La muerte no es el final

Por Carlos de Bustamante

 

(Carmen)

Aunque particularmente mis amigos sepan la letra y música de esta bellísima canción, la transcribo íntegra para recuerdo de muchos y conocimiento de alguno. Se lo he dicho a mis más íntimos, entre ellos, claro, a la que fue mi esposa durante 63 años: cuando muera, quiero que me canten este himno a modo de responso. Lo mismo quiso mi Carmen:  por el atolondramiento natural no lo dije en la misa- funeral.  Por la noche de ese mismo día, mi queridísima Carmen sé que allá en las alturas, seguro, que lo escuchó `rezado´ de quien, perdida la voz, sólo pudo hacerlo in mente.

Si bien es cierto que la muerte del ser más querido produce un dolor inmenso, no lo es menos que para el creyente ese mismo dolor revierte en una esperanza tristemente alegre.  Sabemos que la muerte no es el final. Que cuando este tiempo tan breve que es el final del camino en la tierra, `nuestro destino es vivir, siendo felices Contigo, sin padecer ni morir´.  Fidelísima hija de San Josemaría en el Opus Dei, una y cien veces, meditó -hizo oración- con estas palabras bellísimas y las esperanzadoras de `nuestro padre´: “El cielo: ni ojo alguno vio, ni oreja oyó, ni pasaron a hombre por pensamiento las cosas que tiene Dios preparadas para aquellos que le aman”. “¿No te empujan a luchar esas revelaciones del apóstol?”.

“Hazlo todo con desinterés, por puro Amor, como si no hubiera premio ni castigo. —Pero fomenta en tu corazón la gloriosa esperanza del cielo”.

“Si el Amor, aun el amor humano, da tantos consuelos aquí, ¿qué será el Amor en el cielo?”.

“Si alguna vez te intranquiliza el pensamiento de nuestra hermana la muerte, porque ¡te ves tan poca cosa!, anímate y considera: ¿qué será ese Cielo que nos espera, cuando toda la hermosura y la grandeza, toda la felicidad y el Amor infinitos de Dios se viertan en el pobre vaso de barro que es la criatura humana, y la sacien eternamente, siempre con la novedad de una dicha nueva?”.

“Piensa qué grato es a Dios Nuestro Señor el incienso que en su honor se quema; piensa también en lo poco que valen las cosas de la tierra, que apenas empiezan ya se acaban…En cambio, un gran Amor te espera en el Cielo: sin traiciones, sin engaños: ¡todo el amor, toda la belleza, toda la grandeza, toda la ciencia…! Y sin empalago: te saciará sin saciar”.

“Un consejo, que os he repetido machaconamente: estad alegres, siempre alegres. Que estén tristes los que no se consideren hijos de Dios”.

“Cada vez estoy más persuadido: la felicidad del Cielo es para los que saben ser felices en la tierra”.

Consoladoras para el cristiano las palabras del Catecismo de la Iglesia Católica:

“Los que mueren en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados, viven para siempre con Cristo. Son para siempre semejantes a Dios, porque lo ven `tal cual es´.  No menos consoladoras son las palabras del Papa emérito Benedicto XII: DS 1000; cf. LG 49:

“Definimos con la autoridad apostólica: que, según la disposición general de Dios, las almas de todos los santos … y de todos los demás fieles muertos después de recibir el bautismo de Cristo en los que no había nada que purificar cuando murieron;… o en caso de que tuvieran o tengan algo que purificar, una vez que estén purificadas después de la muerte … aun antes de la reasunción de sus cuerpos y del juicio final, después de la Ascensión al cielo del Salvador, Jesucristo Nuestro Señor, estuvieron, están y estarán en el cielo, en el reino de los cielos y paraíso celestial con Cristo, admitidos en la compañía de los ángeles. Y después de la muerte y pasión de nuestro Señor Jesucristo vieron y ven la divina esencia con una visión intuitiva y cara a cara, sin mediación de ninguna criatura”.

Y continúa el `santo de lo ordinario´(san Josemaría):

“Esta vida perfecta con la Santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con Ella, con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama `el cielo´. El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha”.

Sí, pese a un dolor inmenso digo con fundamento sobrenatural que estoy tristemente alegre y con la también alegre esperanza de estar pronto a su lado. Donde Dios quiera. Como Dios quiera, cuando Dios quiera, y dada la edad y circunstancias, lo probable es que no tardando mi queridísima esposa me espera si, como ella hizo, `caminamos a tu lado, no va a faltarnos tu amor, porque muriendo vivimos vida más clara y mejor´. Aún sin conocer el himno, su vida aquí fue con este convencimiento: `Tú nos hiciste, tuyos somos, nuestro destino es vivir, siendo felices contigo, sin padecer ni morir… Porque muriendo vivimos vida más clara y mejor´. Himno que completo, reza así:

“Tú nos dijiste que la muerte

no es el final del camino,

que, aunque morimos no somos,

carne de un ciego destino.

 

Tú nos hiciste, tuyos somos,

nuestro destino es vivir,

siendo felices contigo,

sin padecer ni morir.

Siendo felices contigo,

sin padecer ni morir.

 

Cuando la pena nos alcanza

por un compañero (hermano…) perdido

cuando el adiós dolorido

busca en la Fe su esperanza.

 

En Tu palabra confiamos

con la certeza que Tú

ya le has devuelto a la vida,

ya le has llevado a la luz.

Ya le has devuelto a la vida,

ya le has llevado a la luz

 

Cuando, Señor, resucitaste,

todos vencimos contigo

nos regalaste la vida,

como en Betania al amigo.

 

Si caminamos a tu lado,

no va a faltarnos tu amor,

porque muriendo vivimos

vida más clara y mejor.

Porque muriendo vivimos

vida más clara y mejor”.

Cuantas veces lo escuché de viva voz a mis soldados en el acto de homenaje a los caídos por España, se me pusieron todos los pelos del cuerpo como escarpias.

Inevitable que, al meditar la letra a los pocos días del fallecimiento fulminante de mi queridísima esposa, pida insistentemente luces al Señor, para que aumente esa Fe que con emoción inmensa cantamos. Seguro de que mis amigos y probables únicos lectores me permitirán el íntimo desahogo.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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