Voz del sur

Julio Frank Salgado

Plebiscito: Libertad de prensa para ganar desinformando

El mensaje distorsionado y apocalíptico de la derecha pinochetista contra la propuesta de nueva Constitución fue aceptado por poderosos medios afines, impactando en sectores populares que rechazaron finalmente, entre otros, numerosos derechos sociales.

Plebiscito: Libertad de prensa para ganar desinformando
Parte del articulado sobre el derecho a la comunicación social de la rechazada propuesta de nueva Constitución. chileconvencion.cl

Podía ser una jornada épica y algo de eso hubo. Miles de chilenos y chilenas, jóvenes, adultos y adultos mayores, de distintos sectores sociales, salieron a votar mayoritariamente el domingo 4 para echar abajo la primera propuesta de Constitución redactada en forma democrática, por sus propios pares, en la historia del país, y que consagraba inéditos avances en derechos humanos, sociales y de género, protección ambiental, descentralización administrativa territorial y muchos otros reconocidos internacionalmente.

Una decisión drástica y aparentemente incomprensible, pues no sólo mantiene en vigencia la Constitución reformada de una dictadura sino también devuelve el poder constituyente a la “clase” política responsable precisamente de la crisis actual, y exactamente lo contrario a lo votado dos años antes. Y aunque eso será materia de muchos análisis, ya hay algunos antecedentes acerca de la motivación de esos ciudadanos y ciudadanas en el reciente plebiscito de salida.

El Centro de Investigación Periodística (Ciper Chile) preguntó a 120 habitantes de doce comunas populares del Area Metropolitana de Santiago, sector social que se suponía el más fiel al “Apruebo”, para conocer por qué habían optado por el “Rechazo”. Las principales respuestas fueron que no serían ellos los propietarios de su vivienda sino el Estado, que la plurinacionalidad iba a dividir al país y que sus ahorros previsionales iban a ser “expropiados”.

Es el mismo mensaje transmitido liviana, inescrupulosa y sistemáticamente por convencionales de la minoría de derecha y reproducido sin mayor filtro periodístico a través de un amplio y hegemónico arco de medios de comunicación tradicionales -periódicos, televisión abierta y radioemisoras-, de línea editorial afín y permanentemente contraria a un proceso constituyente.

Poder anticonstituyente

En efecto, la campaña de la opción ganadora no se basó en argumentos porque no le era fácil obtenerlos siendo tan cercana a la Constitución de la dictadura y luego porque, como quedó demostrado, no los necesitaba para conseguir su objetivo. En contrario a la campaña rival, acogida principalmente por medios digitales independientes, contó con grandes recursos económicos y comunicacionales que le permitieron la propalación de referencias que resultaban falsas, pero impactantes, que alejaron a parte de la audiencia de la tarea de enterarse de un texto constituyente particularmente largo, con muchos temas distintos y, además, de acceso limitado en su versión formal, en papel, distribuida con dificultades por el gobierno debido a la rigurosidad fiscalizadora súbitamente extrema de la derecha.

Pese a reivindicar la libertad de expresión y de prensa, el poder fáctico en cuestión se mantuvo cerrado a informar sobre la demanda ciudadana por una asamblea constituyente y una nueva Constitución hasta que el estallido en las calles no le permitió alternativa y después arremetió contra la Convención elegida y su propuesta, para culminar con la abierta censura de actos con asistencia de miles y miles de partidarios del “Apruebo”.

Demasiado, considerando también que tal concentración mediática no tiene competencia en periódicos en papel, la televisora estatal (TVN) transmite programación comercial, una cadena de televisión privada (La Red) suprimió su programación política alternativa debido a una crisis económica y una solitaria radioemisora universitaria (de la Universidad de Chile) aparece lanzando una voz crítica. Y la red social Twitter, fundamental aquí para contrastar la fidelidad de la información o desinformación circulante, ha sufrido el matonesco martilleo de bots que la han copado con falsedades y alarmismo, llegando a exigir un “golpe de estado” ante un eventual triunfo del “Apruebo”. Miembros del Congreso de los Estados Unidos (con la experiencia de Trump) hicieron ver su preocupación en tal sentido incluyendo también a Facebook y TikTok.

Esa es la libertad de prensa -si fuera adecuado darle ese nombre todavía- que se ha permitido en Chile durante décadas, sin pluralismo ni fiscalización. Los organismos rectores del área han guardado silencio, carentes de una legislación específica a la que recurrir. Sólo el Tribunal de Etica del Colegio de Periodistas se pronunció públicamente instando a medios y periodistas a cumplir con la normativa profesional, pero su llamado no encontró eco dentro de una agenda dominada por los aludidos.

El resultado de tal estrategia -calificada como “brillante” por algunos analistas- saltó a la vista del país y el mundo ese primer domingo de septiembre: casi el 62 por ciento rechazó y sólo el 38 por ciento aprobó una completa propuesta de Constitución Política que establecía un Estado Social de Derecho, redactada por constituyentes elegidos y de mayoría independiente, y elogiada por numerosos constitucionalistas e instituciones especializadas, principalmente europeas. El trabajo de sólo doce meses de la Convención Constitucional incluía el derecho a la comunicación social en cuatro artículos, los que sucumbieron junto al resto del texto por decisión mayoritaria de los futuros beneficiarios.

La defensa de la propiedad individual y de la unidad nacional no compartida con lo indígena fue más fuerte.

