Sobre el confinamiento

Por Javier Pardo de Santayana

(Viñeta de Puebla en ABC el pasado día 15)

Escribo estas deslavazadas líneas en plena reclusión y con una perspectiva indefinida, ya que el cambio de esta situación depende de determinados datos estadísticos y éstos a su vez de cómo se comporte un agente infeccioso microscópico cuyo comportamiento en el futuro no se conoce todavía.

Sí, señores, ahora estoy viviendo, como todos ustedes, una situación que carece de precedentes en la Historia, pues cualquier cosa parecida que pudiera haber sucedido en el pasado se habría producido en un entorno absolutamente diferente del actual. Para empezar, jamás la aparición de un virus no catalogado encontraría un mundo globalizado como el de ahora, ni la comunicación entre los seres humanos hubiera  topado con las facilidades que hoy permiten su contagio más o menos inmediato desde el foco  de su aparición hasta el lugar más alejado del planeta.

Así que los efectos de esta situación hasta ahora insólita están rompiendo todos los esquemas conocidos y configuran un inquietante panorama ante el cual el gran tinglado montado por los hombres – toda la organización que rige sus afanes diarios, todo el complejo entramado de relaciones, normas y costumbres que nos ocupan y nos preocupan tanto en lo fundamental como en lo cotidiano – queda de golpe diluido en la urgencia de un solo y único objetivo: parar primero el fulgurante avance del intruso y hacerlo desaparecer después si esto es posible. Cuantos mecanismos, matices y precisiones fueron elaborados por el ser humano para que nuestra sociedad funcionase como debe según criterios ya consolidados quedan así dinamitados.

Ante tan penoso panorama de poco vale la experiencia acumulada, así que nos hemos limitado a dar palos de ciego indiscriminadamente hasta llegar a la increíble situación en que nos encontramos actualmente. Una situación que en algunos aspectos afecta en todo y a todos incluso más que una contienda. Es decir, que se convierte en tal desbarajuste que sólo pensar en la tarea de recomposición que exigirá en su día resulta de por sí agobiante. Pero aún dejando para más adelante las consideraciones que sugiere el indudable esfuerzo que requerirá la vuelta a la normalidad de la nación entera, el simple hecho de tener que mantener durante varios meses cierta normalidad en un país parcelado en familias recluidas en sus casas y semidesconectadas unas de otras y unos servicios que deberán seguir funcionando razonablemente en un ambiente de trabas y dificultades, nos plantea un reto cuya superación ya está rozando lo imposible, sobre todo si tenemos en cuenta que quienes han de protegernos deben ser igualmente protegidos.

En esta situación de incertidumbres en cuanto a la posibilidad de que las soluciones adoptadas resulten sostenibles en un marco de tiempo cuya duración todavía está en el aire, nos planteamos muchas cuestiones esenciales que tienen que ver con nuestra propia resistencia psicológica en un ambiente en el que se vulneran cada día los principios habitualmente aplicados para el buen funcionamiento de una sociedad como la nuestra y más allá quizá de la que se puede permitir todo un sistema económico y político que ahora se encuentra sometido a tensiones no previstas de antemano.

Suele decirse que nada hay como el ejemplo. Y éste no va a faltar; esto es seguro. Así que por muy insoportables que nos sean las largas horas de confinamiento  en nuestras casas, cada uno de nosotros deberá sentir la obligación, no sólo de utilizar su inteligencia y su imaginación para idear la forma de aprovechar el tiempo en beneficio propio, sino también de contribuir a crear en su familia y en el ámbito al que llegue su influencia un ambiente lo más grato posible.

De aquí la importancia que concedo a quienes en tales circunstancias generan sugerencias que rebajan la tensión acumulada con el paso del tiempo por un confinamiento obligado “por decreto”. Ahí tienen ustedes esas válvulas de escape que algunos entusiastas nos sugieren, como los gestos de admiración y de ánimo para con quienes se están esforzando cada día en la atención a los enfermos, o quienes, ante la conveniencia de que nos sintamos unidos en el sacrificio exigible en estos casos, organizan entretenimientos compartidos desde los balcones que animen a sobrellevar con alegría las inevitables horas de obligado tedio. Todo antes que sumirse en la desesperación o la tristeza.

Curiosamente el confinamiento al que nos vemos abocados coincide con el tiempo de Cuaresma, es decir, con una ocasión pintiparada para que los cristianos hagamos un esfuerzo de introspección y penitencia buscando el silencio y el encuentro, y para ofrecer también a Dios nuestros pequeños o grandes sacrificios. Propongámonos, pues, aprovecharlo.

 

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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