Noticia verdadera, o quizás falsa

Por Javier Pardo de Santayana

(Estatua de Akenatón en el Museo Egipcio)

Todavía no he salido de mi asombro. En el whatsapp me llega una noticia que bien podría responder a uno de los más sorprendentes acontecimientos de los tiempos recientes. Y, sin embargo, no soy consciente de haberlo visto reflejado en los periódicos o en los telediarios. Y no habrá sido porque no me interesara, puesto que se trata de un asunto que ya me interesó desde muy joven. De aquellos tiempos queda en mi biblioteca un libro titulado “Dioses, tumbas y sabios”, cuya atención se centra en las antiguas civilizaciones clásicas.

Con un antecedente como éste mi improbable lector comprenderá mi sorpresa al recibir, por una de las redes sociales de alcance familiar que más frecuento, la noticia de que, en el curso de una  búsqueda de vestigios de la actividad humana en el entorno del mar Rojo durante las Edades de Piedra y de Bronce, se ha descubierto la existencia de una acumulación extraordinaria de restos humanos – unos 400 esqueletos amén de un par de carros de guerra y piezas de armadura, sumergidos en el fondo de las aguas. Pero no, como sería de esperar, de restos de embarcaciones, sino de personas que irían por tierra firme y sufrirían un deslizamiento de lodo, arcilla y rocas producido por una marejada Es decir, como si se tratara de un poderoso ejército que acabaría ahogado al intentar cruzar las aguas.

Dígame usted si no sería ésta una gran noticia habida cuenta de que es precisamente en esa zona de la geografía donde el Libro Sagrado sitúa la destrucción del ejército egipcio en el más que conocido episodio del éxodo del pueblo judío a la Tierra Prometida. Y no me diga, en cambio, que no es raro constatar la nula importancia concedida a este suceso, de ser cierto, en los noticiarios radiofónicos o televisivos. Tan es así que lo tendría por noticia falsa si no fuera por la abundancia de datos concretos e incluso de nombres conocidos que según la citada referencia fueron protagonistas del descubrimiento. Porque tenemos, por ejemplo, el nombre del promotor de las inmersiones que condujeron al hallazgo: el profesor Abdel Muhammed Gader apoyado por la Facultad de Arqueología de la Universidad de El Cairo. Y nos dicen que el hallazgo de más de 400 calaveras o esqueletos se produjo a un kilómetro y medio de distancia de la moderna localidad de Ras Gahrib ocupando un área de unos doscientos metros cuadrados. Y encontraremos una buena colección de fotos de unos restos que podrían llegar a 5000 dentro una zona más amplia. Por otra parte nos informan de que la fecha del suceso corresponde al siglo XIV antes de Cristo y al reinado del faraón Akhenaten.

Una aproximación relacionada con ésta noticia podría haber sido otra que leí años después de mis primeras lecturas al respecto. Se trataba también, por lo que ahora recuerdo, de otro descubrimiento parecido, realizado igualmente en inmersión, mas sólo referido a un par de carros de guerra y poco más en una zona costera del mar Rojo que parecía especialmente idónea pare cualquier intento de cruce al otro lado. Entonces también se especulaba como ahora con que los restos encontrados tuvieran que ver con el relato bíblico, pero lo encontrado entonces no resultaba tan contundente y aparentemente inexplicable como parece revelar ahora la impresionante colección de cráneos y esqueletos oscurecidos por el tiempo.

Supongo que a la vista de lo que les relato, también a usted se le planteará el dilema de si debe creer o no creer una noticia que, como ésta, por mucho que aparezca avalada por profusión de nombres y de datos concretos, no ha merecido que nosotros sepamos su confirmación mediática. Sólo el lío en que se encuentra la situación política y social a podría explicar un sinsentido que no merece siquiera un comentario si no es éste. Pues si, en efecto, se tratara de una falsa noticia, sería una constatación fehaciente del grado de inmersión actual en la mentira de una sociedad profundamente enferma que no rechaza la falsedad sino que la disfruta.

PS: Esta cuestión me dio lugar a recordar que una compañera mía del Instituto de Lisboa  se había casado, según pude saber años más tarde, con un egipcio director de un gran museo tal como pude comprobar hace tan sólo un año, cuando, al intentar saber de ella buscando en Google, éste me respondió mostrándome una esquela que además de reflejar la triste circunstancia de su muerte mencionaba el lugar – Egipto – y el  importante puesto de su viudo.

 

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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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