Divagaciones de un bloguero octogenario

Por Javier Pardo de Santayana

(Israel Paez.  Ilustración 7 )

Sucedió hace un mes aproximadamente. Era un día en que tenía que publicarse uno de mis artículos y me llevé la gran sorpresa al buscar en el ordenador los “Tres Foramontanos”.

De entrada ya no vi la ilustración que nuestro editor tan acertadamente incluye y que da un toque de color y de interés a todo cuanto escribo. “No la habrá encontrado y aún andará buscándola” pensé hacia mis adentros. Pero eso no era todo: el texto estaba perfectamente registrado, mas con la particularidad de salir sin los puntos y aparte, es decir, todo seguido desde el inicio acostumbrado. Eso sí: tan sólo hasta llegar a cierto punto; exactamente hasta aquel en que nos dan habitualmente la opción de seguir para continuar hasta el final, pero con una diferencia: que ni siquiera aparecía la palabra oportuna que nos instaba a hacerlo.

Probé entonces buscar el texto entrando en el blog, o sea paso a paso, por una vía más lenta en vez de por la más directa, y pude ver que todo había cambiado en algo que se me hace difícil precisar, así que me vería obligado a resignarme. Me pareció, sin embargo, que aparecían algunas frases en inglés que antes no había. También siguió mostrándose – como fue frecuente ver en días anteriores – una molesta banda azul contándome una historia sobre la al parecer inevitable aparición de “cookies”, pero sin darme otra opción que la de aceptarlos simplemente. Así que nunca dije “acepto”, sino que sencillamente lo ignoré. Y no sé si ésta sería la razón para el desbarajuste, pues la situación al día de hoy sigue siendo la misma.

Buena ocasión, por tanto, para preguntarse sí el cambio observado, que de seguro tendrá su explicación, importa. Digo esto porque a fuer de realista he de admitir que desconozco si alguien llega a leerme alguna vez – más allá de mis colegas del blog – teniendo en cuenta que carecemos de estadística de asiduos o de simples lectores si es que existen. Y conste que poco me importa que sean pocos o muchos quienes diariamente o bien de tarde en tarde se acercan a estas líneas, pues mi intención siempre fue acudir simplemente a la llamada de un amigo para cumplir airosamente con él y con su compañero de fatigas, que también forma ya parte de mi vida.

Pero esta ausencia de datos sobre los lectores es algo que ya se planteó en su día y que, de verdad, poco me importa. Ya tengo, como ustedes saben, un lector improbable que ni siquiera será de mi familia. Y del futuro soy consciente de haber escrito tanto hasta este punto que puede justificar cumplidamente la destrucción de mis papeles, pues nada hay tan bueno y saludable en cualquier hogar organizado como hacer sitio a la ropa de invierno o de verano y olvidar un pasado que ya no nos importa y que a veces puede ser hasta molesto.

Dirán ustedes – perdón, usted, improbable lector mío – que la mencionada situación de lo que muestra mi Internet al intentar encontrar a los Foramontanos responderá probablemente a circunstancias nuevas o transitorias, y que lo más probable será que todo tenga alguna explicación plausible. Que este desbarajuste se deberá probablemente a un cambio más de los que son frecuentes en este ambiente actual de desmadrado avance tecnológico. Pero como este foro nos demanda cierta espontaneidad en la expresión de nuestro pensamiento, no dudo en adelantar mis impresiones, que son precisamente éstas.

Sí; en efecto, así es la vida, y más cuando uno ya se acerca a los noventa: cuando uno cree seguir estando en el lugar de siempre, con la ilusión de siempre, y formando parte de un mundo en el que aún le corresponde algún papel que hacer. Pero cuando también debe reconocer que empieza a estar sobrando; que pronto será tan sólo un nombre conocido en la familia o una fotografía que reconocerán algunos deudos, ya que su mundo no le importará a nadie casi nada. Que en esos múltiples teléfonos, ordenadores y tabletas de los jóvenes poco sentido tendrán nuestras palabras.

 

Nota del editor: Efectivamente, el blog -y todos los de Periodista Digital- ha sufrido cambios, de lo que informé puntualmente a los blogeros, aunque parece algunos de mis mensajes se quedó Javier sin leer, porque su ordenador los colocó en spam. El formato es ahora distinto, y unas cosas las echaremos de menos –por ejemplo él magnífico buscador que cualquier lector podía usar- y otras nos gustarán más, como por ejemplo que ahora ya sí tiene este editor la herramienta a que se refiere Javier cuando habla de “estadística de asiduos o de simples lectores” de nuestro blog, aunque todavía tengo que aprender a manejarla. En fin, esperemos que sean más los aspectos positivos del cambio que los negativos.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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