Por Carlos de Bustamante

(Experimentación con un mono)
He de suponer, amigos míos, que la pandemia del coronavirus en los vacunados con cualesquiera de las vacunas inventadas y por inventar tiene efectos imprevisibles, tanto por el bicho como por el `jarabe´ inyectado.
Efectos secundarios o primarios sobre la mente humana. En mi opinión de tal calibre, que mejor sería no llegar a cumplirse las previsiones de nuestro desgobierno de vacunar al 70% de españoles para agosto.
No, no, en absoluto soy negacionista, sino todo lo contrario. Eficacia total para otra terrible pandemia cerebral que parece haberse cebado precisamente en los especialistas en tejemanejes de laboratorio.
Aún recuerdo con terror cómo siendo muy niño vi en el cine una película de ciencia ficción adelantada a nuestros tiempos: la creación por un científico trastornado -pero científico- de una criatura monstruosa para soñar con pavorosas pesadillas: el horrible Frankenstein.
No, no, no es ése el efecto secundario. Es aún mucho peor. Los afectados tratan al parecer de crear un monstruo con fines, dicen, humanitarios…. Trasplantar sus órganos vitales para los humanos que los necesiten.
La creación no es por tanto de chatarra debidamente ensamblada y robotizada. Serían seres vivos de carne y hueso, producto de implantar, creo, células humanas y conjuntamente de mono en hembras `ad hoc´. Resultado previsible: un espécimen, digo, como los del planeta de los simios… ¿O no? Seres medio hombres medio monos, medio Frankenstein… ¿O no? Hombres-simios que será preciso sacrificar para extraer de ellos los órganos para hombres-hombres (o mujeres-mujeres, oigan).
Ítem digo, que entra en lo previsible que surja el negocio del maquiavélico invento de vender `para vida´ algún ser de éstos para fines diferentes al de donantes. Igualmente digo que no creo predecible qué genes serán dominantes en las nuevas criaturas.
Dejo correr la imaginación de las consecuencias del predominio de uno u otro (hombre o mono). Pesadilla para soñar y temblar. Un tren éste de altísima velocidad del que sin dudar digo, `pare usted que yo me bajo´.
Sea una u otra opción, el disparate está servido. Ya pueden buscar los científicos cuerdos -que alguno habrá, seguro- buscar el antídoto para la esquizofrenia de los posibles -según el `parte´ de ayer- afectados por la nueva pandemia surgida, ésta sí, de laboratorio. Ver para creer.
Resulta, amigos míos y probables únicos lectores, que ni Julio Verne ni Leonardo da Vinci andaban demasiado equivocados en sus inventos del futuro. Sin embargo, ni en sus mentes calenturientas pudieron imaginar un ser vivo mitad hombre, mitad mono. Tampoco los defensores de la teoría de la evolución pudieron imaginar que algún día la evolución fuera inversa. Difícil imaginar, pues, que del `erectus´ se retrocediera al primate. Pues héteme aquí que, si algún ser de éstos, macho y hembra, sobreviven al arriesgado fin de donantes de órganos, bien pudiera darse el referido retroceso evolutivo.
Y si esto ya es de por sí una inmoralidad contra natura con rechazo absoluto para quien respeta la vida humana en su totalidad, la creación de estos seres, además de peligrosa sería antropológicamente abominable.
Como también pudiera ser una broma de mal gusto inventada por alguien de dudoso equilibrio en sus mentes, me permito opinar que los santos inocentes ha mucho que pasaron. Y, sobre todo, que no den pistas, por si los aficionados al decretazo (ya saben…) tomasen nota y subvencionaran la genialidad con `cincuenta y tres´ o más millones de euros para investigar.
PS.: Es tal el disparate de lo referido, que no merece más amplitud de exposición. Mejor seguir con inofensivas églogas que en absoluto pueden herir la sensibilidad del lector más delicado.