Por Javier Pardo de Santayana
( Acuarela de Antonio Sanchís Cortés en amantesdelaacuarela.blogspot.com )
Siguiendo mis disquisiciones sobre la poesía, siempre en relación con su prima hermana la música, señalaré que en el proceso de evolución de ambas hay algo que caracteriza a la segunda hasta elevarla ya definitivamente sobre la primera. Me refiero al hecho de que la música es capaz de no depender de la palabra para causar su despegue y volar sola, y en ese vuelo pierde su dualidad y se convierte en expresión de sentimientos inefables: una materialización sonora del espíritu que no dependerá de la palabra – bastante más explícita que ella – para definir las sensaciones o los sentimientos. Y esto la permite transportarnos a realidades que superan nuestra capacidad de sentir y comprender permitiéndonos viajar el interior de nosotros mismos, por lo cual el placer que sentimos al oírla es como de descubrimiento; una expresión del alma que ignorábamos.
Pero una vez hechas estas aclaraciones sobre las diferentes rutas del sonido, volvamos otra vez a la tensión poética, que nos dejamos atrás habiendo sufrido en el camino muchos cambios; primero en el sentido de su disfrute como expresión del propio ser humano, lo que llevaría su aprendizaje a las escuelas. Y ahí el rey sería el soneto: aquel que “mandaría hacer Violante” y en cuya construcción también me empeñaría:
SONETO IMPROVISADO
¿Puede haber un poeta sin soneto?
No pasará esta noche sin que intente
escribir uno al menos. Solamente
serán catorce versos. Lo prometo.
No pretendo escribir un mamotreto.
Tampoco presumir de inteligente
delante del lector o de otra gente.
Sólo cumplir el rito. Este es mi objeto.
No veréis una estrofa complicada;
respetaré la métrica obligada
por evitar la nota discordante.
Y lo terminaré como si nada,
sin darle la importancia acostumbrada
ya que hacerlo fue cosa de un instante.
Pero esto fue un ejercicio de destreza justificado por su precedente. Luego he escrito algunos otros, como éste dirigido al Harmattan, viento de Ghana que llega al Golfo de Bengala procedente del lejano desierto:
HARMATTAN
Cruzando como el águila la selva y la sabana
con el sutil celaje que le cedió el desierto,
Harmattan ha llegado por un camino incierto
hasta el feraz refugio de las costas de Ghana.
Quien con pecho encendido y el corazón abierto
emprendiera entre dunas su aventura africana
alcanza ahora la playa, y la ciudad y el huerto.
sin encender apenas la luz de la mañana.
Ya no sabrán las olas de su soplo inclemente
ni del fuego y la arena del cielo tropical.
Las besará a su paso muy suave, dulcemente
Y las traerá el aroma del pozo y de la fuente
y las dirá te quiero igual que antiguamente:
con el gentil desmayo de un príncipe oriental.
O este otro no exactamente ortodoxo imaginando Mozambique:
Mozambique sonoro de silencio y de luna,
de rugidos que hieren la paz de la sabana;
allá donde la mano de la diosa Fortuna
escondiera el secreto de la noche africana.
Cuando su nao buscaba sin esperanza alguna
el resplandor primero del sol de la mañana
tú ofreciste al marino la ensenada oportuna
y el refugio seguro de una patria lejana.
Ahora, que te veo surgir de entre la bruma
para esmaltar de ensueños mi mascarón de proa,
yo te imagino, amigo de la brisa y la espuma,
evocando saudades de Damâo y de Goa
y del soplo del viento salino que perfuma
los celajes azules del puerto de Lisboa.
De esos tiempos que llamaría clásicos – hasta que comenzara el desmontaje – tengo tantos ejemplos que no sabría por donde empezar. Sí que diré, no obstante, que siempre disfruté de la libertad más absoluta a la hora de embellecer la realidad con mi poesía.