Desmovilización social

No se trata de menospreciar el contundente pronunciamiento ciudadano y mucho menos de exagerar el poderío mediático, sino de preguntarse qué influencia hubiera tenido en el resultado del plebiscito una capacidad de cobertura informativa de tanta envergadura empleado siempre bajo la intocable libertad de prensa, pero estrictamente también sometido a los cánones de la función y la ética periodísticas. Estos exigen, como mínimo, aspirar a la mayor fidelidad posible en el tratamiento de los hechos ocurridos y ecuanimidad en la selección de los voceros de los mismos, con el simple propósito, en este caso, de promover el voto informado basado en un conocimiento al menos básico acerca de un texto constituyente, más aún si éste fue redactado democráticamente por primera vez en la historia del país.

Esta grave carencia de la democracia chilena no es nueva ni casual. Ya desde 1990, la triunfante Concertación, junto con iniciar una estrategia de desmovilización de las organizaciones sociales que le habían acompañado para derrotar plebiscitariamente a Pinochet dos años antes -y prevenir, en su modo de ver, una posible doble oposición al gobierno de Patricio Aylwin-, se negó a que las revistas “de trinchera” contra el dictador continuaran recibiendo ayuda internacional indispensable ante la falta de apoyo publicitario nacional y éstas tuvieron que cerrar. Así también, el director de Comunicaciones, Eugenio Tironi, declaró que la mejor política comunicacional era no tener política comunicacional. Más adelante, la asignatura de Educación Cívica fue sencillamente suprimida del currículo de Enseñanza Media y se determinó lo mismo para Filosofía.

Mientras una minoría concentraba la riqueza, la ciudadanía de a pie consumía y se endeudaba para poder prosperar en una economía de mercado y se limitaba a elegir autoridades políticas, junto con someterse a un informe televisivo centrado en sucesos policiales sin contexto social, espectáculos diversos y escándalos en distintos ámbitos. El duopolio, a su vez, le ha recordado día a día cuáles son las noticias que debe considerar importantes y los espacios periodísticos radiales le secundan en esa pauta.

Y hoy tenemos un resultado concreto y muy trascendente.

“No estoy bien informada y preferí rechazar”

Estas fueron algunas respuestas en favor del “Rechazo” captadas por el equipo profesional de Ciper Chile durante el citado sondeo en diversas comunas de la capital y publicadas en el sitio web respectivo. Indico los artículos del caso.

● Cerrillos: “En ninguna parte dice que la vivienda tiene que ser garantizada, propia” (Artículos 51 y 78).

● Estación Central: “Porque todos van a ser de Fonasa (repartición estatal de salud)” (Artículo 44).

● El Bosque: “Una vez que la persona falleciera sus bienes no eran heredables ni sus fondos de las AFP (administradoras privadas de previsión)” (Artículo 45).

● Independencia: “No entiendo de política, pero como el (Presidente) Boric estaba por el Apruebo, quise votar por el Rechazo”.

● La Cisterna: “Siempre (el gobierno o el sistema) va a favorecer a los de arriba no más y siempre nosotros quedamos donde mismo”.

● La Pintana: “No me gustó la educación que estaban poniendo, la educación municipal para todos” (Artículos 35 al 43).

● Maipú: “Yo creo que toda la gente que tenía herencia lo hizo por lo mismo”.

● Puente Alto: “No nos beneficiaba a nosotros, al pueblo, la gente que trabaja, era para ellos no más, los políticos de las tres comunas (más pudientes)”.

● Renca: “La gente se aburrió del populismo del Presidente, que prometió y prometió, y al final no hizo nada”.

● Recoleta: “No estoy bien informada y ante eso preferí Rechazo”.

● Quilicura: “Estoy apoyando al Presidente. Sin embargo, por mi tema cristiano no podía votar Apruebo” (probablemente la inclusión del aborto, artículo 61).

● San Bernardo: “Si bien se quería sacar la Constitución del 80, no entendía que metieran el tema de los pueblos originarios” (Artículos 1, 34 y otros).

Pensamiento popular

La derecha chilena, heredera del pinochetismo, está convencida o intenta hacer creer que eso es la democracia que necesitan los chilenos y chilenas, y que lo ocurrido el domingo 4 es uno de sus mayores triunfos. Sus dirigentes políticos se dieron el lujo de esconderse durante la campaña, explotar a personajes otrora de centroizquierda, desentenderse de la perversidad de sus bots afines y reaparecer ufanamente para exigir el premio, mientras sus aún aliados concertacionistas se limitan a proponerle un nuevo acuerdo constituyente y sólo la derrotada izquierda lamenta el grave retroceso.

El pensamiento político recorría los sectores populares chilenos en 1973 y sólo un golpe de estado pudo detenerlo. Hoy, en medio de una proclamada libertad de expresión y de prensa, publicaciones y señales tradicionales y aplicaciones digitales han contribuido a su distorsión y manipulación, hasta el punto de conseguir que muchas personas se pronuncien en contra de sí mismas.

Julio Frank Salgado

Más fuentes:

chvnoticias (una de las propias cadenas de TV)

interferencia

uar

ojodelmedio

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Autor

Julio Frank Salgado

Periodista y bloguero chileno. Reportero y editor en medios de comunicación escritos, radiales, televisivos y digitales. Activista digital por una Constitución democrática para Chile desde 2007. Autor de "Médicos en la Historia de Chile" (2005) e "Idolos de blanco" (2011). Año XVII en la blogosfera de PD.

Julio Frank Salgado

Periodista y bloguero chileno. Reportero y editor en medios de comunicación escritos, radiales, televisivos y digitales. Activista digital independiente por una Constitución democrática para Chile desde 2007. Autor de "Médicos en la Historia de Chile" (2005) e "Idolos de blanco" (2011). Año XVII en la blogosfera de PD.

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