las soluciones, el suicidio asistido.
Artículo en: http://www.actuall.com/criterio/vida/sobre-la-dignidad-y-la-muerte-digna/
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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