Para que lo trabajara y custodiase. 20. Avenales

Por Carlos de Bustamante

( Avena granada) (*)

Ya dije a mis amigos y probables únicos lectores, que el terreno de la Dehesa de Peñalba la Verde era, en general, de contextura franco-arenosa. Ése `en general´, quiere decir, que había variedad. La que va del arenoso sin paliativos, al limoso o moderadamente arcilloso de fertilidad extrema. Tanto como de mínima la tienen los arenosos. Todos, sin embargo, tenían alguna utilidad: desde los más exigentes cultivos a los de exigencias mínimas. Como ya dejé constancia en los “mil y un” artículos con que les vengo atormentando, los mejores majuelos de estos pagos se daban como los hongos en las arideces de los arenosos. Pero nada les dije sobre que no era ésa sola la utilidad de estos terrenos.

Así como cachos pobres, hay también cultivos que, poco exigentes, pueden adaptarse a ellos si no “divinamente” al menos de forma aceptable. Y de pobres, ¡nada! Me refiero al cereal avena. Verdad es, que “in illo témpore”, fue poco menos que despreciable. Pero como los tiempos cambian que es una barbaridad, el porvenir de la avena diría y dicen, que puede competir e incluso superar en porvenir incluso al cereal rey por antonomasia que es el trigo.

Al decir de los nutricionistas, La avena es un cereal muy completo y equilibrado. Junto a los carbohidratos y la fibra, aporta más proteína, grasa y minerales que otros cereales. Te aporta, por ejemplo, muy buenas cantidades de magnesio, cobre, hierro, cinc y vitamina B1, así como pequeñas dosis de calcio, ácido fólico y otras vitaminas del grupo B.

Ergo, insisto, de pobre… ¡nada! Lástima no haberlo sabido antes, porque si se da aceptablemente bien en los arenales, el rendimiento en los limosos hubiera sido del ciento por uno. Más rentable que otros por exigir menores gastos y ser fortísima la demanda actual; y alto precio, por consiguiente.

Dicho cuanto antecede, y si me acompañan, nos vamos al avenal.
Aunque sólo cayeron “cuatro aguarradillas” de otoño, bastaron y sobraron para que el oblongo grano de avena germinase “divinamente”. Tallos tan alargados -esmirriados diría mejor- como la madre, se abrieron paso con facilidad en la arena ligeramente humedecida.

En cada visita al avenal de absoluto secano, el amo de turno no cejó en meditar la belleza que encierran lo diferentes cultivos obra del mismo Creador -Dios de los cristianos-, para servicio del hombre. El avenal en este caso, pasado el período de en hierba, mostraba con el verdor de las plantas altiriconas, los granos, aún sin cerner, colgados del tallo surgido del arenal con desarrollo increíble. Pendientes de dama elegante enjoyada con preciosas esmeraldas con brillos que el rocío de la mañana, convierte en destellos de caleidoscopio.

Meditó despacio lo bien que le cuadraba al avenal algunas estrofas del “himno a los tres jóvenes”:

Bendecid al Señor, toda la lluvia y el rocío:
todos los vientos, bendecid al Señor.
Bendecid al Señor, el fuego y el calor:
frío y calor, bendecid al Señor.
Bendecid al Señor, rocíos y escarchas:
hielo y frío, bendecid al Señor.

Y es, que mentira la parecía que con la brisa meciendo el avenal no oyera el tintinear de campanillas doradas por el calor veraniego que se balanceaban suspendidas del tallo de cada planta de avena. ¡Cómo, pues, no bendecir al Señor!

Como por entonces la avena no había adquirido la fama por las cualidades que hoy tiene para el consumo humano en pan, copos etc., en principio no fueron muchas las veces que, pese a lo dicho en un momento de exaltación campera, visitó el arenal donde los esmirriados granos oblongos prosiguieron el proceso de maduración que les fue impuesto sin saber cómo ni por qué. Pero cuando en el silencio de un ocaso del día espléndido, “contaba las estrellas”, hizo despacio el examen de la jornada. Se le “vinon entonces a las mientes” la sencillez del avenal en comparanza de la esplendidez de otros “ceriales”. Recordó algunas sentencias del santo de lo ordinario-San Josearía Escrivá- que le removieron porque algo tiene que ver con la por entonces poca importancia de la rústica avena:

“Echa lejos de ti esa desesperanza, que te produce el conocimiento de tu miseria. Es verdad: por tu prestigio económico eres un cero…, por tu prestigio social otro cero…, y otro por tus virtudes, y otro por tu talento… pero, a la derecha de esas negaciones está Cristo… y ¡qué cifra inconmensurable resulta!” Con esta consideración, hizo propia la pequeñez de su persona, como había juzgado la nimiedad parecida de la avena en el cacho de Carraprao. Y enseguida otra consideración:

“No juzgues por la pequeñez de los comienzos: una vez me hicieron notar que no se distinguen por el tamaño las simientes que darán hierbas anuales de las que van a producir árboles centenarios.

No me olvides que en la tierra todo lo grande ha comenzado siendo pequeño. —Lo que nace grande es monstruoso y muere”.

Me perdonará mi amigo foramontano Javier, si descaradamente hice plagio sacando como él “mi alma a pasear”. Como no finalizan aquí los cultivos sobre los que seguir la serie, nos vemos, si Dios es servido. ¡Ah…! Y consuman avena que su alto contenido en fibra es bueníiiisimo.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://live.staticflickr.com/7845/47579669631_ec3cfb3cb9.jpg

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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