Por Carlos de Bustamante

(Parcial de la acuarela de Paco Roldán, felicitación en las Navidades 2017)
Líbreme Dios de hacer política con el mensaje por Navidad que nos envía la presidenta de la comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso. Sin embargo, y en mi opinión, no debo silenciar que, oído o visto el mensaje, de Isabel Diaz Ayuso -firme puntal de su partido- me fío.
Como al mismo tiempo hay otro partido político, también en mi opinión, altamente fiable, la cordura impone una unión que sería imprescindible para un cambio de gobierno que, a toda costa (es decir el sillón monclovita), pretende la no ha mucho tiempo sabida consigna de persecución y exterminio del pueblo español de sus ancestrales raíces cristianas. Es decir, la del socialcomunismo.
Bien es verdad que al escrito que sigue le haría unas muy pequeñas correcciones por omisión de frases, o palabras dentro de ellas, contenidas en el mensaje emitido en vivo y en directo. Dicho lo cual, `no es menester alaballo pues él mismo se alaba´. Lean, por favor, si les pete:
“Dos mil años después seguimos celebrando este misterio de un Niño, que nació en Belén, en un pesebre, y al que llamaron el Mesías, el Salvador. ¿No es inverosímil que esto ocurra, año tras año?
De todos los rincones de la Tierra, y especialmente en Occidente, llegan deseos de Paz y de buena voluntad. ¿Por qué? Porque aquel Niño al que adoraron los pastores y los magos, y al que Herodes quiso matar, traía una enseñanza que nunca se había oído con tal fuerza, y que resonará hasta hoy: «La verdad os hará libres».
No es de extrañar entonces que el cristianismo fuera el germen de la Unión Europea, en la llamada “Cristiandad”; de la fundación de las universidades en el mundo; o de la empresa española en América, que fue, principalmente, una empresa cristiana, y por lo tanto de amor y hermandad: de mestizaje.
El mensaje cristiano, se tenga fe o no, impregna nuestra forma de vivir como personas y como sociedad: el cuidado de los enfermos, de los niños, de los pobres, la solidaridad de la pena y la alegría compartidas, el intentar que los presos se reinserten, la justicia, el perdón y la esperanza. Son aspiraciones que compartimos y nos unen, un horizonte al que aspiramos.
El premio de esta búsqueda de la Verdad, a través del amor, es la libertad. El mundo cristiano, occidental, siempre ha anhelado la libertad, aunque haya tenido caídas, o cometido errores; y ha sido escuela de libertad para el resto del mundo, incluso refugio y amparo de los que la habían perdido.
Por eso, esta tradición de cada año es mucho más que una simple tradición: la Navidad y el Belén ponen de manifiesto la actualidad de este compromiso con la verdad, la libertad y el amor, que debe guiar toda vida humana digna de tal nombre. Es nuestra Historia misma, la razón de nuestros esfuerzos de cada día, y el futuro al que aspiramos, con alegría y esperanza.
Os invitamos, en fin, a visitar el Belén de Sol, el Belén de Madrid, hasta el 9 de enero incluido”. Fdo.: Isabel Diaz Ayuso.