El verano llega con el coche cargado, los kilómetros por delante y el precio del combustible en niveles que hace unos años habrían parecido imposibles. La gasolina y el gasóleo han encadenado subidas que vacían el depósito y el bolsillo al mismo tiempo, y las perspectivas no son precisamente tranquilizadoras.
El conflicto en Irán y el bloqueo americano del Estrecho de Ormuz han sacudido los mercados energéticos con una intensidad que los expertos no esperaban tan rápido. Si la situación se prolonga, si las negociaciones no producen un acuerdo antes del verano, los analistas advierten de nuevas subidas que pueden golpear especialmente en los meses de julio y agosto, cuando la demanda de combustible en Europa alcanza su pico estacional. Llenar el depósito puede costar este verano bastante más que la temporada pasada.
En ese contexto, conducir de forma más eficiente no es una cuestión de virtud ecológica. Es una cuestión de economía doméstica muy concreta.
Antes de salir: la preparación que ahorra litros
La presión de los neumáticos es el truco más barato y más ignorado del automovilismo español. Un neumático con presión baja aumenta la resistencia a la rodadura y el consumo puede subir entre un 3% y un 8% dependiendo del déficit de presión. Revisar los cuatro neumáticos antes de un viaje largo cuesta cero euros y puede ahorrar varios litros en un trayecto de 500 kilómetros.
El peso del coche importa más de lo que parece. Cada 100 kilogramos adicionales aumentan el consumo aproximadamente un 5% en ciudad y algo menos en carretera. El maletero lleno de cosas que no se van a necesitar en el viaje, la baca de techo que se deja montada todo el año aunque solo se use en invierno para esquiar, el remolque vacío que se arrastra por comodidad: todo eso tiene un precio en el surtidor.
La baca y el portaequipajes de techo merecen mención especial. Un portaequipajes vacío montado en el techo puede aumentar el consumo entre un 10% y un 15% a velocidad de autopista por el aumento de la resistencia aerodinámica. Si no se va a usar en el viaje, quitarlo antes de salir.
El aire acondicionado hay que encenderlo con criterio. A velocidades urbanas bajas el consumo adicional del climatizador puede ser muy significativo, hasta un litro cada 100 kilómetros en algunos vehículos. A velocidades de autopista la diferencia entre viajar con aire acondicionado y viajar con las ventanillas abiertas es menor porque la resistencia aerodinámica de las ventanillas abiertas compensa parte del ahorro.
En la carretera: la velocidad es el factor decisivo
La velocidad es el factor que más influye en el consumo, con diferencia. El consumo de combustible no aumenta linealmente con la velocidad sino de forma exponencial. Un coche que consume 6 litros cada 100 kilómetros a 110 km/h puede consumir 8 o más a 130 km/h. La diferencia entre ir a 120 y a 110 en autopista puede suponer entre un 10% y un 15% más de consumo, que en un viaje largo de verano se traduce en varios euros de diferencia en el surtidor.
Mantener una velocidad constante es más eficiente que acelerar y frenar continuamente. En autopista, el control de crucero ayuda a mantener esa constancia especialmente en tramos largos y llanos.
Anticipar la conducción es el hábito más eficiente y también el más difícil de adquirir. Levantar el pie del acelerador con tiempo suficiente antes de una curva, una rotonda o un semáforo en rojo, en lugar de mantener la velocidad hasta el último momento y frenar bruscamente, ahorra combustible de forma significativa. Los coches modernos con inyección electrónica cortan la inyección de combustible cuando se levanta el pie del acelerador en marcha: en ese momento el motor frena el coche sin gastar nada.
El uso de las marchas: mantener las marchas largas a bajas revoluciones, sin llegar a los tirones del motor pero sin tampoco mantener marchas cortas más de lo necesario. En gasolina, subir de marcha alrededor de las 2.000 rpm es generalmente eficiente. En diésel, alrededor de las 1.500-1.800 rpm.
En ciudad: los kilómetros más caros
La conducción urbana es donde el consumo dispara más por kilómetro recorrido. Los arranques frecuentes, los semáforos, el tráfico denso: todo eso multiplica el consumo respecto a la carretera.
El motor en ralentí consume sin avanzar. Si la parada va a ser de más de un minuto, apagar el motor. Los coches modernos con sistema start-stop lo hacen automáticamente pero en vehículos más antiguos hay que hacerlo manualmente.
El arranque en frío: los primeros kilómetros con el motor frío consumen significativamente más. No tiene sentido calentar el motor parado en el aparcamiento: es mejor arrancar y conducir suavemente los primeros kilómetros. El motor alcanza su temperatura óptima de funcionamiento más rápido circulando que parado.
Planificar la ruta antes de salir para evitar desvíos y atascos. En verano, en las ciudades costeras, los atascos de acceso a las playas pueden multiplicar el consumo de un trayecto por dos o por tres.
En el surtidor: dónde y cuándo repostar
Los precios varían de forma significativa entre gasolineras. Las de las autopistas y las de las zonas turísticas son sistemáticamente más caras. Las de los supermercados y las de las cooperativas suelen ser más baratas. Aplicaciones como Gasolineras España o la herramienta del Ministerio de Industria permiten comparar precios en tiempo real en cualquier zona.
Repostar por la mañana temprano, cuando el combustible está más frío y por tanto más denso, hace que se reciba ligeramente más cantidad por el mismo precio. La diferencia es pequeña pero existe.
No dejar que el depósito llegue a reserva sistemáticamente. Conducir con el depósito casi vacío no daña el motor en los coches modernos pero sí obliga a parar en la primera gasolinera disponible, que no siempre es la más barata.
Lo que puede pasar con el precio este verano
El precio del combustible en España depende de varios factores que este verano están especialmente cargados de incertidumbre. El precio del barril de Brent en los mercados internacionales, el tipo de cambio euro-dólar, los impuestos nacionales y los márgenes de las distribuidoras componen una ecuación que puede moverse en cualquier dirección.
El factor más imprevisible es el conflicto en Irán. Si el bloqueo del Estrecho de Ormuz se prolonga, si las negociaciones entre Washington y Teherán no producen un acuerdo antes del verano, la reducción del suministro global de crudo presionará los precios al alza en un momento en que la demanda estacional europea es máxima.
Los analistas de los principales bancos de inversión manejan escenarios en que el barril podría superar los 90 o incluso los 100 dólares en los meses de julio y agosto si la situación en Ormuz no se resuelve. Eso se traduciría en varios céntimos adicionales por litro en los surtidores españoles.
Ningún truco de conducción eficiente puede compensar completamente una subida de ese calibre. Pero la combinación de velocidad moderada, neumáticos bien inflados, coche aligerado y conducción anticipada puede reducir el consumo entre un 15% y un 25% respecto a una conducción descuidada.
En un verano en que llenar el depósito puede costar 80 o 90 euros, ese ahorro se nota.